lunes, 2 agosto 2021

Haz de tu hogar un Palacio de salud, esperanzas y de agradecimientos

En varias ocasiones mis comentarios y reflexiones los he dirigido a la COVID-19 y a las medidas establecidas para evitar el contagio y su propagación. Esta vez, aunque tienen como base esta situación creada por la pandemia a escala mundial, no llamaré a incrementar las medidas que en teoría todos conocemos y su reiteración no deja de tener importancia.

Mi comentario en cuestión es sobre algo que hace unos días leí en internet, un escrito que luego de reflexionar decidí guardar y aunque era de un autor desconocido le pido permiso para compartir con amigos.

El texto en cuestión dice textualmente:

“Saquemos de nuestra alacena los malos recuerdos, los culpables engordan, los desamores hacen daño y las tristezas intoxican”.

Pienso que en estos tiempos en que la pandemia hace de las suyas, y como dice una amiga: hay que dar gracias por estar vivos, es muy bueno agregar esta moraleja a nuestras vidas y las otras lecciones que acompañaban la cita.

Incluía un conjunto de consejos que a manera muy curiosa sustituían los alimentos del día. Cito textualmente todo el consejo por las enseñanzas que encierra a la hora de despertar y comenzar el día:

-Para el desayuno

Un buen jugo de agradecimiento, una taza de voluntad disuelta en tolerancia, dos rebanadas de autoestima y una ensalada fresca de motivos.

– Para la comida:

Una sopa de dignidad sin falso orgullo, dos porciones de paz pasadas por el fuego del entendimiento, coctel de frutos rojos: amor, pasión por lo que se hace y entrega en sustitución de sacrificio.

– Para la cena:

– ensalada de frutos verdes: esperanza, bondad y perdón.

– Entre comidas: grandes dosis de fe y sueños cargados de alegría.

– Evitar: hablar sin escuchar antes, juzgar sin conocer, conceder sin aceptar.

– Ejercicios: pararse erguido y de frente ante los problemas, flexible ante los cambios y bailando cada vez que te agobie el dolor.

Decía además “Extiende la mano derecha para dar y la del corazón para recibir, alza la vista para agradecer y baja la cabeza para ser bendecido. No niegues lo que sientes, piensa como y donde lo dices y actúa siempre con humildad”.

Muchos quizás lo catalogan como palabras religiosas y bien sean o no estas frases místicas, me parecen muy acertadas en momentos en que la pandemia nos demostró lo débiles que somos como seres humanos racionales. Pero además, a mí en particular, me reflejan un grupo de valores que como seres humanos hemos perdidos con el andar apresurado y que es hora de rescatar.

El pasaje en cuestión decía:  Autor desconocido, por tanto, a quien quiera que fuese, le doy su crédito, y le pido permiso para replicarlo en nuestra página.

Por otra parte, una amiga me reenvió un mensaje que parafraseaba otro similar, que también me detuvo a pensar y reflexionar en el día a día de este último año de encierro a causa de una pandemia que se ha ganado el protagonismo y que gobierna a su antojo nuestras vidas.

Pues textual el mensaje de mi amiga «No consideres aislamiento quedarte en casa, el verdadero aislamiento es el que están viviendo los enfermos en los hospitales, o los recluidos en centros para sospechosos o contactos. No te molestes por no poder salir de casa, esos que hoy sufren y están fuera de la suya, están deseosos de volver a su Palacio».

Transforma tu “Hogar” en un maravilloso lugar donde quedarte, conviértelo en tu “Palacio” donde puedas reinar con tranquilidad y salud.


Eleonora María Flores Pedraza

Periodista Licenciada en Historia y Ciencias Sociales 1984, muestra interés por el periodismo y los problemas de la sociedad.

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