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Leyendas de Santa Clara: un legado patrimonial de más de tres siglos

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Y. Crecencio Galañena León/ACN

Desde su fundación hace casi ya 337 años, Santa Clara ha sido una ciudad de historias que no siempre constan en los libros; relatos de aparecidos, brujas en Peña Blanca, tesoros escondidos y fantasmas que rondan las calles han nutrido por más de tres siglos la cultura popular tradicional de esta región central cubana.

Se trata de una parte del legado del patrimonio inmaterial de la nación que, gracias al trabajo de escribanos y editores, ha quedado plasmado en manuscritos y publicaciones locales que hoy constituyen una fuente imprescindible para entender el imaginario villaclareño.

Judiel Reyes Aguilar, secretario de Comunicación y Relaciones Públicas de la Unión de Historiadores de Cuba en Villa Clara, explicó a la Agencia Cubana de Noticias que el origen de esta tradición escrita se remonta a 1831, cuando el camagüeyano Manuel de Sed y Colón trajo a la villa la primera imprenta.

A partir de ese momento comenzaron a publicarse periódicos de vida efímera, así como folletos y libros de manera esporádica; pero esa producción editorial, aunque limitada, fue el germen de un nutrido movimiento intelectual en el siglo XIX, afirmó.

La mayoría de los colaboradores de aquellas primeras publicaciones carecían de experiencia previa como escritores; por ello, no resulta extraño que la tradición oral se convirtiera en su principal fuente de inspiración; leyendas que circulaban de boca en boca encontraron entonces su reflejo en cuentos, relatos, poemas e incluso novelas cortas.

«En esas obras a veces es difícil descifrar los límites entre la manifestación popular y la creación literaria», señaló el historiador, «hay textos que reproducen con exactitud la leyenda tal como se contaba; otros, en cambio, se inspiran en ella para crear una obra literaria propia».

Entre los autores decimonónicos, destacó a Manuel Dionisio González Yanes, reconocido como el primer historiador de Santa Clara por su «Memoria histórica de la villa de Santa Clara y su jurisdicción»; en 1848 publicó «El indio de Cubanacán o las Brujas de Peña Blanca», una novela que, según confesó el propio autor, se nutrió de diversas leyendas locales.

Ya en el siglo XX, la labor recopiladora adquirió nuevo impulso; la investigadora Hedy Herminia Águila Zamora, explicó que el patriota, periodista y escritor Manuel García Garófalo Morales realizó un notable trabajo registrando fuentes orales, labor que continuó su hijo Manuel García Garófalo Mesa, autor de los dos tomos de «Leyendas y tradiciones villaclareñas» (1915 y 1929).

«En el período de 1902 a 1959 se multiplicaron las publicaciones de mitos en la prensa local y aparecieron las primeras compilaciones dedicadas a la cultura popular de Santa Clara», apuntó Águila Zamora.

Entre esas compilaciones destacan los dos tomos de «Tradiciones villaclareñas» (1929 y 1933), de Antonio Berenguer y Sed; a ellos se sumaron, en décadas posteriores, el folclorista Florentino Martínez Rodríguez con su libro «Ayer de Santa Clara» (1959), las investigaciones que en los años 60 y 70 realizaron José Seoane Gallo y Samuel Feijóo en la región central —recogidas por este último en «Mitología Cubana» (1986)—, y Luis García González con «Estampas villaclareñas» (1996).

Según Reyes Aguilar, algunos de estos relatos no son leyendas originales, sino recreaciones literarias de creencias y expresiones de la oralidad; pero «precisamente por eso permiten tener una visión del imaginario popular, de la forma de vida de los ciudadanos y de elementos de la historia de la ciudad que de otro modo se habrían perdido».

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