Lun, 14 junio 2021

El arte de (con)vivir

Establecer límtes en la convivencia entre vecinos deben ser pautas diarias cuando de buen trato se habla.

Establecer límtes en la convivencia entre vecinos deben ser pautas diarias cuando de buen trato se habla.

Si satisfacer siempre los gustos personales, a veces extravagantes en demasía, fuera porque sí, por aquello tan básico de que es mi casa y soy dueño de mi espacio, convivir sería una especie de manicomio sin sentido.

Rico como el buen ajiaco que compone los caracteres cubanos en un vecindario hay de todo y pueden sucederse las más increíbles situaciones. Pero seguro coinciden conmigo que, en esto de la convivencia, donde muy pocos pueden estar tranquilos puertas adentro, deben respetarse esas leyes compartidas que nos hacen más civilizados.

Fíjese me refiero al incumplimiento de las normas más básicas de la vida en comunidad y no a la camaradería que suele existir entre los nacidos en esta isla. A mi memoria vienen aquellos spots y la frase que se popularizó entre los cubanos “Yeyo compadre” y es que son incontables los momentos en que debe respirarse profundamente para no encarnar una pelea al estilo películas del oeste con aquel vecino que suele irrumpir la tranquilidad del hogar.

En un bosquejo simple de preguntas a varios habitantes de Santa Clara muchos coincidieron que el ruido o poner música alta, hasta estridente dijo alguien, violar los espacios comunes en edificios, tirar agua balcón abajo, las filtraciones entre pisos en apartamentos, arrojar basura en lugares no indicados para ello, o las discusiones que pueden tornarse serias en momentos complejos, dígase la falta de abasto de agua, como las indisciplinas más comunes.

Suele complejizarse esta situación en lugares de mayor aglomeración de viviendas como edificios o solares o en momentos de crisis donde no siempre ponerse de acuerdo aparece como solución más básica. El entendimiento y ubicarse en el lugar del otro sin perder la esencia de lo que me gusta y puedo hacer pudiera ser una alternativa nada despreciable.

Según la ley existen regulaciones para la vida en comunidad en especial en edificios multifamiliares para aquellos casos que traspasan los límites permisibles. El decreto 141 establece penalizaciones para aquellas personas que rompen las normas de convivencia. Los incisos ch, d, e y h fijan lo referido a la perturbación del orden público y de forma particular entre vecinos con multas entre 5 y 10 pesos para quienes infrinjan con el uso abusivo de equipos electrónicos, específicamente por la noche, o realicen fiestas después de la 1 de la madrugada, arroje objetos o sustancias o genere discrepancias con convivientes u otras personas. Sanciones con multas al extremo insignificantes cuando de establecimiento del orden se trata.   

Educar desde el respeto, fomentar valores sociales un tanto resquebrajados, aceptar que convivir presupone negociar serán siempre premisas válidas.


Carmen Milagros Martín Castillo

Periodista Licenciada en Periodismo por la UCLV 2012. Editora del sitio web de Telecubanacán, amante del universo digital.

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