«Es lo más grande que me ha pasado en la vida. Conocerlo a él, como persona, como ser humano. Porque es un hombre que ha sido sencillo, fiel a la Revolución. Decía, como Martí, que la mejor manera de decir es hacer. Es un hombre al que no le gustaba la fama. Por eso creo que él no puede morir en esencia. Físicamente se va, pero siempre estará en el corazón de los cubanos». Ahora, los restos del Comandante descansarán para siempre en Villa Clara, al lado del Che, su compañero de lucha, su hermano. Y María Antonia, como muchos villaclareños, lo siente como un honor. «Eso sería un orgullo, un honor que no me va a caber el pecho. Ese reencuentro con el héroe, con el hombre intachable. Porque aunque los enemigos hayan querido desaparecerlo, él no va a desaparecer. Físicamente sí, pero sus ideas estarán siempre con el pueblo. Para Villa Clara, para Santa Clara, es un honor que sus restos descansen aquí, en esta ciudad que él quiso y ayudó a liberar. Junto al Che, su hermano de lucha, de ideas, de sangre». Nunca volvió a verlo. Solo tuvo aquellos días en la embajada. Pero le bastaron para guardar para siempre la imagen de un Comandante que también sabía sostener la vida entre sus brazos. «Nunca más tuve la oportunidad. Pero son oportunidades únicas». Ramiro Valdés fue, sin dudas, un hombre que supo decir haciendo. Y su esencia, la de aquel guerrillero que también era abuelo y amigo de los niños, no se borra con el tiempo. Queda en la memoria de una mujer que guarda tres fotografías como un recuerdo imborrable.
Tomado de Vanguardia / Frente a los lanzamientos de Julio Romero, el Comandante de la…