jueves, 29 julio 2021

Vivir del cuento: Un ejemplo de hacer tv desde casa

El equipo del programa Vivir del cuento demuestra que se puede conseguir un buen producto audiovisual, en condiciones del aislamiento al que nos somete el bicharraco (también conocido por los lindos nombres de Coronavirus, Covid 19 y SARV-CoV-2).

Para que el espacio llegue a nosotros los lunes, se montan tantas escenas como personajes intervienen en la historia. Los familiares de cada artista son los camarógrafos, celular mediante.

Se torna muy difícil  en el caso de Ruperto (Omar Franco) e Isidoro (Marlon Pijuán) que “viven en la misma casa, pero en cuartos diferentes”. La homofobia de del primero hace que el segundo no pueda cruzar “una puerta”, lo que permite el empate en edición, luego de filmadas escenas con uno y otro personaje por sus familias en lugares distantes.

Irela Bravo (Cachita Caché), Wilber Gutierrez, (El carpintero Chacón) y  Luis Manuel Iglesias (Leopoldino) , filman en sus apartamentos mientras Chequera (Mario Sardiñas) entendió el aislamiento como irse con casa de campaña y todo para el campo.  En  el patio de su casa y en otro de un vecino, han escenificado diversos chistes, hasta un homenaje al cine silente cuando el amigo de Pánfilo, sale cubierto por un tanque  porque el robaron la ropa.

Y he dejado a Pánfilo (Luis Silva) para el final porque es el que actúa en cualquier esquina de su casa, con una tela verde detrás  y después es recortado. En un programa, suerte de making off que se realizó, el actor explicó cómo se tenía que sentar y mover para que todos pensemos que vemos la casa de Pánfilo, el escenario que observamos habitualmente.

Lo descrito es la mitad y al medio del proceso. Lo primero es el guion de Jaime Fort, en un gran por ciento, que Ignacio “Nashi” Hernández, el director, comparte con todos los que intervienen para que aporten ideas, chistes, todo con el útil  WhatsApp, (se trata de lo que hacían antes en intensos trabajos de mesa, de los que he sido testigo.)

Luego de filmadas las escenas, se recogen   en memorias flash. Nashi las ve, y más de una vez ha mandado a repetir actuaciones. El editor monta las historias, se le da el acabado en post producción, casi siempre Nashi se lo manda a Silva, y se puede llegar o no al ok.

¿Ha sido fácil? Para nada. El primer  mérito es el guion, enriquecido por los actores en la mayor parte de las oportunidades, una mano directriz que sabe lo que quiere y con qué cuenta para entregar ese programa que lleva doce años insertado en el gusto del público, con un alto nivel de teleaudiencia. A la calidad del producto audiovisual “entre col y col”  se incorporan críticas al entorno social.

Uno o dos programas atrás el tema género, tan mal tratado a veces con historias incoherentes, fue llevado muy bien en una discusión entre Pánfilo y Cachita porque la consideró incapaz de hacer algo, sòlo por el hecho de ser mujer.

Estuve en uno de los últimos programas que se grabó en estudio. De hecho, yo usé un pañuelo a modo de mascarilla y el saludo con los codos. Manuel Calviño fue el actor invitado, entonces escribí y hoy lo repito: solo con un  trabajo de equipo y talento se alcanzan resultados como los que mantiene Vivir del cuento.

Ojalá que pronto aparezca la solución para el asqueroso bicharraco que ha puesto el planeta patas arribas, para reírnos de todas las cosas que han pasado en estos meses de nasobucos, lavado de manos y distanciamiento social, que serán tema, no lo dudo, de ese programa estelar.


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