domingo, 26 septiembre 2021

La riquezas que se esconden en un Tesoro de papel

El Pabellón Tesoro de papel deviene en esta 28 edición de la FIL en el palacio de la literatura infantil, pero palacio al fin, puede deslumbrar por su majestuosidad y perder a los niños entre tantas maravillas. Corresponde entonces a los adultos, orientar a quienes descubren con esta propuesta, la magia de los libros.

El Pabellón Tesoro de papel deviene en esta 28 edición de la FIL en el palacio de la literatura infantil, pero palacio al fin, puede deslumbrar por su majestuosidad y perder a los niños entre tantas maravillas. Corresponde entonces a los adultos, orientar a quienes descubren con esta propuesta, la magia de los libros.

El Pabellón Infantil Tesoro de Papel, siempre en el corazón de nuestra emblemática Casa de la Cultura, vuelve a atraer la atención de todo el que recorre la Feria Internacional del Libro en Villa Clara. Grandes y chicos se suceden sin importar la longitud de la fila para acceder al lugar donde siempre se encuentran las mejores propuestas infantiles.

Desde el mismo inicio de la Feria, el Pabellón ha contado con una afluencia de púbico permanente, sobre todo de niños que asisten junto con sus maestras y educadoras, con el anhelo de comprar libros, libros que los atrapen y les llenen el día, y con esto, sin saberlo, quedan seducidos por la magia de las letras, que si se sabe aprovechar, los acompañará para toda la vida.

Sin embrago, si el libro adquirido no es lo esperado, si el dinero que mamá, papá o abuelo entregaron para comprar un libro se gastó en el material equivocado, junto al regaño familiar viene la decepción infantil y peor aún: la pérdida de interés, que bien hubiera podido evitarse si los adultos jugáramos nuestro papel.

En estos días de Feria, en más de una ocasión he observado dentro del mismo Pabellón a niños no mayores de 9 años, y a otros que no superaban los 11- y lo sé por el color de sus pañoletas-caminar expectantes entre las grandes mesas y estantes colmados de libros, sin saber qué elegir, y sin recibir, tristemente, el concejo necesario de sus acompañantes.

Historietas como las ya conocidas de Kukuy el Güije, los dedicados a pasatiempos, libros de cuentos y aquellos que recrean la historia patria no han faltado en esta edición; como tampoco los de colorear, esta vez en una variedad admirable y con figuras acordes a las necesidades de los más chicos.

La edad de Oro, esa invaluable obra que cada pequeño tiene que tener, volvió a la Feria en una cantidad considerable y sobre todo en un diseño para todos los gustos, desde su reproducción facsimilar de la revista publicada por el Apóstol en 1889, hasta en su versión ilustrada, que sin dudas, acercará mucho más a los príncipes enanos con ese hombre universal que fue su amigo.

Todos, y hay que reconocerlo y aplaudirlo, con excelente factura y mejores precios respecto a citas de años anteriores, por tanto, su aprovechamiento no ha dependido del factor monetario como ha ocurrido otras veces, sino que depende de la adecuada orientación de los adultos.

Pero para que los pequeños escojan y lo hagan bien, quienes los acompañamos al recinto debemos estar a su disposición, sobre todo si se concurre en rol de maestro. Aunque es cierto que no es la generalidad, sí ocurre que el personal docente encargado de llevar a los más pequeños a este tipo de eventos, no siempre está al tanto de sus necesidades y elecciones, lo que hace que los niños escojan el primer libro con colores atractivos que vean, sin saber si realmente está acorde con su edad, grado escolar o habilidades. El adulto, por su parte, se centra en recopilar material para su propia descendencia sin recordar que esos que le acompañan, aunque no comparten su mismo material genético, también lo imitan y valoran, y muchas veces idolatran.

De hecho, han sido los trabajadores de cultura y de la empresa del Libro quienes a la hora de cobrar el importe de los títulos, se percatan algunas veces de la elección equivocada y sugieren a los pequeños obras mucho más acordes o atractivas. Pero realmente este rol no les corresponde a ellos, encargados de organizar, distribuir y cobrar las obras, además de velar por la disciplina del lugar.

Quienes acompañamos a los niños a este tipo de eventos, debemos recordar que no estamos en el papel de simples cuidadores, sino que somos guía y ejemplo. Responsables de conducir, y hacerlo bien, a un individuo en formación, tan moldeable como la arcilla, y cuya conducta responde, en primer lugar, a la imitación de los adultos que le rodean.

Si nos desentendemos, no reprochemos después al pequeño por sus elecciones equivocadas. Si desde edades tempranas no fomentamos en ellos hábitos, valores, sentimientos, gustos estéticos, no pidamos, al crecer, que sus preferencias sean lo más cercanas a las que nosotros tildamos como correctas.

La lectura, o el hábito de realizarla, es una acción que se cultiva desde la primera infancia, y que se perfecciona a lo largo de la vida. Es la familia la encargada de sembrarla, y la escuela, mediante sus docentes, quien debe pulirla y cultivarla.

Dediquemos entonces un minuto a nuestros niños, sobre todo en días de Feria, con ello, desde ya, estamos contribuyendo mejor a su futuro.


Carmen Milagros Martín Castillo

Periodista Licenciada en Periodismo por la UCLV 2012. Editora del sitio web de Telecubanacán, amante del universo digital.

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