lunes, 27 septiembre 2021

El síndrome del hombre corcho

Sanear la sociedad de elementos nocivos resulta indispensable, sobretodo en momentos en que se aplican medidas sólidas para su desarrollo bajo la égida de una dirección ágil y prometedora.

Sanear la sociedad de elementos nocivos resulta indispensable, sobretodo en momentos en que se aplican medidas sólidas para su desarrollo bajo la égida de una dirección ágil y prometedora.

En momentos cuando el país trabaja por implantar un nuevo modelo económico y cambiar todo lo que debe ser cambiado, bien vale la pena evocar a un personaje que desde siempre ha estado presente de alguna manera y por infortunio, en nuestro sistema social, y que lamentablemente todavía tiene vigencia hasta tanto reciba el antídoto que necesariamente tendrá que metabolizar -fundamentalmente en el área económica y sobretodo donde están los recursos-; me refiero al ancestralmente conocido Hombre Corcho. Y cuando digo hombre, refiero al género humano.

El Hombre Corcho, para algunos desconocido, es aquel que ocupando un cargo de dirección o de funcionario público, abusa del poder que le concede su investidura y hace y deshace a dos manos sin temor alguno, pues una vez desenmascarado y tal vez con una mínima sanción, a veces solo administrativa, emerge en otro lugar con similar rango, dirigiendo a veces en el mismo sector; físicamente hablando, siempre flota. Aunque hay otros flotantes que nada tienen que ver con el corcho, pues su propiedad consiste en ocupar una plaza donde el contenido de trabajo es nulo o vacío y solo se dedican a deambular como alma en pena por el centro laboral quien sabe con qué objetivo, pero ese es otro material.

Nuestro personaje no teme al «truene”, como llamamos los cubanos a la sustitución, pues se siente tan seguro que su ceguera no le permite ver la realidad; tiene, además, el don natural de caer bien o valerse de artimañas muy bien aprendidas y defiende a ultranza al «socio» que lo sacará del embrollo, otro personaje maníaco, cuya enfermedad tampoco le permite ver más allá de los beneficios de su vicio o corrupción.

El Hombre Corcho, en mi modesta opinión, es uno de los elementos más nocivos y habrá que arrancarlo de raíz si pretendemos sanear la sociedad, de lo contrario, su efecto repetitivo continuará infringiendo con la estocada mortal propia de un sable envenenado, que no precisamente tendrá un corcho en su filoso extremo.

 

 


Rafael Plasencia Jorge

Periodista Fundador de Telecubanacán, busca reflejar la realidad de la vida villaclareña.

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