Vilma: una cubana rebelde
En una inmensa casona santiaguera llegó al mundo el 7 de abril de 1930, con un camino ya escrito entre la opulencia, la música, las raíces francesas y lo mejor de la sociedad cubana de inicios del siglo XX a sus pies.
Estudió Ingeniería Química cuando para las mujeres era prácticamente un sueño entrar a la universidad, pero a los libros y al laboratorio unió la pasión y la entrega de quien sabe que hay niños sin un techo, madres que luchan contra el hambre de los suyos, calles marcadas por la pobreza y el sufrimiento.
Esa fue Vilma Espín Guillois, la joven santiaguera que abrazó la causa de Fidel y organizó el movimiento clandestino en el oriente cubano, que vivió escondida en su propia tierra, lejos de su salón de fiesta y su piano, porque había que construir la Revolución de los humildes y por los humildes que soñó Martí.
La misma Vilma que subió a la Sierra Maestra para convertirse también en soldado, cuando el enemigo ya vigilaba casa uno de sus pasos, la que desafió desde las montañas y después del triunfo de enero el machismo arcaico de una sociedad en la cual las mujeres habían vivido relegadas durante siglos.
La santiaguera, la Ingeniera Química, la guerrillera, fue la misma mujer que empezó a construir desde 1959 un camino mejor para quienes dan vida, esas que desde ese momento tuvieron voz y voto, derechos y oportunidades y demostraron con creces cuánto han sido y son capaces de hacer cada día frente a retos inmensos.
Eso fue Vilma, una revolución dentro de la Revolución, la hermana de muchos, la madre de tantos, la compañera de cientos, la luz de miles, el símbolo de que, sin importar, origen, raza, género, hay voluntades indetenibles cuando se trata del bien común.



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