domingo, 26 septiembre 2021

La autoresponsabilidad: la regla de oro contra la COVID-19

En medio del tenso escenario epidemiológico que vive la provincia de Villa Clara, la responsabilidad individual deviene la principal medida para evitar el contagio.

Cada día las cifras de contagiados y fallecidos a causa de la COVID-19 en Cuba, alarman y hacen temblar el estómago de cualquiera. Más de 8 mil y 9 mil contagiados por día, un aproximado de 80 fallecidos en cada jornada y un acumulado de más 4 300 fallecidos en la isla desde que inició la pandemia en marzo del pasado año, hablan de los estragos de este letal virus.

Pero este dantesco escenario epidemiológico se agrava aún más cuando se contabilizan además los fallecidos a consecuencia de las secuelas de la enfermedad, cifra que aunque no se publica, se conoce que es un número considerable.

Miles de hogares en Cuba están de luto por la pérdida de uno o varios de sus miembros. Dolorosas son las lágrimas sin consuelo de esas personas que un día vieron salir de la casa a un padre, a una madre, a un abuelito, a un hijo, a un hermano, y nunca más lo vieron regresar. Más triste es aun quedar atragantado de llanto e impotencia porque la  cruel pandemia no dejó espacio para una despedida o para una frase de amor.

Pero duele también no evitar esta tragedia que ha demostrado su oportunismo ante el mínimo de descuido. Y lo digo porque a pesar de la carga informativa por los medios de comunicación masiva para evitar el contagio, y la estresante situación que hoy vive el sistema de salud cubano -donde no es un secreto la tensa situación con los medicamentos y el oxígeno medicinal-, existe un segmento poblacional que no tiene percepción del riesgo o simplemente le perdió el miedo.

En medio del peor escenario en Cuba y en la provincia de Villa Clara, esta última con cifras que superan los 400 y 500 contagios diarios y un número considerable de fallecidos, las personas no asumen con disciplina y responsabilidad, cuando en este momento lo más  importante es preservar la vida.

Colas innecesarias, visitas inoportunas, salida a la calle sin  justificación, aglomeración de personas en lugares públicos, adolescentes y jóvenes en las calles, incumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias en centros laborales y hogares, mal uso de la mascarilla, exposición de grupos vulnerables, no respeto del distanciamiento físico, son algunos de los comportamientos cotidiano que hoy facilitan la acelerada multiplicación de los contagios.

Una parte de la población, porque no puedo decir que es toda, no acaba de concientizar que el nuevo coronavirus, con cinco variantes y seis mutaciones en Cuba, entre ellas la variante Delta, la más contagiosa, mata y deja severas secuelas.

Por ello no importa cuántas medidas adopte el gobierno para reducir la movilidad y la exposición al virus si no se asume la autorresponsabilidad como la regla de oro para contener la cadena de trasmisión. De nada sirve privación del transporte urbano, cierre de centros laborales a las 12 del día y establecimientos comerciales, limitaciones en los servicios médicos, suspensión de trámites, intervención sanitaria y un paquete de  medidas más, si cada persona no es consciente de la responsabilidad individual de cuidarse y cuidar a los suyos.

En estos tiempos de incertidumbre y fatiga pandémica, donde la vida está en juego en un beso, en un abrazo, un estornudo, en un saludo; se requiere apelar obligatoriamente a la disciplina, a la prudencia y a la prevención para autoprotegernos y proteger a los demás. Si no entendemos que la COVID-19 continuará aprovechando cada espacio que le dejemos arrastrando a su demoledor paso más vidas humanas, entonces difícilmente podamos encontrar la luz al final del túnel.


Belkis Vidal Ramos

Periodista Licenciada en Historia y Marxismo por la UCP de Sancti Spíritus en 1993. Periodista de profesión y pasión.

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