Vie, 25 junio 2021

La retaguardia de la hotelería y el turismo

En el Hotel La Granjita del Grupo Hotelero Cubanacán, las rutinas de servicios al cliente han cambiado totalmente desde el diagnóstico de los primeros casos de la COVID-19 en Cuba.

Solo tres días después de conocerse los tres primeros casos positivos en Trinidad, la instalación hotelera se convirtió en Centro de aislamiento para los turistas sospechosos que viajaban por las provincias centrales, ofreciéndoles todas las comodidades y servicios a estos clientes que vivían la incertidumbre de portar la enfermedad. A la par continuaba recibiendo a sus clientes que de igual manera llegaban a la instalación.

Luego, ante la indicación del gobierno cubano, asumió el hospedaje de aquellos turistas que pernoctaban en hostales, ante la decisión del regreso inmediato a sus países.

Desde el primer momento, el riesgo y el peligro estaban latentes. Las rutinas se tornaron más intensas para los trabajadores de La Granjita, que sin dudas asumieron el reto y el riesgo de esta nueva situación, brindando con el mismo amor sus servicios.

Las sonrisas amables quedaron cubiertas por los nasobucos o mascarillas, indispensables en estos tiempos, pero la cortesía y amabilidad continuaron vistiéndose por quienes a diario atienden a sus huéspedes.

La inmediatez de la tarea a cumplir no dejó de un lado la indispensable capacitación y conocimiento por parte del personal de salud para evitar el contagio entre los trabajadores.

Tras la puesta en práctica de las medidas adoptadas por el gobierno cubano, y el regreso a sus países de los miles de turistas que se encontraban en la Isla del Caribe, la villa campestre entonces asumió un nuevo rol.

Hoy convertido en centro de descanso para nuestros médicos que laboran largas jornadas en el Hospital Militar “Manuel Piti Fajardo”, quienes a diario entregan lo mejor de sí a los pacientes ingresados en la unidad asistencial, La Granjita se convierte en la casa de estos héroes de batas blancas.

El temor ante el posible contagio no amedrenta ni a cocineros, dependientes gastronómicos, ni camareras. Ellos continúan prestando con amor su labor, que hoy se hace más importante que nunca ante el cuidado de sus compatriotas.

Las rutinas de trabajo cambiaron totalmente:de un servicio buffet ahora asumen el servicio de habitación. Hasta cada uno de los dormitorios llevan los alimentos, y cuánto necesiten los galenos.

“Sin perder la ternura y el amor, hemos continuado prestando nuestros servicios con la misma calidad de siempre, ahora en esta modalidad nueva para nosotros pero que asumimos con el compromiso y la entrega que siempre hemos mantenido en la instalación” expresa Vladimir  Méndez Masjuan, subdirector del Hotel La Granjita, quien reconoce el gran esfuerzo de sus muchachos a pesar del riesgo.

Gladiadoras de la hotelería ante la COVID-19 

Un peligro que como los médicos, ellas y ellos asumen en la primera línea de fuego. Pues las camareras o gladiadoras de la hotelería, como las llama Yanet Rodríguez Carmona, quien por muchos años asumió este oficio y hoy es la Ama de LLaves del hotel, son quienes mayor peligro enfrentan al asumir la limpieza de cada objeto y superficie donde el virus puede estar presente.

“Las camareras tuvimos que desechar los procedimientos de la hotelería respecto a la limpieza de las habitaciones. Recibimos una capacitación de cómo limpiar las superficies con hipoclorito, recoger la ropa de cama, todas las medidas a tomar en cuenta y sobre todo trabajar muy concentradas porque no podía haber ningún fallo”.

Como en muchas instituciones la ausencia de parte del colectivo incrementó la carga de trabajo para quienes asumen la responsabilidad, pero ello no constituyó impedimento para desarrollar una labor tan importante. “Las pocas que quedamos asumimos el reto,   teníamos miedo por nosotros y nuestras familias, pero contamos con los medios de protección  y el apoyo de nuestros compañeros que también nos ayudaron”.

Lo novedoso y desconocido de este nuevo coronavirus siempre infunda temor para quienes saben del riesgo latente al que se exponen cada día. Pero para ellas, las gladiadoras de la hotelería, el apoyo y cofradía de sus compañeros les ayudó a superar ese miedo, que hoy enfrentan con la entrega total al cuidado de nuestros médicos y enfermeras, quienes agradecen sus atenciones con una mirada luminosa y tierna.

“Ellos nos quieren ayudar y nosotros no se lo permitimos. Nosotros  nos sentimos satisfechos de apoyar su labor desde nuestro trabajo”, alega Rodríguez Carmona, quien por más de veinte años ha laborado en esta área tan importante de la hotelería.

“Con los turistas también sentíamos el agradecimiento, el brillo en sus ojos o los gestos que nos hacían al ponerse la mano en el corazón, expresando su satisfacción, a pesar de no poder observar la sonrisa en sus rostros”, agrega.

Momentos de la vida que los jóvenes asumen con responasabilidad y conciencia…

Elianne, Armandito y Genrry, son jóvenes dependientes gastronómicos que ante la tarea de atender a los médicos no dudaron en dar su paso al frente, en esta “experiencia inolvidable” como la cataloga Elianne San López de 24 años de edad.

“El trabajo diario es muy duro, ya que tenemos que estar pendientes a muchos detalles, pero con el apoyo y al comprensión de todos, las cosas fluyen mejor”, expresa la joven dependiente, quien ahora debe recorrer largas distancias hasta cada habitación para prestar el servicio que anteriormente realizaba dentro del restaurante o en el bar piscina.

“Tratamos de darle un servicio de calidad, atendiendo todo lo que ellos necesiten en cualquier aspecto. El riesgo está presente pero con mucha disciplina y concentración no hay que tener miedo de contagiarnos, porque en el miedo está la posibilidad del error, y mientras mantengamos todas las medidas de protección y la disciplina no hay por qué preocuparse”, me dice mediante el teléfono Genrry Nelson Martínez Alba, quien a sus 37 años no pensó vivir una experiencia como esta.

Para Armandito “la responsabilidad es grande, pues en gran medida de nosotros depende que el personal médico descanse adecuadamente para lograr el máximo rendimiento en la atención a los pacientes, de ahí el empeño que cada día ponemos en su atención”.

Ante el miedo del posible contagio, su actuar decidido y responsable lo asumen como “momentos de la vida por los que nos toca pasar y lo asumimos con responsabilidad y conciencia”, me escribe Elianne.  

Jóvenes que junto a quienes ya han laborado décadas en el sector, se entregan para, como siempre, prestar un servicio de calidad, en un ambiente de cortesía y amor, a pesar que las rutinas son muy diferentes a las habituales.

Para Jorge Alexander Naranjo Gil, quien desde 1998 trabaja en la instalación turística, esa rutina de un restaurante lleno de clientes cambió de la noche al día. Y aunque los primeros días fueron difíciles ante la adaptación a las nuevas condiciones para trabajar, la disposición para atender a los héroes de bata blanca no faltó en ningún momento.

“Desde el primer momento fue muy tenso, muy atípico a lo que estábamos acostumbrados, y sentimos mucho temor por la familia,  por los compañeros, por todos. Muchos compañeros con factores de riesgo tuvieron que ir a las casas y los que nos quedamos hemos estado todos enfrentando la situación para contribuir con nuestro granito de arena”. Me dice con la modestia que caracteriza a quien reconoce que los médicos son los verdaderos héroes de esta batalla contra la Covid-19.

Mariyet…

Del otro lado de la puerta, habitación adentro, los médicos y enfermeras que cada día comparten su rutina con los pacientes enfermos con la COVID-19, agradecen el esmero de estos trabajadores.

Y así lo confirma quien por más de dos meses ha convivido en la instalación hotelera, la Dra Mariyet Rodríguez González, quien durante dos rotaciones de 28 días ha descansado de sus largas jornadas de trabajo en el Hotel La Granjita.

“Estoy aqui desde inicios del mes de marzo, trabaje primero con los pacientes extranjeros sospechosos y ahora en un segundo momento que me encuentro en el Hospital Militar atendiendo a los pacientes confirmados con el SarsCov-2”.

“Desde el inicio de mi labor en este hotel he podido apreciar el desempeño de su trabajadores que es de excelencia. Teniendo en cuenta la profesionalidad y entrega con la que laboran, tratando de complacer a todos los clientes y a nosotros que ahora asumimos ese papel”.

Esta joven doctora del Policlínico Capitán Roberto Fleites, asumió desde el primer momento el enfrentamiento a la enfermedad, en la zona roja, de cara al paciente positivo. Sus jornadas de 12 horas en la institución sanitaria durante catorce días continuos y luego 14 de cuarentena, la separan de la familia, pero según confiesa el trabajo en equipo que realizan todos médicos y enfermeras en un ambiente colaborativo y agradable,  no le dejan mucho tiempo para la tristeza.

“Durante la jornada de trabajo el tiempo pasa muy rápido, pues evaluamos varias veces al día a los pacientes. Iniciamos con el examen físico y reconocimiento del estado general, y evaluamos la evolución de la enfermedad. Intercambiamos con ellos sobre sus preocupaciones, dudas, carencias y en ese momento nos damos cuenta de los agradecidos que están de ser cubanos y contar con un sistema de salud como el nuestro”.  

Un trabajo que desempeña en un ambiente agradable de compañerismo y profesionalidad junto a otros jóvenes como ella y los más experimentados galenos de la provincia.

Como Mariyet, cientos de médicos y enfermeros, han vivido estos duros tiempos de pandemia en el Hotel La Granjita donde algunos han arribado a un año más de vida, y la dirección del hotel junto a los trabajadores, no han dejado pasar por alto la fecha. Una comida especial, el dulce preferido, el halago y la felicitación han sido el regalo de los trabajadores de La Granjita para nuestros héroes de bata blanca, quienes lejos de la familia, entregan su vida para liberarnos de esta pandemia.

Una retaguardia segura para quienes, en la zona roja, van a la vanguardia contra la OVID-19.


Sandra González Rodríguez

Periodista Graduada en Periodismo en la UCLV en 2011 refleja el acontecer de Villa Clara bajo el prisma de la juventud.

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