Jue, 24 junio 2021

La historia tras el nasobuco

Cuando vi por primera vez un nasobuco fue en mi primera visita al estomatólogo, de pequeña, y quedé muy impresionada por ese atuendo que tapaba la boca del doctor y apenas se veía su rostro. Con el paso del tiempo se hizo habitual ver nasobucos, pero sólo los usados por el personal de la salud o algunas personas con problemas de salud que lo necesitaban en la calle para su protección. Luego y más cercano en el tiempo veía por las calles a algunos adolescentes y jóvenes utilizarlos por la tendencia de los llamados “duràkos”, en estos casos usando bozales de preferencia negros.

Indagando un poco en la historia de este peculiar atuendo que ha ganado tanta popularidad últimamente,- y diría más, tanta necesidad de uso diario para protegernos y proteger a los que nos rodean de la COVID-19-, encontré que apareció por primera vez a fines del siglo XlX, con el objetivo de proteger a los cirujanos de bacterias transmisibles durante las cirugías. Es además conocido como mascarilla quirúrgica, barbijo o cubre bocas.

En 1910 los adoptaron las autoridades chinas debido a la propagación de la peste neumónica; así se convirtió en símbolo emblemático para los médicos.

Al surgir la gripe española, ocho años después, resurgen como un fenómeno global y fueron parte de la vida diaria.

Después de la Primera Guerra Mundial, se redujo su uso, pero continuaron siendo populares en China, donde estos constituyen distintivos del cuidado de la comunidad.

Por su parte, el genial Leonardo da Vinci, ya en pleno Renacimiento, recomendaba usar paños húmedos sobre la boca y la nariz para combatir la respiración de agentes infecciosos.

Sin embargo, estudiosos del tema coinciden en atribuir al primer médico de Luis XIII, Charles de Lorme, la invención de la mascarilla. Ocurrió durante la epidemia de la peste en Europa durante el siglo XV. Los científicos de entonces consideraban que las enfermedades no eran causadas por la transmisión de agentes patógenos, microorganismos como virus o bacterias, sino por los malos olores. De ahí que el médico Charles de Lorme ideara la mascarilla conocida como pico de pájaro. Imitaba la cabeza de un ave con largo pico, dotado de dos agujeros en cuyo interior se situaban esponjas impregnadas de alcanfor, vinagre, así como de plantas aromáticas, supuestamente servía de barrera a los olores fatídicos.

Durante la peste de Marsella, en 1720, los encargados de trasladar los cadáveres a las fosas comunes cubrían sus vías respiratorias con un paño doblado que se empapaba regularmente con vinagre.

Los nasobucos resguardan a los que los usan de ser salpicados en la boca o nariz con fluidos corporales. Impiden tocarse directamente la nariz o la boca, acción que podría provocar la transferencia de virus, y también, reducen el esparcimiento de partículas generadas al toser o estornudar.

Por tanto, en los tiempos que vivimos de situación epidemiológica tan compleja, se hace imprescindible su uso.


Helen Álvarez Martínez

Locutora Lic. Comunicación Social (2013) por la UCLV. Locutora de varios espacios de la radio y la tv villaclareña.

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