miércoles, 28 julio 2021

Dramatizados en Cuba hoy: un triste panorama

La televisión Cubana ha vivido, durante años, una especie de crisis, originada por las carencias materiales y económicas y la ausencia de talentosos realizadores.

La televisión Cubana ha vivido, durante años, una especie de crisis, originada por las carencias materiales y económicas y la ausencia de talentosos realizadores.

No es un secreto para nadie que la televisión Cubana ha vivido, durante años, una especie de crisis, originada por las carencias materiales y económicas y la ausencia de talentosos realizadores, lo que se traduce en la pobre producción de espacios consagrados en el imaginario popular. En este sentido la producción de dramatizados se lleva la peor parte.

Lamentablemente hacia fines de la década de los 80 del pasado siglo -con su climax en los 90- las producciones dramatizadas de la pantalla cubana comenzaban a dejar atrás su época de esplendor. Novelas, aventuras, teatro en tv, espacios consagrados y preferidos por el público nacional, desaparecían paulatinamente de la pantalla o bien, si se mantenían, lo hacían con historias poco atractivas y trilladas, que ya no daban tanto margen a la imaginación o a volar la espiritualidad humana.

Quedaban detrás las adaptaciones para la televisión de El Corsario Negro, Los Vikingos o El Zorro, donde directores de la talla de Eric Kaupp, hacían volar la imaginación de cualquier miembro de la familia y daban el puntillazo final con un suspenso al cierre de cada capítulo, lo que dejaba siempre con ansias del próximo. Se ponía así ante los ojos del público lances heroicos, viajes excitantes, triunfo del bien sobre el mal y amores para siempre. Todos los ingredientes que las aventuras demandan. Ahora mismo, fuera de La leyenda del rayo, no recuerdo otra aventura cubana, posterior a los 90 que reúna estas características.

Y qué hablar de las telenovelas cubanas, ese espacio nocturno consagrado que prácticamente inventamos los cubanos con el germen de la radionovela y el contundente Derecho de nacer. Eran los tiempos de bandas sonoras que calzaban magistralmente la historia, personajes capaces de recrear nuestras propias vivencias, o argumentos de épocas pasadas, pero con una carga tan fuerte, que enganchaban desde el primer capítulo, hasta en el más reacio de los televidentes. No es de extrañar entonces que el amor de Charito y Antonio en Sol de Batey, más la excelentísima actuación de Verónica Lyn en el papel antagónico, permanezcan en el recuerdo popular. Lo mismo ocurrió con los amores prohibidos de la bella señorita Fe María y el mulato Juan Tomás de El Eco de la Piedras.

Menos aún olvidaremos a un Rogelio Blain sublime en su inolvidable papel de Lucio Contreras, que junto a un Silvestre Cañizo encarnado por el primerísimo actor Enrique Molina, y una Alina Rodríguez sin comparación, nos hicieron temblar junto a los amores y desamores de un Nacho Capitán, la soberbia Berena o la ilegítima Lala Contreras.

Pero la fórmula de historias de época no fue la única con aceptación dentro del público cubano. Recuérdese el impacto estremecedor de Cuando el agua regresa a la tierra, una producción de 1993 dirigida por Mirta González y con guión de Saúl Roger donde el viejo Vetura, interpretado por el siempre espectacular Manuel Porto, nos hace defender con todas las fuerzas el apego del viejo a sus tierras cenagosas.

Sin embargo, mucho ha llovido desde entonces hasta la fecha y como dijera el propio Porto en un reciente programa Con dos que se quieran 3, al que fue invitado, la producción de dramatizados en Cuba está en crisis. Y el hecho está dado por la ausencia de buenos guionistas, directores y también, por supuesto, por una crisis de producción. Los ejemplos sobran: ni El medallón, ni El príncipe de los Zorros y menos aún Los tres Villalobos llegaron a compararse jamás con Shiralad o Hermanos. Menos aún Las huérfanas de la Obrapía, Destino prohibido, Oh, La Habana llegaron a cautivar en horario nocturno. Porque En fin, el mar, no superan en ningún aspecto las producciones de antaño

Con este mismo criterio coincidían la presidenta de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC, Rosalía Arnáez y Raquel González, destacada actriz, guionista y directora de televisión, quienes en visita a Caibarién como parte de la XXXV edición del concurso Santamareare, declaraban sentirse consternadas por los rumbos que hoy toman los dramatizados audiovisuales en Cuba.

Para Arnáez, también locutora y promotora cultural, los elementos que más atentan contra estas producciones hoy, son la ausencia de guiones de calidad, ya sea por la poca sustancia de la historia, o por la retribución salarial que reciben los guionistas, que no es acorde con el trabajo que realizan. Asimismo, y algo con lo que coincido, plantea retomar la historia, tanto la Universal como la propia, como argumento de las producciones. Claro, desde una óptica fresca para no caer en lecciones y doctrinas.

Por su parte, Raquel González, directora de la recién finalizada De amores y Esperanzas, la carencia de recursos materiales y presupuesto también influye en la escasez y calidad de los audiovisuales dramatizados, porque si algo debemos recordar, es que la televisión es cara, aún en tiempos de tecnología digital y consumo bajo demanda. Además, se ha perdido, lamentablemente, la capacidad de valorar -por directivos y realizadores- qué se quiere decir y cómo hacerlo, para aliviar espiritualmente al espectador. Otro tanto ocurre con la calidad artística, que lamentablemente hoy no es la mejor.

Por supuesto, en medio de este mar de pobreza audiovisual, afortunadamente emergen historias salvables que pudieran servir como referentes para un futuro de producciones dramatizadas en Cuba, creo que De amores y esperanzas constituye el mejor ejemplo. Tal vez ya sea tiempo de repensar aún más nuestra televisión, y desempolvar fórmulas pasadas que en determinado momento surtieron efecto e imbricarlas con los nuevos tiempos; quizás, de esta manera, los dramatizados cubanos vuelvan, un día a tener el esplendor de aquellos nacidos en los 60 del siglo pasado, cuando a difernecia de hoy, la televisión se hacía en vivo, prácticamente en un mismo set, y casi que con los mismo actores para todos los espacios.


Carmen Milagros Martín Castillo

Periodista Licenciada en Periodismo por la UCLV 2012. Editora del sitio web de Telecubanacán, amante del universo digital.

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