Jue, 24 junio 2021

Mamá-doctora o los retos de Laura

Las colaboraciones médicas cubanas mantienen una lucha diaria para evitar la propagación de la enfermedad en los países en que trabajan. Esa es la historia de Laura Martínez, mamá y doctora santaclareña que hoy se encuentra en Guatemala.

La noticia de la expansión de la COVID la recibió en un país de América que empezaba a conocer. El virus había llegado a Cuba y sintió “el primer miedo de quien se encuentra lejos, no poder ver de nuevo a su familia” y, aunque para un médico esos temores nunca pasan aprenden a sobrellevarlos porque “no tienes opción de quedarte en casa”.

Desde entonces Laura Martínez Hernández anda dividida en dos aguas: la preocupación constante por los suyos y su trabajo como doctora de la colaboración médica en Guatemala, país en el que se encuentra desde julio del 2019.

“Continuamos brindando atención médica con todas las medidas de seguridad. Aunque el país asumió desde temprano el cierre de fronteras existen puntos débiles que siempre preocupan, los deportados que siguen entrando y con ellos, muchas veces el virus. Los casos aumentan y los pacientes realizan la cuarentena en casa y no aislados. Lo más complejo es tratar que las personas entiendan el riesgo real y se cuiden”.

Doctora santaclareña de 31 años de edad, Laura acumula 3 años en Venezuela donde comprendió “que el contraste más grande radica en que lo que para ti es completamente normal para ellos es algo extraordinario como, por ejemplo, tener un médico al alcance de la mano”.

Ahora en Guatemala y a los pies del Tajumulco, volcán más alto de Centroamérica, consulta de 8 am a 4:30 pm. Ha visto patologías parecidas a las que trataba en su consultorio 17-38 del policlínico Chiqui Gómez, pero otras bastante alejadas a su realidad.

“Mucha diarrea, parasitismo intestinal, desnutrición, eso sí no se ve con mucha frecuencia allá. Hipertensión, diabetes y mucha labor profiláctica, imprescindible en estos países donde me choca mucho la falta de cultura médica”.

A diario lidia con todas estas tareas, aunque en más de una ocasión “moquea”, como ella misma define, al pensar que irse para Guatemala fue una de “las decisiones más difíciles de la vida”.

¿Y cómo lleva la lejanía mamá Laura. Cuán difícil fue irse con un Diego de dos años?

“Veo a Diego en todos lados. Es la parte más dura de todo. Pero cuando viene alguien a darte las gracias porque ese niño está mejor por tu tratamiento, sientes que valió la pena”.

No obstante, el desvelo es permanente y alivia sus nostalgias con videos y llamadas. No siempre lo logra pero, para eso, tiene una red colaborativa en Cuba de familia y mamás-amigas con las que triangula cualquier información sobre el avance de Diego en el círculo, sus tardes de juego en casa con amigos y hasta su estado de salud, así sea el catarro más mínimo. Equipo de apoyo que encabeza su mamá Marta Mery Hernández, una mujer fuerte de la cuál Laura heredó mucho.

¿Cuánto de Marta Mery tiene Laura?

“Todo diría yo. Mi mamá siempre ha estado ahí y si pude tomar esta decisión y estar en Guatemala es porque ella cuida la retaguardia y da fuerzas. Creo que Laura es quien es gracias a Marta Mery”.

Este día de las madres llegará con aires de tristezas para ella, es inevitable al estar lejos de las dos personas más importante de su vida. Eso, quizás, no lo tuvo en cuenta la niña que de pequeña jugaba a los médicos o acompañaba a su mamá a la escuela de medicina y se quedaba deslumbrada. Ahora Laura es una doctora de verdad y, aunque no sospechó que tomaría decisiones tan difíciles, también lucha como valiente por una Guatemala más sana, confiada que en Cuba, otros doctores como ella, mantienen a salvo a los suyos.


Grettel Rodríguez Bazán

Colaboradora Licenciada en Periodismo por la UCLV 2009, disfruta las creaciones audiovisuales e imparte docencia sobre televisión.

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