Lun, 26 julio 2021

Mas allá de acumular fuerzas

Desde finales de 2019 no se hacen planes a largo plazo y diría más, ni a corto plazo; se vive el día a día y se va a la cama pensando cómo será mañana cuando despierte.

Leí hace varios días una publicación que compartía una amiga de Facebook donde decía que pasan las horas, los días y los meses, y la pandemia sigue ahí. Ella no se pierde el parte diario y se crea falsas esperanzas cuando bajan los contagios y vuelve a tomar aliento para continuar. Pero cuando es todo lo contrario, la incertidumbre se apodera de ella y vuelve el temor y la angustia.

Pensé de inmediato que eso me pasa a mí, la sucede a mi madre y a mucha gente más que conozco.  A todo el mundo la pandemia le cambio la vida. Tronchó los viajes de vacaciones de muchos, la fiesta de graduación de otros, los cumpleaños colectivos que suelen celebrarse en familia y hasta las visitas a seres queridos. Mi madre no se cansa de decir ¿Hasta cuándo?

Todos esperamos con ansias el día cero. Pero un cero definitivo, ese que llegue y no se valla más, y que a mi juicio está aún muy lejos de convertirse en realidad, porque al día siguiente de un posible control regresa la cifra elevada y con ella la inseguridad, es como si la COVID jugara a lo escondido con nosotros.

Despertamos y dormimos con cifras altas de casos y hasta de fallecidos en distintas partes del Orbe y decimos como mi madre ¿hasta cuándo?

No tenemos sueños completos desde hace varios meses; dormimos como suele decirse, con un ojo abierto y el otro cerrado, la tensión de la familia, la espera de una llamada, la preocupación va mas allá de la ocupación cuando debía ser lo contrario. También leí que esto les pasa a muchos, sentimientos que comparten en las redes como una válvula de escape.

Han pasado las horas, los días y los meses, y mejor ni contarlos. Amanecemos un día con más fuerza y otros sin ninguna, de acuerdo a la cifra registrada, sobre todo cuando el parte nos da la mala pasada de un fallecido y cifras más elevadas que la jornada anterior, como está sucediendo hace unos días con el rebrote.

Lo mejor que nos trajo la pandemia es que la familia creció para bien o para mal, porque cada enfermo se convierte en tu hermano, tu amigo, tu ser querido y lo incorporas a tu rezo diario por su salud. Creció también la solidaridad entre vecinos y conocidos, y en muchos casos hasta con desconocidos.

Aunque también salió a la luz sentimientos de egoísmo, acaparamiento e ingratitud de algunas personas, y es que a mi juicio siempre fueron así y esto es también para bien, porque como decía mi abuela: “a las gentes se les conoce cuando son tiempos malos los que corren”.

Desde finales de 2019 no se hacen planes a largo plazo y diría más, ni a corto plazo; se vive el día a día y se va a la cama pensando cómo será mañana cuando despierte. Se aplaude a los médicos y personal que está en la línea roja y también aprendimos a pedir salud y protección para ellos.

Hace meses que la COVID-19 es tema a tratar en cada espacio televisivo, radial, de prensa plana y digital. Leemos partes de cualquier geografía y hasta danos animo a personas desconocidas.

Hacemos eco de conferencias del MINSAP, de quienes dicen saber del tema que escribe sobre él en redes sociales basado en conocimientos o no, y en su experiencia personal y familiar. La preocupación, sin dudas, es permanente en la mayoría de las personas del mundo entero, pero también quedan los confiados, aquellos que aseguran que nunca se enfermarán y hasta se descuidan. Y con su descuido va el de su familia y personas cercanas.

El uso de la mascarilla se ha convertido en moda, hay elaboradas de disimiles formas y material, imagino que esa moda valla más allá de algo estético y que cumpla las medidas establecidas para su confección. No censuro eso, si la manera de portarla dejando fuera la nariz o quitándosela para hablar.

El distanciamiento físico, a mi juicio, no se cumple adecuadamente en muchos sitios, espacios públicos, colas de espera y otros que son dianas del no acatamiento, y en cuanto a la higiene, he visto que existen algunos que les molesta hasta que le indiquen el lavado de las manos.

Medidas que no me canso de recomendar porque a decir de los especialistas en el tema, hasta hoy son la única vacuna existente. Por eso retome ud su vida de manera cautelosa, salga al trabajo, al estudio, busque sus alimentos, pero si no necesita salir de casa, ¡quédese en ella! Solo así venceremos a la COVID-19 y créame, va más allá de acumular fuerzas, frase que le escuché decir a un señor que también aclama a su manera, pero como todos, porque acabe de una vez y por todas la pandemia.


Eleonora María Flores Pedraza

Periodista Licenciada en Historia y Ciencias Sociales 1984, muestra interés por el periodismo y los problemas de la sociedad.

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Un comentario en "Mas allá de acumular fuerzas"

  1. En momentos difíciles, salen espontáneamente lo bello y noble o lo peor del ser humano, siempre ha Sido y será así,
    hay kienes se conmueven con el dolor de un desconocido y comparten con el su agua y su pan,otros q hacen todo lo contrario y aplican la ley del más fuerte ,o el más perverso,sin importar kien sufre o kien llora,hay kien osa criticar hasta lo q no conoce ignorando q hace el ridículo,esos abogados del diablo contra todo y contra todos,
    solo por el placer de llevar la contraria,pero somos muchos más los que sentimos la satisfacción y el gozo que provoca hacer el bien,ofrecer tu mano ,a kien te necesite aunke no te lo pida,conmoverse con lo q duele a tu prójimo,que va desde una simple palabra de aliento,hasta la acción más sublime de ayudar sin esperar nada a cambio.
    Por eso no debemos jamás permitir que la crudeza de estos tiempos no dale la ternura de nuestros corazones ♥️🇨🇺🙏