miércoles, 28 julio 2021

Enemigo del amor

El coronavirus o la COVID-19, como se le conoce también, llegó a esta isla el 11 de marzo y tocó a la puerta para instalarse sin permiso en el territorio.

A un fuerte abrazo, un cordial apretón de manos acompañado, tal vez, de un asere qué bolá, cómo está la familia, está acostumbrado el cubano cada momento del día sin importar si eres amigo de años o recién conocido.

Ese es el sello que nos identifica en el mundo como cubanos. Esa marca es la necesaria para conversar sin temores, sonreír, para ser felices en el barrio, las escuelas, las universidades, los trabajos. Así es el cubano de nacimiento.

Pero todo esto se convierte en una peligrosa arma para nosotros mismos en tiempos donde un virus caprichoso nos prohíbe abrazarnos, expresarnos con autenticidad y demostrar el afecto de una manera real.

El coronavirus o la COVID-19, como se le conoce también, llegó a esta isla el 11 de marzo y tocó a la puerta para instalarse sin permiso en el territorio. Este peligroso visitante es culpable de miles de enfermos y cientos de muertos en otras latitudes de este planeta.

Por ello, en estos tiempos la disciplina es vital. Y sí, realmente duele que el amor trascienda a segundos planos, que el calor humano se sustituya por fríos metros de distancia y que esos abrazos efervescentes, vistos en cualquier lugar estén obligados a corregirse por abrazos y besos psicológicos. Pero todo esto es necesario para vivir y contemplar el mañana, para despertar nuevamente y salir a las calles, para abrazar y besar a nuestros semejantes.

Este virus no tiene prioridades, ni fronteras ni edades. Debemos cuidarnos y cuidar a los que nos rodean: padres, hermanos, tíos, a todos, pero, principalmente, a nuestros abuelitos.

Hoy, cuando esta pandemia nos limita, debe brotar más que nunca ese sentimiento solidario que nos caracteriza. Es tiempo de sacar cuentas inteligentemente, de sacrificar una puesta de sol y un día dentro de las casas, para no perder la oportunidad de volver a contemplar el mundo.

Es la Cuba que sufre el embate de un enemigo microscópico, pero al mismo tiempo es la Cuba dispuesta a entregar todo por sí misma, a levantar, hoy más que nunca, las banderas del amor y el cariño. Es Cuba unida cuando los problemas la sacuden. Es Cuba brillando por amor.


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