miércoles, 28 julio 2021

El Soldado Desconocido Cubano

A propósito de este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y por esas asociaciones imprevistas y quizás infundadas de la mente humana, me viene a la conciencia la imagen de la mujer, cualquier mujer, cubana que desde su accionar cotidiano en su hogar es como el Soldado Desconocido de la batalla por la vida en la Cuba de hoy.

Conozco a varias personas que han visitado Rusia y muchas de ellas me comentan que uno de los lugares más impresionantes de ese enorme y extraordinario país es la Tumba al Soldado Desconocido , ubicado en el Jardín Alexander, cerca de las Murallas del Kremlin en Moscú.

Allí arde la Llama Eterna, que rinde tributo a cientos de miles de soldados soviéticos que dieron su vida durante la segunda guerra mundial  y que no pudieron ser identificados. En el centro del monumento una lápida sentencia ¨Tu nombre es desconocido, tu hazaña es inmortal¨

O sea, se honra a personas que entregaron lo mejor de sí sin esperar recompensa alguna y sin que quede plasmado su nombre a modo de identificación.

A propósito de este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y por esas asociaciones imprevistas y quizás infundadas de la mente humana, me viene a la conciencia la imagen de la mujer, cualquier mujer, cubana que desde su accionar cotidiano en su hogar es como el Soldado Desconocido de la batalla por la vida en la Cuba de hoy.

Me refiero a una fémina de este país y que puede llamarse María, Juana o Carmen, también Yurima, Karla o Lidieski,  nombres clásicos o de las denominaciones recientes, pero por igual identificativos de las mujeres más bellas y entregadas del mundo: las cubanas.  

A medida que se acerca esta fecha leo, oigo y veo mensajes de todo tipo en los medios de comunicación y en otros espacios menos masivos, donde se resalta con justeza el rol cada vez más importante de la mujer en la sociedad cubana  con énfasis en las duras circunstancias actuales, dígase pandemia y sobre todo las grandes carencias económicas, de diversos tipos y causales, que tienen una incidencia directa y permanente en el sostenimiento familiar en sus múltiples necesidades.

Leo, oigo y veo, y con cierta satisfacción, los desempeños loables y cuasi heroicos de muchas cubanas que por su aporte social se sitúan a la par, y muchas veces por encima, de los hombres.

Investigadoras relevantes y exitosas, directivas que en el más tierno estilo lideran con éxito procesos complejos y trascendentes, artistas cuya filigrana es tan exquisita como cuestionadora, mujeres militares con un desempeño riguroso sin perder la ternura, deportistas ganadoras que tanta alegría y orgullo nos traen desde los estadios, profesionales que desempeñan sus funciones con igual o mejor garantía que sus colegas varones, trabajadoras y campesinas que sudan eficiencia diariamente a pesar de las mismas dificultades que sortea el más rudo de los hombres.

Quien que sea hijo de mujer, como todos somos, no agradece esos mensajes y hasta siente herido, benignamente, su orgullo machista al verse superado por aquellas que algún incauto  ubicó en el llamado sexo débil.

Sin embargo, siento que hay una gran deuda, y hasta una culpa por omisión, con aquellas mujeres cuyo desempeño extraordinario no se ubica en ninguno de los escenarios laborales ni públicos, sino en el más importante espacio de cualquier sociedad y comunidad humana: la vivienda familiar.

El nombre de ellas no viene precedido con ningún título o cargo que la adjetive, no ostenta grado militar alguno, ni medalla ni don artístico, no pertenece a ningún sindicato ni organización gremial, no cobra un salario por lo que hace ni tiene reconocimientos sociales, sin embargo, ninguna familia funciona ni mucho menos es feliz sin su aporte cotidiano y oportuno.

En Cuba le llamamos Ama de Casa, aunque yo creo que más justo sería decirle Alma de la Casa.

No exagero si afirmo que en las circunstancias actuales de una apreciable mayoría de las familias cubanas, sostener con dignidad y darle solución diaria a los entresijos de las necesidades de cada habitante de una casa es casi un acto heroico que solo la finura y sabiduría del alma femenina saben conducir al éxito.

Dígase la elaboración de los alimentos donde la creatividad de las amas de casa le hacen merecedoras del título de Chef de Alta Cocina, dígase la higiene diversa y puntual que necesita una vivienda, dígase la atención esmerada de un enfermo, un discapacitado o un viejito achacoso pero querido,  dígase la prestancia del vestuario de todos a veces sacrificando la atención al propio, dígase tantos detalles que implican la administración de un hogar que solo saben llevar con eficiencia las Amas de Casa.

Tiene tan poco reconocimiento social la labor de Ama de Casa que muchas veces cuando se resalta a la mujer que destaca por su función social, no se menciona su sacrificio también en la atención familiar y si se hace, solo se menciona como algo colateral, secundario o para decir anecdóticamente que recibe la ayuda del esposo o de algún familiar.

Sucede que los conocimientos, habilidades y responsabilidades necesarias para ser una buena Ama de Casa no están en ningún plan de estudio universitario y su confirmación no aparece estampada en título alguno, sino en el funcionamiento apropiado y hasta en la felicidad de  la familia para la que se esfuerza y sacrifica.

No digo que no existan hombres que puedan ejercer bien como Amos de Casa, pero aun en Cuba ese rol le queda mucho mejor a las mujeres y sobre todo cuando las ayudamos sincera y cotidianamente.

Si bien debemos estar orgullosos de las cada vez más mujeres que se destacan en la vida económica y social del país, tanto o más debemos estarlo de aquellas que con su sacrificio callado hacen que nuestra vida familiar sea feliz o por lo menos llevadera en estos tiempos tan difíciles.

En la Gran Guerra Patria de la Unión Soviética hubo grandes héroes renombrados, militares y estadistas famosos y condecorados, pero a nadie se le rinde más culto que al Soldado Desconocido porque su sacrificio y anonimato engrandecen su legado imperecedero.

En la Cuba de los últimos años, en la de estos tiempos de Pandemia y de escaseces exacerbadas,  la mujer cubana Ama de Casa es nuestro Soldado Desconocido, porque su nombre puede ser María o Yurima, Juana o Karla, Carmen  o Lidieski pero ante su hazaña, si somos honestos, debemos inclinar la frente.


Luis Evidio Martínez Díaz

Periodista Graduado en la UH como Licenciado en Periodismo 1991, prefiere el debate y el análisis de los acontecimientos que le circundan.

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