Mar, 22 junio 2021

La COVID fue la mayor de mis batallas

Cuando inició el mes de noviembre del pasado año, Katia García Gómez, no imaginaba que iba a cambiar su vida. Ella es trabajadora del Telepunto de Etecsa en el municipio de Manicaragua, y aunque se cuidaba a diario tomando las medidas pertinentes para no contagiarse de SarCov2, fue una de las víctimas de la imprudencia de algunas personas que, sin cumplir el tiempo de cuarentena tras entrar a Cuba procedentes de otro país, salieron de sus casas y propagaron la epidemia.

“El día 20 de noviembre atendí un cliente que vino del extranjero. Fue atendido por mí, le vendí una línea y se le hizo todo el procedimiento con su teléfono. Yo no sabía que esa persona había incumplido el tiempo que debía esperar para las pruebas de PCR. Días después, el 25 de noviembre sale positivo y cuando me doy cuenta que yo lo había atendido, me presenté inmediatamente en mi área de salud”.

“En ese momento mi niña de 15 años tenía catarro y nos remitieron a las dos hasta el Hospital Militar Manuel Piti Fajardo. Allí recibimos tratamiento con Azitromicina y los retrovirales. Así estuvimos cuatro días hasta que dimos negativo las dos. En el regreso a Manicaragua venía una niña en el taxi con nosotras que a los días de estar en su casa da positivo y entonces me hacen un tercer PCR, que esta vez sí dio positivo, aunque los médicos determinan que no fue por la niña, sino que  mis síntomas demoraron en aparecer”.

“En el hospital estuve desde el 5 de diciembre hasta el 13 que me dieron el alta. Solo puedo decir que fueron momentos muy duros, porque estás solo, porque te acuerdas de tu familia, porque tienes miedo y sobre todo el miedo que mi mamá y mi hija también fueran positivas”.

“Los tratamientos son muy fuertes, pero los médicos nos dan mucho ánimo. Son siete días que los médicos entran y salen y no les ves nunca la cara, pero se preocupan y te preguntan y hablan mucho con uno, nos aconsejan. El mismo virus te da mucho decaimiento, pero los medicamentos también dan muchas fatigas. Eran 10 pastillas diarias en 7 días, más una inyección de Heberferón en días alternos y Heparina sódica cada 12 horas para evitar los trombos”.

“Hoy por hoy las personas no saben el riesgo que están corriendo cada vez que salen a la calle, y cuando no cumplen con todas las medidas cuando llegan a sus casas. Yo nunca más he vuelto a besar a mi niña ni a mi mamá. Ya llegará que podamos llevar una vida normal. Pero ahora no es momento, y de la cooperación de todos nosotros depende que ese día esté más o menos lejano. Hoy solo les puedo decir a todos que aunque tengo aun secuelas, la COVID fue la mayor de mis batallas”.


Sandra Cristina Hernández Gutiérrez

Periodista Licenciada en Periodismo 2007, busca reflejar en la pantalla la realidad de su provincia.

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