Ciencia villaclareña, ejemplo de resistencia ante el bloqueo
Roxana Soto del Sol | Fotos: Arelys María Echevarría Rodríguez/ACN
Para quienes hoy trabajan en el Instituto de Biotecnología de las Plantas (IBP) de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas hacer ciencia en Cuba es, ante todo, un acto de resistencia y compromiso, y así lo demuestran cada día con resultados tangibles, a pesar de las carencias que impone el bloqueo estadounidense a la isla.

Marisol Freire Seijo, directora de Ciencia e Innovación Tecnológica del centro, resume los obstáculos actuales en una palabra: energía, pues «la biotecnología vegetal depende completamente de ella —explica— cuando falta el combustible o el fluido eléctrico es inestable, los procesos se comprometen, las investigaciones se retrasan, las producciones también, y los resultados exigen más horas y más sacrificio de investigadores, técnicos y especialistas».
Pero el bloqueo también levanta muros en las relaciones internacionales, comentó la doctora a la Agencia Cubana de Noticias, y rememoró cuando en el XV Simposio Internacional de Biotecnología Vegetal, una investigadora española con la que mantenían vínculos no pudo asistir, ya que debía viajar después a Estados Unidos y venir a Cuba le complicaba el acceso a la visa.
No son solo eventos, reflexionó, a partir de esos espacios se gestan proyectos conjuntos y se facilita la capacitación de nuestro personal, estas acciones entorpecen la posibilidad de expansión de nuestro potencial científico.

En el laboratorio de microbiología aplicada, Tatiana Pichardo Moya menciona equipos esenciales para la realización de análisis que se han roto y no se han reparado como es debido, solo gracias al ingenio de algunos compañeros se han echado a andar aunque con menos potencialidades.
El problema es geopolítico, dijo, no se pueden importar desde Estados Unidos, mercado más cercano, y desde otros países cuesta el doble o el triple; algo tan elemental como los reactivos llega mediante gestiones individuales, intercambios o donaciones.
Sin embargo, el IBP no se detiene, hoy, la obtención de semilla de papa y la multiplicación de patrones cítricos de alta calidad son prioridades del centro en su aporte a la soberanía alimentaria, comentó Freire Seijo.

Desde su surgimiento, el instituto tiene el encargo de generar semillas de papa para reducir compras foráneas, un procedimiento que se ha replicado en toda la red de biofábricas del país e integra prácticas agroecológicas con vínculos directos a los agricultores, de ahí que en la presente campaña, Villa Clara ha logrado propagar minitubérculos en áreas abiertas con campesinos de Camajuaní, Santa Clara y Placetas.
Con frutales cítricos trabajan desde hace cuatro años en un método para multiplicar pies de calidad superior, un aporte modesto pero vital para restaurar la producción citrícola del país y que se suma al suministro de material de partida a todas las biofábricas, esencialmente en plátano y papa.

Asimismo, acumula experiencia en la capacidad de poner frente y gestionar la asfixia que pretende generar el gobierno de Estados Unidos en el pueblo cubano, que intentó llevar al límite a la nación durante la pandemia de COVID-19; en ese entonces el IBP donó conectores de sus sistemas de inmersión temporal para que dos pacientes pudieran compartir un mismo botellón de oxígeno en los hospitales, una solución de la biotecnología vegetal al servicio de la salud humana.
Concebido como una entidad de ciclo integral, con la visión de Fidel Castro, el Instituto de Biotecnología de las Plantas investiga, desarrolla técnicas, las amplía en sus espacios productivos y las transfiere a la red de biofábricas o a campesinos independientes, al tiempo que sostiene un plan de formación de doctores y másteres, afianza vínculos con más de treinta naciones, publica una revista especializada y organiza cada dos años el Simposio Internacional de Biotecnología Vegetal.


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