miércoles, 4 agosto 2021

Ingeniosa bicicleta recorre Esperanza

Natural del poblado de Esperanza, en la provincia cubana de Villa Clara, el joven Alain Corcho Pumariega, de 32 años de edad, es uno de esos muchos cubanos con sobrado ingenio mecánico natural, pese a su escaso nivel de escolaridad.

De una bicicleta tipo Mini 20, cuya marca parece indescifrable, ha logrado «crear» un vehículo multifuncional que le permite realizar las más disímiles labores.

En ella puede transportar cómodamente a uno o dos adultos en la parte trasera en una parrilla adaptada ; a un niño, en una especie de sillita de madera situada delante del puesto del conductor, la cual posee una agarradera de manos y pieleras en su parte inferior para brindar seguridad, y hasta mucho más…

Ello es poco como para tanto ensalzar una bicicleta. En la parte delantera, como todo buen cubano, el joven villaclareño adaptó una cesta para transportar mercancías y otros artículos, la cual pende de elementos propios de un ciclo de procedencia china marca «Forever».

Otra parrilla plana para cargas mayores sobresale como extensión del asiento trasero, al cual sirve como respaldo un cuadrante de vigas de acero, donde precisamente situó por un lado un acolchonado espaldar, y por el otro, una luminaria trasera alimentada por una batería de 12 volts y un equipo de reproducción de sonidos para disfrutar de la buena música durante sus travesías.

Centrado en aprovechar todo el espacio posible en la pequeña bici, debajo del confortable asiento trasero, Alain también creó una especie de maletero para situar la batería y guardar otros útiles imprescindibles para un experimentado y precavido conductor. Ese maletero posee una tapa con bisagras, debidamente protegida por un candado; pura ingeniosidad digna de imitar por muchos fabricantes de ciclos.

Las gomas, para soportar tanto peso, son adaptadas y mucho más anchas que las originales, y tienen resguardados los rayos con especies de tapas laterales, para aportarle otro toque estético a su ciclo y evitar posibles accidentes.

Igualmente, con esa finalidad, el talentoso «chofer» situó refractarios en los enrallados de las llantas trasera y delantera, para ser visto de noche por otros conductores en los cruces de vías, así como otros, en la parte posterior del vehículo.

Del último eje, sobresalen también a cada lado otras pieleras para permitir una mayor estabilidad y seguridad de la persona acompañante, protegida, como el dueño, por guardafangos suigeneris en la parte superior de ambas gomas ante posibles salpicaduras de la calle cuando esté mojada.

Para optimizar el esfuerzo de las piernas en pos de lograr la adecuada locomoción en un equipo tan pesado, Alain Corcho Pumariega agregó a su peculiar bicicleta un eficiente doble sistema de velocidades, con sus mandos colocados en el timón, otro peculiar elemento de este vehículo. El mismo, cuenta además con las manillas para el sistema de freno de manos, pero está estructurado en tres partes: uno inferior en forma parecida a una Y o una U, donde están insertados todos los aditamentos de frenado y cajas de velocidades; uno intermedio, como refuerzo, del cual salen otros dos manubrios curvos, como otra posible tercera opción para conducir.
Esos manubrios curvos sirven ante todo como apoyos al voltear la bici para que quede en línea con el respaldo del asiento trasero, y así ejecutar con toda estabilidad cualquier arreglo, o extraer alguna de las gomas en caso de un pinchazo.

Todo parece haber sido calculado con la precisión de un reloj suizo. A un vehículo de este tipo no podía faltar un aditamento para situar un refrescante pomo con agua, mucho más para un amigo como éste que recorre grandes distancias cada día en esta especie de «Ingenioso Bici-Frankestein».

Como hombre de ideas prácticas, Alain también ha mejorado su otro «vehículo»: el triciclo con el cual traslada un total de 12 bidones de 22 litros cada uno, de agua potable que oferta a domicilio, a pie, porque resulta imposible moverlo con los pedales.

A éste, lo ha alargado para disponer de esa capacidad de carga y lo ha reforzado y colocado gomas macizas de su autoría para aguantar al peso al que está sometido.

Igualmente, le agregó un sistema de frenaje por palanca, y ha situado otros dos compartimentos de carga en la parte trasera, para así aprovechar al máximo cada uno de los muchos viajes que realiza en su labor de aguador en su natal Esperanza, siempre con una sonrisa a flor de labios.

Pese a su carácter jovial, Alain se negó a posar para tomarle una foto, porque según él, eso podría traerle «mala suerte» y hasta podrían copiarle sus innovaciones. No obstante, con este sencillo reportaje, bastaría para nombrarle como «innovador natural» de una peculiar fábrica de bicicletas.

Para que complete su «obra» le voy a obsequiar dos faroles delanteros nuevos y uno trasero , con sus respectivos dinamos, para que así disponga de iluminación propia en su bici. Cualquier persona bondadosa que quiera donar un mejor asiento, o un poco de pintura de esmalte… para que lo útil sea también más bello, Alain será muy agradecido, y quizás… hasta le deje dar una «vueltecita» en su ingeniosa «Bici-Frankestein»


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