Lun, 14 junio 2021

Bautizo de fuego del naciente Ejército Rebelde

Tres días despues del desembarco del Granma aconteció el primer combate en Alegría de Pío. Un lugar ubicado en la provincia de Granma, municipio Niquero. Ese combate fue conocido como el Primer bautizo de fuego del Ejército Rebelde que recién nacía.

Después de una extenuante travesía desde México hacia Cuba por los 82 expedicionarios del Granma, el yate llegó a tierra cubana el 2 de diciembre de 1956, con el objetivo de reiniciar la lucha revolucionaria.

Tres días más tarde a su desembarco, aconteció el primer combate en Alegría de Pío. Un lugar ubicado en la provincia de Granma, municipio Niquero. Ese combate fue conocido como el Primer bautizo de fuego del Ejército Rebelde que recién nacía.

El combate fue librado por las fuerzas expedicionarias sorprendidas por el Ejercito batistiano. En la dispersión muchos fueron asesinados y reportados como muertos en combate. Pequeños grupos pudieron escapar por diferentes vías, algunos descendieron al llano y otros se reagruparon en torno al líder de la expedición, Fidel Castro, formando el núcleo principal de lo que sería el Ejército Rebelde.

La expedición había desembarcado en una punta de mangle conocida como Los Cayuelos a dos kilómetros de playa Las Coloradas aquel 2 de diciembre de aquel 1956. El terreno cenagoso, cubierto de manglares hizo que la marcha fuese muy difícil y provocó ulceraciones en los pies de los combatientes que retrasaron su avance.

La mayoría de ellos se fueron deshaciendo en los pantanos del pesado equipo de guerra hasta quedar con lo mínimo indispensable para combatir. Durante la noche del día alcanzaron las guardarrayas del central Niquero dejando un rastro de bagazo de caña que hizo muy fácil al ejército seguirlos.

En la mañana del día 5 acamparon a la orilla de un cañaveral, en un lugar conocido como Alegría de Pío, preparándose para descansar del extenuante recorrido desde los mangles cenagosos de playa Las Coloradas, y esperar la noche.

Poco después del mediodía se escucharon los primeros disparos, generalizándose de inmediato un cerrado tiroteo. Los expedicionarios habían sido sorprendidos por el ejército, y bajo el intenso fuego, se dispersaron. En medio de la confusión y la balacera fueron inútiles todos los intentos por reagruparlos.

Los combatientes fueron localizados con exactitud, las fuerzas del régimen iniciaron con gran rapidez un cerco a su alrededor y, cuando más tranquilamente se encontraban, fueron objeto de un fuerte ataque por parte de las tropas enemigas, creándose una fuerte confusión y una total dispersión de las fuerzas.

Algunos textos recogen que el campesino que les sirvió de guía fue dejado en libertad y dio parte al ejército de la presencia de los expedicionarios en la zona, guiándolos hasta el punto exacto donde estos se encontraban. Otros apuntan a una sorpresa.

El fuego intenso del Ejército fue combinado con frecuentes llamadas para que los sitiados se rindieran, y en aquellos instantes se oyó la voz del capitán Juan Almeida Bosque: “Aquí no se rinde nadie”

Fidel Castro trató de reagrupar a los expedicionarios en un cañaveral cercano, al que sólo había que llegar cruzando una guardarraya, pero no pudo lograrlo y cada cual se retiró como pudo, solo o formando pequeños grupos.

Algunos cayeron en el férreo combate, otros prisioneros y asesinados elevando el número de caídos hasta 21.


Eleonora María Flores Pedraza

Periodista Licenciada en Historia y Ciencias Sociales 1984, muestra interés por el periodismo y los problemas de la sociedad.

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