Lun, 26 julio 2021

Un año de incansable batallar por la vida.

Este 11 de marzo, hace un año de la llegada del Covid-19 a Cuba; un año en que se extreman las medidas de salud en una lucha por la vida.

Este 11 de marzo, hace un año de la llegada del Covid-19 a Cuba; un año en que se extreman las medidas de salud en una lucha por la vida. En Cuba, la batalla por la calidad de vida de sus habitantes es punto rojo, pero en estos últimos 365 días, la COVID-19 y sus consecuencias acapararon toda la atención de los cubanos.

Las cifras de contagio en todo el orbe son escalofriantes, nuestro país tampoco se queda atrás; nunca antes una enfermedad había paralizado al país tanto tiempo, ni había puesto a todo el personal de salud en función de una sola tarea. Sin descanso desde entonces, médicos, enfermeros, personal de apoyo en todas las áreas de salud, se han convertido en imprescindibles.

El personal científico apuró su paso y aparecieron vacunas y medicamentos para detener la Covid; todas con un mismo objetivo: validar lo más importante que tenemos, la vida de los seres humanos en cualquier rincón del planeta.

Aparecieron también otros héroes y heroínas anónimos fuera del sector de la salud; mujeres que confeccionaron mascarillas y trajes protectores, mensajeros y activistas dentro de las comunidades para acercar los medicamentos a los más vulnerables a la enfermedad; así como otros tantos que realizaron iniciativas casi increíbles para evitar el contagio.

El quédate en casa, usa el nasobuco o mascarilla, lávate sistemáticamente las manos, mantén el distanciamiento físico constituyen las frases quizás más trilladas en los últimos tiempos por su constancia en todos los medios de comunicación y en la vida cotidiana.

Aprendimos a sustituir las muestras de cariño que caracteriza a los cubanos; cambiamos los abrazos y besos por un saludo desde lejos, una llamada por teléfono, un choque de puños cerrados y hasta de codos. Por supuesto que nos costó trabajo aprender, pero lo hicimos.

Con tristeza comencé a ver en las noticias, las grandes urbes con calles desiertas, las imágenes de Italia me sacudieron y conmovieron, similar sucedió con otras de España, China y otras ciudades. Desde entonces, los hogares en Cuba permanecen a puertas cerradas, los establecimientos tienen horarios restringidos, existen limitaciones en el transporte y muchas otras medidas que han ido apareciendo en este año para evitar el contagio.

Reaparecieron con más fuerza palabras como cuarentena, pesquisas, acortar distancias para saber de la salud del prójimo. Lamentamos muertes de desconocidos, alentamos a sus familiares sin saber quiénes eran y así sucedió un año en el que, para muchos, el encierro de quedarse en casa se convirtió en su cotidiano andar.

Apareció el teletrabajo, el trabajo a distancia y otras modalidades para no dejar de hacer; creo que hasta llegaron para quedarse como alternativas eficientes de empleo; se profundizaron los lazos de solidaridad entre amigos, vecinos y conocidos; reaparecieron y surgieron nuevas amistades virtuales con fuertes vínculos y ayudas.

En fin, a un año de su llegada no deseada, podemos seguir citando cosas que nos enseñó este invisible virus. Cuba, al igual que el resto del mundo, sufre su presencia que ha transformado nuestras horas y nuestros días en un constante batallar por la vida.

Llegó y aún no se ha ido un enemigo que cobra bien caro cada descuido, cada indisciplina, cada irresponsabilidad que cometemos. Su precio es una vida, la más valiosa riqueza.


Eleonora María Flores Pedraza

Periodista Licenciada en Historia y Ciencias Sociales 1984, muestra interés por el periodismo y los problemas de la sociedad.

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