Los 95 de Raúl
Tomado de Cubadebate /
Raúl, el General de Ejército, el Ministro, el hombre de Partido, el pequeñito de doña Lina, el “becerrito” de don Ángel, el hermano de Fidel, el de “papá Ramón”, el “Coquito” de su hermana Lidia, el que veía en Fidel a su héroe, le cumple hoy a la Patria sus primeros 95 años de lucha. El pueblo cubano, desde siempre, tiene hacia él sentimientos y gratitudes por su honestidad y fidelidad a la causa de los humildes, con la modestia de un hombre excepcional.
El jovencito del Moncada, el Granma, Alegría de Pío y Cinco Palmas; el de los diarios de campaña escritos y conservados como el tesoro más grande del mundo; el del Segundo Frente Oriental Frank País; el novio eterno de Vilma; el padre y abuelo; maestro de generaciones; el joven comunista que mantiene la osadía que lo llevó desde su juventud a ser un revolucionario querido.
En estos días de nuevas batallas en los que el homenaje a él retoma frases, imágenes, pensamientos y hechos, ha conmovido el cierre de aquella entrevista que en 2008 concediera a la periodista Talía González en la cual expresaba cómo esperaría el año nuevo:
“Pienso esta noche, a las doce, estar en el Mausoleo de los compañeros caídos en el Segundo Frente o que fueron enterrados allí después del triunfo. Quiero depositarles flores a ellos, a Vilma también; escuchar con ellos los cañonazos del 50 aniversario de la gran alborada y el himno nacional. Y mañana temprano, en nombre de Fidel, ponerles unas flores a Martí, a los caídos en el Moncada, a los caídos en la lucha clandestina, a Frank País y a los internacionalistas santiagueros en homenaje a los de todo el país. Lo haré contento, emocionado y lleno de optimismo en el futuro”.
Esas palabras de Raúl remiten a otras escritas cincuenta años antes, el 21 de agosto de 1958, en su diario de campaña del Segundo Frente Oriental Frank País y que demuestran la coherencia de una vida en la cual la lealtad a los principios, a sus compañeros de lucha y su amor a Cuba han permanecido invariables:
“Juré no descansar durante toda mi vida contra los enemigos de ahora y los que nos saldrán al paso a lo largo de nuestra difícil tarea de revolucionarios honrados, y juré que al reunirme con mis hermanos caídos, me presentaré limpio y alegre de haber cumplido cabalmente con mi deber.”
En una interesante entrevista concedida al periodista Mario Vázquez Raña resumió lo que para él había significado la lucha:
“De una gran enseñanza fue el revés heroico del asalto al cuartel Moncada, en 1953. El presidio. El exilio en México. Todo ello nos sirvió de mucho para madurar y encarar la crudeza de la guerra, que iniciamos a fines de 1956. Desde el punto de vista militar, cuando en el primer año de guerra en la Sierra Maestra, siendo capitán dirigí un pelotón, esta fue mi etapa militar más feliz. Ya al comienzo del 58 me encargaron la jefatura de una columna. Posteriormente concluí la guerra dirigiendo un Frente de seis grandes columnas guerrilleras junto a otras responsabilidades, como la administración de un enorme territorio de alrededor de doce mil kilómetros cuadrados con más de doscientos mil habitantes. La etapa más difícil es precisamente después del triunfo de la Revolución, la cual no tengo que detallarte, pues la conoces perfectamente. Yo creo que mis sueños han sido superados muchas veces.”
Raúl es el amigo que siempre ha rendido tributo con sus hechos a sus compañeros de lucha y ha cumplido compromisos de amor y lealtad con su familia. Y es que para Raúl, la amistad sin los principios no existe, pues quienes pierdan los principios o la ética no pueden mantener una verdadera relación de amistad, al menos entre revolucionarios.
El jefe que enseña, que pregunta, que escucha, el está seguro de que la toma de decisiones en colectivo es mucho mejor para la Patria, el que en los momentos más difíciles del periodo especial en los años noventa del pasado siglo nos enseñó que “sí se puede”, y fue por todo el país a conversar con el pueblo y levantar el ímpetu en la nueva etapa de combate. El Raúl de los jóvenes y los niños, los que sintieron el beso en su frente y los cuadros que junto a él vivieron lecciones inolvidables de la esencia de la Revolución.
Para la historia de luchas de nuestro pueblo ha sido, sin dudas, un privilegio contar con dos hombres excepcionales como Fidel y Raúl, para quienes lo más importante ha sido la lealtad a los objetivos de la lucha. Cuando en junio de 1955 Fidel escribió un artículo en el que condenaba la acusación de la dictadura a su hermano por un hecho que no cometió, decía con valentía que acusar a su hermano Raúl era acusarlo a él. La historia, hoy, se repite, pero con respuesta multiplicada: acusar a Raúl, es acusarnos a todos los revolucionarios, y el enemigo tendrá que vérselas con el pueblo. El poeta Virgilio López Lemus dedicó unos versos a Fidel en los cuales asegura que cada persona del pueblo estaría dispuesta a dar la vida por él, en cualquier circunstancia. Hoy, ante los nuevos acontecimientos y agresiones del gobierno estadounidense, no cabe dudas de que nosotros también estamos dispuestos a dar la vida por Raúl, en cualquier circunstancia.
Por eso en este 95 cumpleaños, aunque para él sea una fecha personal que no ha ponderado nunca, y aunque sabemos que no concibe celebración mayor este año que el centenario en combate del Comandante en Jefe Fidel, todo el pueblo lo celebra y felicita. Porque con su vida, con sus luchas, celebra también la historia de nuestra Revolución y la vida de nuestros héroes.
Hoy nos acompañan de alma y pelea, en la celebración, sus amigos, los de Birán; moncadistas y expedicionarios; el Che con su pipa de la Sierra y Camilo intercambiando sombrero por boina; Almeida, aquel que el propio Raúl lo catalogara como un descendiente de Maceo, con la sonrisa honesta y la poesía de los humildes; los fundadores del Segundo Frente, los que desde aquel Mausoleo cuidan la Mícara y el corazón de Oriente; los campesinos que lo ayudaron desde el mismo desembarco del Granma; Haydee Santamaría y Melba Hernández, las valientes de siempre; nos acompaña Celia Sánchez, su “madrinita” de los días duros de la Sierra y su querida compañera de la construcción de la sociedad nueva; los jóvenes de Angola, de toda África, con la satisfacción del deber cumplido; y nos acompañan los 32 héroes nuestros del 3 de enero, que cinco meses después de demostrarle al mundo de qué estamos hechos los cubanos, continúan inspirando los combates de hoy.
Y está la familia, la que lo vio nacer y la que fundó con Vilma, la simpática santiaguera que admiró por su valentía en la clandestinidad y luego amó en las montañas. Y está su pueblo, el que lo llama solamente “Raúl”, con la cercanía que da la confianza de un hombre que ha cumplido su palabra siempre, que no ha exigido algo que no haya sido capaz de hacer, un revolucionario fiel y dispuesto a defender su patria siempre.
En más de una oportunidad lo ha dejado claro en escritos y cartas, como aquella del 1 de mayo de 1958 a su mamá, Lina Ruz:
“Estamos conscientes de estar escribiendo una epopeya de nuestra historia contemporánea y todos nos preocupamos de que en este Segundo Frente, terminemos la contienda con la misma luz que la iniciamos. Pero, ya estoy tan saturado que solo hablo de revolución y naturalmente que así será hasta el final, pues en cinco largos años es lo único que he hecho. Tú sabrás comprenderme y hasta perdonarme.”
Cuba lo comprende, guerrillero, y no hay nada que perdonar, sino que agradecer, continuar, amar y defender. Seguimos en combate y celebramos con orgullo este día en la ruta de la Revolución…
Felicidades, Raúl… Un abrazo y nuestra lealtad por siempre.



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