viernes, 2 diciembre 2022

Un Sí que marque el rumbo hacia más felicidad

Cubanas de varias partes del país, edades y procedencias, comparten sus razones para refrendar el nuevo Código de las Familias.

Sobre la meseta de la cocina –apilados a tal punto que asemejan una torre– permanecen, con restos de comida, los platos y cubiertos de la casa de Violeta* Guerra. La noche anterior le subió la presión y no quiso, no pudo, no tuvo fuerzas para fregar.

Ahora prende el fogón, pone el agua a hervir para el café y, mientras echa el detergente en una palangana, suspira a sabiendas de que esa es solo la primera de todas sus «obligaciones» hogareñas.

«Así es mi rutina casi todas las mañanas», dice a Granma esta ama de casa, antes de enumerar, de carretilla, las labores que componen el resto de su jornada: limpiar, lavar, echarle la comida al perro, ir a la bodega, barrer el patio, cocinar… y volver a fregar.

Violeta tiene 69 años. Está enferma y cansada. Su familia lo sabe. Sin embargo, para ella no hay días feriados ni fines de semana, tampoco vacaciones. «Mi esposo trabajó 40 años en la Agricultura y desde que se jubiló solo quiere descansar. Mi hijo es ingeniero y no tiene tiempo para las cosas de la casa. ¿Y yo, qué derechos tengo?»

También desde su vivienda, «único centro de trabajo» que ha conocido desde que se casó –hace ya 44 años– Silvia Reyes comenta a este diario que la labor de ama de casa suele adolecer de la falta de reconocimiento familiar y social.

Ella, quien asegura tener «un corazón de hierro» después de haber resistido cuatro anginas de pecho derivadas de una cardiopatía, sigue siendo, a sus 64 años, el horcón de una familia numerosa compuesta por su esposo, dos hijos y tres nietas.

No obstante, afirma que en su hogar no hay acomodamientos, pues muchas de las tareas se comparten; «y aun así, la verdad es que ser ama de casa implica un sacrificio tremendo», revela Silvia.

Por ello, a esta «heroína del hogar» se le dibuja una sonrisa en el rostro cuando alguien le habla del nuevo Código de las Familias. «Por primera vez, las amas de casa estaremos representadas en una ley en la que se habla de cuidado, consideración y respeto a quienes tenemos sobre nuestros hombros las labores domésticas».

Y aunque Silvia no conoce a Violeta; ni Violeta sabe de las proezas hogareñas de Silvia, ambas asistirán a sus colegios electorales para marcar sus boletas a favor de un Código que, entre sus novedades, respalda la distribución equitativa del tiempo destinado al trabajo doméstico, y la igualdad entre todos los miembros del hogar, sin sobrecargas para ninguno de ellos.

UNA LEY BUENA PARA TODOS

Dulce Bubaire Cañada expresa su total simpatía por el Código de las Familias, una ley «de sano propósito, que no hace daño a nadie y es buena para todos los cubanos».

Esta matancera es ama de casa, tiene 71 años de edad, y dice sentirse orgullosa de sus dos hijos y tres nietos. «Mi familia no es el paraíso, pero tampoco hay grandes conflictos».

«Por lo que he podido ver y escuchar, el nuevo Código ampara la diversidad y protege, y algo así debemos verlo de forma optimista. Conozco personas que han quedado solas, abandonadas, sin el menor amparo de nadie, víctimas, a veces, de los miembros de su propia familia. Son males que ahora encuentran solución».

Para ella, una de las mayores virtudes del nuevo Código es cuánto fortalece el papel de los abuelos y abuelas en el grupo familiar. «Es verdad eso que dicen los expertos, de que con nosotros este instrumento legal salda una deuda histórica.

«Entiendo que tenga partidarios y adversarios, pero creo que existen muchas razones para expresar el Sí en el referendo.

«Yo les digo a mis amistades, a todas aquellas personas que se acercan y me preguntan, que más allá de los puntos de vista de cada quien, aquí priman lo humano y el afecto, como dicen los entendidos y reconocen nuestros máximos dirigentes, y de lo que se trata ahora es de respaldar algo que es saludable para el presente y futuro de la sociedad».

A su juicio hay otra cosa que ha sido admirable, y es que la elaboración del documento se puso al alcance de todos, de los especialistas y de la opinión del pueblo. «Eso no es un simple detalle, que en él haya participado todo el mundo es algo que le da mucho mérito al Código».

JUVENTUD CON SENTIDO DEL MOMENTO HISTÓRICO

«Es una gran emoción, porque sientes que vas a tener una participación más activa en las decisiones de tu país. Votar también es una manera de opinar y de expresar lo que sentimos en relación con este proceso del Código».

Así resume Lianna García Navas sus expectativas para mañana. A sus 16 años, tiene la madurez suficiente para comprender la importancia de ejercer su voto, de tener acceso a un derecho que es en este país inalienable y que, sin duda, como bien ella lo sabe, ha devenido tradición de transparencia y democracia.

La estudiante de 11no. grado del Instituto Pre-Vocacional de Ciencias Exactas Luis Urquiza Jorge, de Las Tunas, reconoce lo histórico de «formar parte de una decisión colectiva que podrá abrir una nueva etapa para nuestro país, para nuestro futuro. Eso también, creo yo, es una gran responsabilidad.

«El Código de las Familias propone nuevas visiones, nuevas alternativas, derechos y oportunidades para personas que, de otra manera, no podrán tenerlas. Pienso que con una norma como esa muchos cubanos y cubanas podrían sentirse más libres».

MI VOTO SERÁ POR LA REVOLUCIÓN

A sus 81 años, la santaclareña Nélida Cabrera Trujillo confiesa que por muchas campañas y mentiras que se orquesten acerca del nuevo Código de las Familias, su posición de apoyo al documento es clara: «Estaré, como siempre, al lado de la Revolución».

Es sincera cuando dice que por la escasez de vista que tiene, más otras dolencias que la aquejan, no ha podido leer el nuevo Código como hubiera querido; sin embargo, ha tratado de escuchar todo lo que publican los medios sobre el tema, e indagado con algunos vecinos y familiares que sí lo conocen al detalle, todo lo cual le ha permitido llegar a sus propias conclusiones.

Al respecto señala que, si bien puede que haya asuntos en los que tiene sus propios puntos de vista, ahora de lo que se trata es de lograr la mayor justicia y de asumir los cambios que se han producido en la sociedad cubana, que para nada es similar a la que ella conoció.

«¿Por qué discriminar a dos personas de igual sexo que decidieron unirse, si lo más importante es su comportamiento y los valores que los caracterizan?», se pregunta Nélida, quien pone el ejemplo de dos jóvenes del barrio donde reside.

Habla, igualmente, de la protección que tendrán los abuelos y personas de la tercera edad, algunos de los cuales permanecen solos y medio desamparados, a los que el Código de las Familias les brindará la protección que requieren.

«Es muy triste construir una familia y que esta después te dé la espalda», señala la mujer, quien reconoce que, aunque no es su caso, porque tiene en sus hijos Yuri, Tania e Isbel, a tres tesoros que la miman, sí sabe de varios ancianitos que no corren igual suerte, a quienes el contenido del documento les viene como anillo al dedo.

PARA VIVIR FELICES Y CON RESPETO

Para Elena Baró Torres, jubilada del sector periodístico en Guantánamo, el nuevo Código de las Familias constituye el logro más grande de la sociedad en los últimos tiempos, sobre todo, porque visualiza y empodera a los adultos mayores como sujetos de derecho, con plena voluntad e independencia para decidir en el presente y para el futuro.

«Mi Código –dice Elena, con total sentido de pertenencia– me dará opciones para elegir cómo quiero vivir cuando sea más viejita, y hasta con quién deseo pasar mis últimos años, quién me cuidará… Me brinda la oportunidad de dejar mis bienes a quien realmente lo merece, en retribución por protegerme y respetarme como persona».

Elena tiene 74 años y es súper activa, o al menos trata de estarlo, pues, ahora, una dolencia en la rodilla le impide hacer todas las peripecias de antaño. Ella es el vivo ejemplo de que las personas adultas mayores pueden ser muy proactivas.

«Conozco un caso que me tocó de cerca. Se trataba de una señora que vivía con su hija, pero esta última no la quería. La joven casi ni bañaba a su madre, ni la alimentaba, quien además debía someterse a hemodiálisis. Un día la señora determinó dejar de atenderse: se condenó a morir.

«El colmo es que la hija, hasta el último momento, estuvo cobrando una comisión por cuidar a su propia madre; sin embargo, no solo incumplió con esa encomienda, sino que incluso violó el más importante deber de los hijos con los padres. Al final, tras fallecer la señora, la hija quedó como propietaria de la casa y no la merecía.

«Con este nuevo Código la señora hubiese estado protegida, y hasta podría haber solicitado un mejor cuidador, asegura Elena. El respeto a la opinión propia, la protección contra la violencia, la no discriminación… serán norma y ley con este Código, solo hay que ratificarlo, y lo haremos, porque sabemos que marcará el rumbo de los cubanos hacia tiempos mejores y más felices».


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