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Roberto Prieto & Me

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Conocí a Roberto Prieto en 1980, cuando su talento brillaba en lo más alto y ya era uno de los grandes creadores de carrozas de las Parrandas del centro de Cuba. Se recuerda que en 1964  intentó levantar el mítico “Barrio de los Elefantes”, aunque sus ideas fueron recibidas con cautela. La fiesta popular, que siempre es un diálogo de dos, lo mantuvo dentro de los Chivos, donde desplegó su genio en 34 carrozas.

La primera impresión que tuve de Roberto fue la de un hombre apasionado, imaginativo y obstinado, sin sospechar aún la riqueza de su trayectoria. En aquel entonces grababa en el estudio de la CMHW los audios que presentarían una de sus carrozas monumentales. Una falla técnica lo llevó a cruzarse conmigo, justo cuando yo intentaba, en el cubículo de edición contiguo, desarmar el concepto sonoro detrás de I’m Not in Love” de 10cc, esa pieza emblemática del pop progresivo de los años setenta. Fue un encuentro inesperado, casi fortuito, donde dos mundos creativos se rozaron: el suyo, de luces y carrozas, y el mío, de sonidos y atmósferas.

fa88d423-249c-457f-9419-431f25281193-300x199 Roberto Prieto & MeNos descubrimos hablando de música, de su fascinación por encontrar cortes instrumentales que pudieran dar un aire único a la presentación de sus carrozas. Roberto buscaba sonidos que no fueran simples acompañamientos, sino atmósferas capaces de envolver al público y darle carácter a cada desfile. En esa conversación entendí que su creatividad no se limitaba a la madera, el papel, las luces o la pintura, sino que también se extendía al universo sonoro. Posteriormente pude presenciar varias parrandas en Camajuaní y comprobar cómo sus ideas cobraban vida en la fiesta, y más tarde supe que también diseñaba carrozas para otros pueblos del centro-norte de Cuba. Era como si su talento viajara de comunidad en comunidad, dejando huellas de color y música, y confirmando que su obra no pertenecía solo a un barrio, sino al espíritu festivo de toda una región.

Años más tarde, ya dentro de la televisión, volví a coincidir con Roberto en varias ocasiones como invitado en mis programas. Recuerdo especialmente hacerle una entrevista a pie de obra, mientras ultimaba los detalles de una de sus carrozas, rodeado de ese ambiente de nervios y magia que precede a la fiesta.

Siempre me preguntaba qué música escuchaba, curioso por descubrir sonidos que pudieran inspirar sus presentaciones. Ese dia le obsequié un casete que llevaba en el carro: era música celta, interpretada por una irlandesa prácticamente desconocida llamada Enya. Su mirada se iluminó al recibirlo, como quien encuentra un nuevo universo sonoro para agregar a sus creaciones.

Poco después, Roberto me ayudó a localizar en Camajuaní a varias familias que habían perdido seres queridos durante la guerra de Angola. Fue un gesto generoso, que me permitió dar voz a sus historias en el libro Fin de Misión. En sus páginas, además de la memoria de los caídos, aparece como un personaje más la magia de la parranda, una de sus carrozas monumentales y el espíritu del Barrio de Santa Teresa.

La última carroza de Roberto Prieto para Los Chivos, del 2002, no fue simplemente un cierre de etapa, sino un acto de fidelidad a la tradición que lo vio crecer como creador. Con ella culminó una trayectoria de 34 carrozas que marcaron la historia de las Parrandas de Camajuaní y que aún hoy son recordadas como referentes de imaginación y maestría. Su despedida del arte popular y de la vida estuvo impregnada de la misma obstinación y pasión que lo caracterizaron desde sus inicios, confirmando un legado no se mide solo en números, sino en la huella cultural que dejó en cada fiesta. Esa última obra, más que un monumento efímero, fue un símbolo de continuidad y pertenencia, un testimonio de cómo la parranda y el Barrio de los Chivos fueron el escenario natural de su genio.

Este año intentamos desde la televisión condensar en apenas una hora la magia de una parranda en Camajuaní. Sin embargo, en noviembre del pasado año, un incendio de grandes proporciones redujo a cenizas la nave de trabajo del barrio de Los Chivos, golpeando de lleno el corazón de la tradición. El proyecto quedó en pausa, esperando un mejor momento para renacer con la fuerza que merece. Quizás sea justo que se filme precisamente en el año en que se recuerden los 25 años de la partida física de Roberto Prieto, como un homenaje íntimo y luminoso a su legado. Así, la parranda volverá a brillar en pantalla con la misma intensidad con que él la soñó.

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