Mirarse por dentro
✍🏻Amalia Ramírez Rodríguez/ Vanguardia
📸Ramón Barreras/ Vanguardia
Hay fotógrafos que buscan capturar lo que ven, otros, como Gabriela, construyen a través de la imagen lo que sienten. En esta entrevista nos acercamos a la joven fotógrafa Gabriela López, para quien la cámara se convirtió en su medio de expresión, la fotografía en su idioma y la edición en una extensión natural de su mirada.
—¿Cómo empezaste en la fotografía y por qué la elegiste como medio de expresión?
—Siempre quise acercarme al arte de alguna manera hasta que descubrí la fotografía como forma de expresión. En mi mente la mayor parte de sentimientos y emociones eran muy visuales, no era capaz de explicarlos en palabras, hasta que encontré la forma de llevar todo eso hacia afuera. Compré mi primera cámara con mucho esfuerzo y sentí que había descubierto el medio definitivo para acercarme al arte. Mi vida cambió, porque encontré mi pasión, aquello con lo que podía realizarme y sentirme plena.
—En tu trabajo destaca mucho la edición. ¿Con qué intención utilizas este recurso?
—Cuando tomo una foto ya la hago pensando en cómo la voy a editar después. Para mí la edición no es solo técnica, es una forma de expresión más. Muchos dicen que es la mitad del trabajo, pero a veces puede ser incluso más de la mitad, porque es la herramienta que nos permite transmitir nuestras ideas y nuestro mensaje.
«Las sensaciones que tengo cobran forma en mi cabeza y mi trabajo es sacarlas afuera. Por eso compongo siempre pensando en lo que voy a producir después en postproducción. No lo veo como un proceso separado, sino como parte integral de la creación»
—Utilizas las redes sociales como un medio para dar a conocer tu trabajo y expresar ideas. ¿Es un proyecto que empezaste por gusto o por la necesidad de difundir tu obra?
—Cuando comencé en redes sociales lo hice como una forma de cerrar el ciclo: imaginaba la foto, la hacía y luego la publicaba. El arte debe ser visto. A veces puede ser una presión mantener las redes activas y la creatividad al mismo tiempo, pero me he enfocado en lo que realmente me gusta: hacer fotos.
«Lo que sí me ha ayudado mucho es difundir exposiciones e iniciativas, como obras interactivas en las que el público se convierte en cocreador. Creo que las redes sociales cumplen un papel fundamental porque permiten que el mensaje llegue a más personas y que estas se vinculen con el proceso creativo más allá de la obra terminada».
—Has participado en varias exposiciones colectivas y tus trabajos han estado presentes en revistas incluso internacionales. ¿Cómo ha influido esto en tu carrera artística?
—He participado en exposiciones en Villa Clara y La Habana, en salones provinciales y proyectos de visibilización y comercialización de arte. Indiscutiblemente son una forma de crecer, porque nos vinculan con otros artistas, nos muestran otros recursos y nos inspiran.
«Creo que toda persona interesada en el arte debe consumirlo y estudiarlo lo más que pueda. Conocer a otros artistas nos da referentes y nos ayuda a entender cómo funciona el arte y el mercado hoy, además de inspirarnos con los procesos creativos de los demás».
—Además de tu fotografía conceptual, realizas sesiones fotográficas con un estilo más editorial o que varía según los gustos de tus clientes. ¿Crees que aporta a tu trabajo personal o te aleja de tus objetivos?
—En las sesiones que realizo para clientes siempre trato de darles mi sello personal. Me ayudan a entrenarme en composición, encuadre, edición y también en el vínculo humano. Me gusta conocer la subjetividad de cada persona, su mundo interior.
«A veces siento que es como otra personalidad distinta a mi trabajo personal, pero ambas facetas se complementan y me alimentan. El trabajo para mí lo veo totalmente diferente y desligado del trabajo para los demás, aunque se nutren mutuamente».
—Recientemente se inauguró tu primera exposición personal, Materia frágil. ¿Cómo fue la experiencia?
—Materia frágil es mi primera exposición personal. La siento como un cierre de etapa, un momento en el que necesitaba producir algo que me alimentara espiritualmente. Me permitió llevar la obra más allá de las pantallas, porque el medio también es parte del mensaje.
«No es lo mismo ver una foto en Instagram que verla impresa en papel fotográfico o en PVC a gran tamaño. El medio aporta a la narrativa y eso no se percibe en una pantalla. Entre las piezas, Tolerance y El vacío de color son muy importantes para mí: lograron captar lo que necesitaba expresar y conectar con las personas. Son obras de las que me siento muy orgullosa».
—En otras ocasiones has expresado que tu obra es autorreferencial. ¿Qué conflictos te interesa tratar a través de ella?
—Mi obra es profundamente autorreferencial. Trabajo mucho el cuerpo como metáfora de vivencias, identidad y conflictos universales. El cuerpo es un espacio simbólico donde se inscriben las relaciones sociales y la exploración de identidad.
«No es tanto hablar de mí, sino de lo que me hace igual a otras personas. Lo importante de lo autorreferencial es que habla de experiencias compartidas. También trabajo el autorretrato, incluso con fotos de mi hermana, porque reflejan mi mundo interior. Aunque sea otra persona, esas fotos también son autorretratos porque hablan de mí».
—Afirmas que Materia frágil es un cierre. ¿Cómo describirías la siguiente etapa que quieres abordar?
—Después de Materia frágil me interesa explorar conceptos del arte contemporáneo y realizar intervenciones que vayan más allá de la fotografía tradicional. Creo que será una etapa de mucho crecimiento. Me interesa trabajar en medio de la fotografía, pero no de una forma puramente fotográfica, sino con otras intervenciones que amplíen el discurso.



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