Vie, 23 julio 2021

Reto cumplido

Las redes sociales, ese fenómeno al que sucumbimos todos o casi todos, han estado en constante movimiento, incluso más, en tiempos de COVID-19. Las personas en casa se la han ingeniado para contactar y múltiples ideas sucumben ante los indiscutibles momentos de aburrimiento o de necesidad de intercambio. Su concepto de establecer nexos se refuerza como mecanismopara suplir la soledad social en que nosdeja este virus.

El primer indicio de que una pandemia nos retenía en casa comenzó con retos. Las personas empezaron a sacar sus recuerdos con las nostalgias que afloran cuando vemos un peligro real ante nuestros ojos o la lejanía de los seres queridos se hace más latente y preocupante. Blanco y negro, colores desteñidos, camisas bacterianas, ropas de pana entraron como avalancha de lo que fuimos, de bebé, de los quince, el preuniversitario, la boda, el embarazo, lo que fue y ya es pasado.

Etiquetas que unían un mismo fin, aligeraban las horas de confinamiento y de paso, hacía retocar con nuestras manos esa historia nuestra y, tal vez, al compartirla la hacíamos un poco más vivida, más perdurable.Conozco a varios renuentes que no pudieron resistirse a la idea de una foto suya con un Krim 18, el símbolo más real de los que crecimos en los 90.

Los collage de fotos de amigos desde lejos con un mensaje de quedarse en casa, los turbantes en el día de África, los aplausos individuales cada noche se convirtieron en cotidianos.

Pero las ideas fueron cada vez más intrépidas o culturales personas imitando cuadros famosos recorrieron el mundo. Se hizo viral una tendencia que ocupó a muchos en la cuarentena, puso a pruebas el ingenio de las personas, captó la atención de entendidos, o no, en el arte y, quizás, nos hizo un poco más conocedores de la cultura universal.Una variante más autóctona y local decidió imitar fotos de escritores famosos, de personajes cubanos que marcaron la infancia, la adolescencia, la adultez.

¿Ocio solamente? Ante la realidad de grupos de venta que pululan en nuestro entorno, nuevos grupos cooperativos vinieron a “salvar” la esencia humanitaria de quienes vivimos en “estas tierras de América”. Antes de la pandemia varias comunidades se unían en grupos de compra venta, pero, indudablemente, una brecha de cooperación se abrió paso en tiempos de estrecheces y necesidades.

Facebook, Telegram, Whatsapp comenzaron a unir personas que tímidamente empezaron a colgar lugares donde podía localizarse un producto bajo la idea de aligerar las compras y no andar a rumbos buscando “qué sacaban en las tiendas de la ciudad”. Pero alguien decidió arriesgarse y pedir un SOS por medicamentos y como una onda expansiva cada quien puso un poco de lo que sobraba en casa y faltaba en otra y compartieron recetas y sacaron sonrisas.

Otros buscan explicaciones, se dan ánimo y crean una red de comunicación entre ellos si Tuenvio saca algo nuevo en su espacio virtual, localizan por dónde van las entregas, aclaran dudas, comparten preocupaciones. Se desean buenos días, buenas noches, hacen sus catarsis, se ríen o burlan y comparten emoticones porque no han surtido pollo. 500 personas desconocidas entre sí, pero que se avisan si surten, aun cuando eso implique una carrera a velocidad para montar algún producto en su carrito.

Prefiero esos fines y caras de las redes sociales, los que comparten buenas películas o comentan sobre series, los que muestran sus sonrisas ante el azote de una pandemia que ha sacado lágrimas y prefieren unir antes de marcar diferencias absurdas. Si salen nuestros mejores sentimientos en estos tiempos prefiero creer, entonces, que todo será un pocomejor después dela COVID-19 y nos llevamos algo positivo de estos meses de agobio.

Ya pienso en el primer reto pospandemia, las etiquetas de las primeras salidas, de los abrazos, de los rencuentros, las tardes de café,las noches de tragos y fiestas con los amigos, el regreso a los pasillos de mi universidad. Pero si aprendimos algo de estos meses, algo que nos hizo crecer como persona, entonces sí, reto cumplido.


Grettel Rodríguez Bazán

Colaboradora Licenciada en Periodismo por la UCLV 2009, disfruta las creaciones audiovisuales e imparte docencia sobre televisión.

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