La magia de Caricias
📸Cortesía Proyecto Caricias
Hace 7 años el proyecto Caricias comenzó a desandar un camino incipiente. Lo que había iniciado como un sueño pequeño, superó la ilusión de los días iniciales y tomó forma y cuerpo en un proyecto que se consolidó con el tiempo. Caricias es la historia de empeños, de aunar voluntades y perseverar.
La sala de Oncohematología del hospital pediátrico José Luis Miranda ha sido la esencia de Caricias. En ella, sus pacientes, personal de salud y familiares ha quedado una huella que trasciende el espacio físico. Todo empezó con donaciones provenientes del trabajo sistemático de Jorge García Mesa, cubano residente en Alemania, que decidió hacer de este proyecto un propósito de vida. Con su empuje y guía han sorteado dificultades, superado expectativas; se hacen grandes. Pero en especial han tocado el corazón de cada uno de los niños a los que ha beneficiado durante estos años.
Así lo siente Samira Rodríguez. Su primer contacto llegó hace 4 años cuando vio entrar por la puerta de su cubículo a Jorge, y desde entonces el vínculo se ha mantenido. O lo dicen los ojos alegres de Caleb en la actividad que, como cada año, realizan en la sala de oncohematología para niños en ingreso o remisión. También las palabras agradecidas de los padres, que a veces en tono entrecortado, saben que hay mucho de esperanza y alivio en ellos.

La sistematicidad de las donaciones a lo largo de los años ha logrado mantener el sistema de aislamiento, asegura Marta Beatriz García Caraballoso, jefa de la sala de Oncohematología del Hospital Pediátrico villaclareño. “Tanto en los aires acondicionados, los sistemas de refrigeración, televisores, y ha ido más allá de la atención desde el punto de vista logístico; también se ha volcado a la atención médica integral con la donación de dos microscopios que mejoran la calidad del diagnóstico y en el apoyo en la parte de medicamentos e insumos médicos”.

El apoyo logístico y material ha sido un elemento clave y esencial consolidado en el tiempo. Mas en su afán de ser también apoyo emocional, logran integrar a niños y padres en un entorno afectivo. Establecen lazos que unen y consuelan, como solo puede hacerlo una familia. Por estas razones, desde hace dos años no solo hacen su acostumbrada actividad en la sala de oncohematología, también se reúnen en otros espacios para conversar, reír y crear recuerdos juntos.
El crecimiento del proyecto y su evolución aún resulta increíble para Jorge García. Sus nervios ante cada entrevista habla de su compromiso personal y de su calidad humana.

“Caricias es magia y la magia tiene dos nombres: la gente que está detrás de mí ayudándome a cumplir esos sueños y esos duendes que están ahí en la sala riendo.”
“Hemos logrado alcanzar una dimensión y alcance que no solamente se refiere a Alemania. Tenemos colaboradores en México, Colombia, Estados Unidos y en cada uno de esos lugares hay muchos ángeles que nos están ayudando y nos estamos expandiendo, estamos creciendo, haciéndolo visible”.
El acompañamiento constante, la comunicación directa con médicos y personal de salud, sostener una conexión desde la distancia ha sido esencial para ellos y permite que logren articular y cumplir muchos de los deseos y aspiraciones de esos pequeños que, con una fuerza y optimismo admirable, enfrentan su diagnóstico.

“Para mí, aparte de lo material, lo emocional nos hace sentir más feliz en ese ámbito. No es solo lo material, la actitud que refleja ante nosotros nos hace muy feliz y nos llena de alegría” dice con su carisma natural Samira.
El valor humano del proyecto es su esencia. Ahí en ofrecer y tender su mano, en la certeza de su presencia y en la confianza de su ayuda está su grandeza.



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