Che: 29 años de su descanso eterno en Santa Clara
Aquel 17 de octubre de 1997 Santa Clara amaneció en el silencio que solo precede esos momentos que trascienden la historia.
En la avenida de los desfiles del Complejo Escultórico Comandante Ernesto Che Guevara, el Jeep militar con el armón funerario avanzó lentamente encabezando parte de su tropa, como tantas veces en la selva boliviana.
Allí estaban Fidel, Raúl, Ramiro y Vilma para acompañar a sus familiares más cercanos y a miles de santaclareños que acudieron a ese altar sagrado de la Patria a darle el último adiós.
«No venimos a despedir al Che, venimos a recibirlo», dijo aquel día Fidel en su sentido discurso, con la voz de quién contiene una emoción inmensa e inigualable.
Eran los restos del Guerrillero Heroico y de varios de sus compañeros de lucha, que encontraban ese día su descanso eterno en la ciudad que lo recibió 30 años después de que intentaran silenciarlo para siempre, la misma donde en diciembre de 1958 el Comandante argentino-cubano levantó la bandera del triunfo rebelde.
«¿Cómo podría caber bajo una lápida?¿Cómo podría caber en esta plaza?¿Cómo podría caber únicamente en nuestra querida pero pequeña isla? Solo en el mundo con el cual soñó, para el cual vivió y por el cual luchó hay espacio suficiente para él», expresó el Comandante en Jefe.
Aquí, desde hace 29 años la llama eterna encendida por Fidel y una flor, simbolizan el eterno tributo de esta tierra a uno de sus más queridos hijos.
En esta plaza, en su plaza, el Che descansa mirando al sur, desde el bronce perpetuado en fusil y palabra, vivo, como no lo querían, multiplicado en caminos y escuelas, en futuro y porvenir, en esperanza y Revolución.



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