Roberto Chirino, un campesino, sembrador de futuro
En la CPA Julio Casales, del municipio de Quemado de Guines, entre surcos que respiran vida, se encuentra Roberto Chirino, campesino que ha hecho de la tierra su mejor compañera. Su jornada comienza con el sol y termina con la certeza de que cada semilla sembrada es también un sueño compartido.
Roberto no cultiva solo alimentos: cultiva esperanza. En más de seis hectáreas que contempla los módulos FRUAGR y SILSOM que están vinculados a el Proyecto IRES, su labor se convierte en ejemplo de cómo el amor a la tierra puede fundirse con el amor al entorno. Allí, donde los árboles protegen el suelo y los pastos alimentan al ganado, él demuestra que producir es también cuidar, que sembrar es también proteger.
Su mirada refleja orgullo cuando habla de la comunidad. “Sembrar es cuidar lo que nos rodea”, dice, y en esas palabras se resume su filosofía: la agricultura no es un acto aislado, es un compromiso con la vida, con la naturaleza y con quienes vendrán después . Muestra de ello es la utilización de productos orgánicos como lebame en sus cultivos entre los que destaca el Maíz, el frijol, y el maíz, además del empleo de cercas vivas y el aprovechamiento óptimo de cada desecho de cosecha como fertilizante orgánico.
La historia del Quemadense Roberto Chirino es la de un hombre que en su andar por los campos y con la conducción del grupo coordinador del proyecto IRES se apropia de términos como resiliencia climática y los pone en práctica. Es Roberto, un campesino que es líder en la producción de frutas como el mango, que sueña con una pequeña industria en la que pueda procesar todos los frutales existentes en su finca para seguir contribuyendo a la soberanía alimentaria de esta Su patria chica. Su ejemplo nos recuerda que el verdadero progreso nace cuando la tierra y el entorno se abrazan, y que cada campesino es, en esencia, un guardián de la esperanza.



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