Vie, 18 junio 2021

Un asunto de marras, aún sin resolver

Si bien el municipio Manicaragua mantuvo resultados en el movimiento de la Agricultura Urbana, en las actuales circunstancias en que el problema alimentario constituye prioridad, existe retroceso especialmente en el subprograma referido a la producción de hortalizas y verduras con presencia escasa desde los organopónicos y huertos intensivos.

En una mirada a vuelo de pájaro, se advierte el desasosiego de Marlenis López Montelier, Administradora del organopónico El Ranchón, la mayor posición intensiva y rápida en Manicaragua para producir hortalizas y verduras. Y es que hace varios meses es la única área con alguna  producción  que resulta insignificante ante las crecientes demandas, más el atraso en la campaña de siembra pues “estamos perdidos en yerba, apenas las lluvias nos dan tiempo para limpiar y plantar, sacamos algo todos los días, pero son muchos los que se van sin alcanzar nada”.

Si bien en otros tiempos el sistema de la Agricultura Urbana en Manicaragua estuvo acentuado por la sentencia popular “a caballo que vuela, ¿por qué la espuela?, pareciera que tanto el realce como el incentivo se desencajaron. Lo muestra el estado de varios organopónicos sin producciones aunque, ante muchos dolores de cabeza por el abastecimiento de agua, turbinas y otros desvaríos, inician el camino de la rehabilitación como el Bondadoso que va borrando la improductividad en sus cámaras.

Y los pasos han de ser con más celeridad, no solo pensando en los dos meses finales del año, sino en cierta sostenibilidad como se logró en la edad dorada del movimiento de la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar como fortaleza para cubrir buena parte de la tierra donde se decide la alimentación de los pobladores.

Asimismo se precisa potenciar esa agricultura a pequeña escala que nace en el barrio necesitada de estímulo y atención a nivel de demarcación, Consejo Popular, circunscripción  con sus estructuras de gobierno y organizaciones de masas, sin la mera complacencia con las  cifras de patios registrados.

De forma espontánea, son varios los pobladores que encanteran los frentes y costados de sus viviendas en donde  crecen  boniato, habichuela o calabaza. Con este espíritu, obra Alejandra Couceyro Vega. Aunque no habla de soberanía alimentaria en lo microfamiliar, se las ingenia para articular desde su pequeño patio la capacidad y necesidad de producir yuca, plátano, malanga, cilantro, ajíes, ajo puerro, maracuyá, aguacate, maíz, calabaza, recoger de tres a cuatro huevos diarios y así la familia accede a una alimentación diversa, balanceada, nutritiva, inocua.

En la misma barriada, Jesús Díaz Fleites, criador de conejos perdido, mientras se esperanza con la revitalización de los patios de referencia, reduce la dependencia a placitas, punto de venta con sus cultivos.

Los manicaragüenses continúan a la expectativa de la solución del asunto bien conocido que necesita espuelas y ajustes del sombrero, pues el tiempo vuela que se las pela.


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