jueves, 5 agosto 2021

Primera mirada al color cubano

La publicación el 20 de abril de 1930 de ocho poemas firmados por Nicolás Guillén en el suplemento Ideales de una raza, de El Diario de la Marina, representó un parteaguas en la historia de la cultura cubana: surgía en el archipiélago una voz lírica única e irrepetible

La publicación el 20 de abril de 1930 de ocho poemas firmados por Nicolás Guillén en el suplemento Ideales de una raza, de  El Diario de la Marina, representó un parteaguas en la historia de la cultura cubana: surgía en el archipiélago una voz lírica única e irrepetible, cuyas resonancias serían cada vez más rotundas y, aún más importante, hacía visible la identidad de un sujeto hasta entonces marginado o, en el mejor de los casos, estereotipado o subalterno en la creación artística y literaria.

Las circunstancias actuales han impedido la justa celebración del acontecimiento que tuvo lugar hace nueve décadas. Así lo habían proyectado la Uneac, institución que siempre recuerda el liderazgo del poeta en su creación, y la Fundación Nicolás Guillén antes de que irrumpiera la pandemia provocada por el sars-Cov 2, mas ello no quita que en la memoria popular deje de evocarse aquel hito histórico y que, valga la sugerencia, entre las lecturas familiares de estos días haya espacio para reconocer –y para algunos conocer por primera vez– los Motivos de son, título genérico de la breve colección poética

Guillén iba a cumplir 28 años de edad cuando publicó Motivos de son, en el insólito hiato que el periódico más reaccionario abría paradójicamente al pensamiento avanzado.  No eran aquellos sus primeros versos; había escrito poemas y ejercido un temprano entrenamiento periodístico en su Camagüey natal, al que volvió después de una frustrada estancia habanera para darse cuenta de que debía encauzar de una manera diferente su vida en la capital del país. Al mismo tiempo cobró conciencia de que había llegado el momento de desembarazarse de la resaca del modernismo y el neorromanticismo al uso en la poesía de la época, e intentar ser él por sí mismo.

Le asistía la conjunción de talento, sensibilidad y anticipado sentido del oficio, a más de insertarse en un momento crucial de la historia nacional –la percepción del aborto de la república martiana forzado por la injerencia de Washington y la corrupción de la política local; y la creciente repulsa al régimen dictatorial de Gerardo Machado– que se reflejaba en la vocación social de determinados círculos intelectuales (Revista de Avance, Grupo Minorista), en los atisbos iniciales de una vanguardia artística en la pintura y la música de concierto; y, no menos relevante para el poeta, la irradiación nacional de una especie musical, el son,  nacida en el seno del pueblo.

En Motivos de son, el joven bardo dio voz al negro y al mulato –de ambos sexos– que habitaba en los solares habaneros, trabajaba explotado en el puerto, dejaba la piel en las construcciones faraónicas de la burguesía, desempeñaba modestos oficios, engrosaba las filas mal pagadas de la servidumbre doméstica y luchaba por dejar atrás el estigma no muy lejano del látigo y el barracón.

La presencia negra en la trama social y cultural cubana había ocupado ya el centro de los estudios de Fernando Ortiz, se revelaba en las composiciones de Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán y asomaba en nuestras poéticas precedentes como las de Ramón Guirao y el inefable José Zacarías Tallet.

Cada verso de Guillén implicaba un compromiso con la realidad de la que formaba parte el poeta; de modo que hubo simpatía, mas no complacencia; filón costumbrista, mas no pintoresco: el negro con su fonética y giros lexicales, el negro con sus rasgos físicos, afirmaciones y también, ¿por qué no? negaciones –el negro que reniega de la pasa, que aspira a «blanquearse» para ser mejor considerado, el negro que tiene a la abuela negra en la cocina, el negro que pretende vivir a costa de la negra (al problema racial se suma aquí una interesante perspectiva de género).

Hay que estar de acuerdo con el poeta y profesor Guillermo Rodríguez Rivera cuando afirma de Motivos de son: «Es una forma nuestra de la vanguardia; porque fue escandalosa, porque rompió con lo que se hacía habitualmente, porque colocó una nueva forma de poetizar en la tradición cultural cubana».

El Guillén que madura en Sóngoro cosongo y alcanza la expresión lírica más depurada en las elegías o libros como El son entero y La paloma de vuelo popular, el Guillén que lanza a Cuba a navegar por el Caribe y el mundo, el Guillén que avizoró la plenitud de nuestra integración sociocultural al concebir «el color cubano», no se explica sin estos tremendos Motivos de son.


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