miércoles, 28 julio 2021

¿Y las candongas hasta cuándo?

En el orden del acaparamiento hay muchas lecturas y, aunque en más de una ocasión me he sentido en extremo molesta por quienes compran un producto en demasía sin pensar en los restantes de la cola, debo confesar que otras he deseado contar con el dinero suficiente para “tener una reserva”.

En el orden del acaparamiento hay muchas lecturas y, aunque en más de una ocasión me he sentido en extremo molesta por quienes compran un producto en demasía sin pensar en los restantes de la cola, debo confesar que otras he deseado contar con el dinero suficiente para “tener una reserva”.

En el orden del acaparamiento hay muchas lecturas y, aunque en más de una ocasión me he sentido en extremo molesta por quienes compran un producto en demasía sin pensar en los restantes de la cola, debo confesar que otras he deseado contar con el dinero suficiente para “tener una reserva”.

Y lo digo en serio porque me molesta mucho, pero muchísimo más la indolencia de los revendedores a la luz pública, sin temor alguno. Los productos desaparecen de las tiendas, no importa su precio o calificación y aparecen al doble y hasta el triple de su precio original en las candogas. Si usted es de los trabajadores de a pie como yo, que no pasa a diario por las tiendas sabe que no exagero.

Mas este tema no es un secreto. Las cremas de tratamiento de mayor volumen como la Skala, los paquetes de cemento blanco, todos, sin excepción, de los productos de un CUC: talcos, champús, juguetes para niños, toallitas húmedas y la última novedad los pampers, de todas marcas y tamaño, incluso los que hace meses no salen a la luz pública, duchas eléctricas, toma corriente, todo lo que usted puede necesitar e imaginar.

La lista sería interminable y aunque algunos podrían alegar que es una forma de “lucha” no tiene pretexto ni justificación alguna. Revisando las patentes por cuenta propia ninguna deja posibilidad de revender los productos del estado. ¿Cómo salen de las tiendas en esas cantidades? ¿Por qué pasan desapercibidos y con total inmunidad cuando están a la vista de todos?

Al final todo repercute en el encarecimiento de la vida y demerita cada vez más el salario. He escuchado comentarios como “si surtieran más las tiendas se evitarían estos fenómenos”. Fuera lo ideal, pero en realidad nuestra economía no sustenta esos grandes abastecimientos por lo que pensar soluciones no puede reducirse simplemente a normar las ventas de productos porque las candongas siguen surtiéndose con todas esas restricciones.

Una idea aparte es competir con los productos del estado y ofertar similares objetos importados por quienes viajan al extranjero, nada erróneo, usted elige por calidad, gusto o posibilidades económicas, algo perfectamente entendible. Lo otro sí es injustificable, genera descontento y malestar, provoca insatisfacciones y a los trabajadores, precisamente los que intentan vivir del salario estatal, los deja sin aliento y con el cinturón apretado.

Hace poco más de un año en este mismo sitio compartí un trabajo sobre el tema, pero nada, la vida o la existencia de las candongas, parafraseando a Julio Iglesias, sigue igual o si lo quiere en buen cubano, el cuartico está igualito.   


Gricelys María Moreno García

Periodista Licenciada en Periodismo desde 2007 por la UCLV, ama la televisión y disfruta llevar a la pantalla el acontecer de su tierra.

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