martes, 6 diciembre 2022

Melanina

Pese a todo lo que se ha hecho en Cuba contra el racismo y por la igualdad, nuestras pequeñas parcelas en las redes digitales también se inundaron con publicaciones sobre la «sirenita morena».

En julio de 2019 se anunció un remake de live action de La Sirenita (que es la manera yanqui de decir que van volver a cobrar entradas de cine para la misma película, pero con actores reales). Nada nuevo: Disney ha hecho de estos remakes un negocio que lucra con la nostalgia, un negocio que es ya parte de la tradición hollywoodense del «refrito», que no respeta nada salvo a clásicos del cine venerados en demasía.

Todo o casi todo puede ser materia prima para un reboot. Pero esta vez el refrito de La Sirenita causó una convulsa polémica, puesto que la actriz elegida para el papel principal no era blanca ni pelirroja.

Enseguida las redes digitales, que son un foro propicio para el exabrupto y la histeria colectiva, se llenaron de publicaciones y «reflexiones» en contra de la «inclusión forzada».

Hombres y mujeres, hechos y derechos, se pasaron horas y horas discutiendo sobre el color de la piel que «debía» tener una criatura mitológica; adultos se ofendieron unos a otros porque la representación de un personaje ficticio de la literatura infantil no estaba a la altura de sus expectativas. Patético y preocupante a partes iguales, sin lugar a dudas.

La polémica se mantuvo en estado de criogenia por meses, pero renació hace escasos días por el estreno del tráiler de la película, que llegará a los cines el próximo año. Y dicha polémica renacida se juntó con otras de igual o mayor intensidad, que se dirimían en las redes ya sea por la «inclusión forzada» de actores negros en el rol de enanos y elfos de una serie basada en El señor de los anillos, o por el casting de un personaje de la serie House of the dragon, que «tenía» que ser blanco y no lo era.

Huelga decir que, al igual que las sirenas, no existen ni los enanos ni los elfos ni los jinetes de dragón, pero eso no impidió que la gente perdiera valioso tiempo en discusiones sobre melanina y mitología.

Pese a todo lo que se ha hecho en Cuba contra el racismo y por la igualdad, nuestras pequeñas parcelas en las redes digitales también se inundaron con publicaciones sobre la «sirenita morena».

Memes muy desagradables, misóginos y racistas a partes iguales, se compartieron a diestra y siniestra; joyas de retórica cretina se vertieron en muros de Facebook sobre cómo La Sirenita era una creación danesa (y los daneses no son negros ni pueden serlo, obviamente); se redactaron monólogos llenos de interjecciones, emojis y lastimeras reminiscencias infantiles.

Para algunos de nuestros compatriotas, generalmente blancos, era ilógico que una actriz mestiza protagonizara la película, aun cuando hace años tuvimos una Coralina mulata y sirena en nuestras pantallas.

Y no, Disney no es un símbolo contra el apartheid y el racismo. Lo único que buscan es ganancias, como mismo hace Netflix con series de época en las que se ignora olímpicamente la existencia de clases sociales y antagonismos basados en prejuicios raciales.

El color de la piel es un detalle baladí, si se mira desde la ciencia y la ética, pero sigue siendo hoy un punto conflictivo en cualquier sociedad (incluso la nuestra). Tratar de obviar eso es cometer el error de confundir deseos con realidad; es asumir que, ignorando el problema, este se soluciona.

Que nuestros enemigos tergiversen e hiperbolicen nuestra realidad y sus problemas, no significa que estos últimos no existan. Hablar de racismo estructural o institucionalizado es algo poco objetivo, pero ello no nos puede llevar a pensar que en Cuba no existe racismo.

Aunque desde enero de 1959 las políticas y legislaciones aprobadas han sido duros golpes contra esa forma particular de injusticia, hay rezagos de ella a nivel social, maneras de comunicarse y coexistir que responden a esos códigos excluyentes que debemos dejar atrás.

Esta polémica sobre el color de la piel de una sirena o de un orco lo único que hace es cristalizar esos prejuicios, a veces velados, que permanecen en la conciencia social.

Hay racismo en Cuba como hay racismo en el mundo entero, aunque a veces no se quiera hablar de ello, como también hay mucho de cretinismo. De ambas cosas tenemos que deshacernos con carácter urgente.


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