Vie, 25 junio 2021

A 64 años de aquella epopeya

El 30 de noviembre de 1956 Santiago de Cuba se vistió de verde olivo, su pueblo salió a las calles a manifestar su rechazo al tirano Fulgencio Batista, Acción que acompañaría al desembarco del Granma.

El plan para el alzamiento fue concebido por Fidel en su parte general. Hacía falta que se llevaran a cabo acciones en el resto de la Isla que impidieran que el ejército batistiano trasladar sus efectivos con suficiente rapidez a la zona de desembarco. Frank País fue el alma de aquella gesta. Toda su energía, su capacidad de organización, su valor y su tenacidad revolucionaria, se consagraron en este objetivo.

Hubo compromisos de levantamiento en Las Villas y Matanzas y de otras acciones en parte de La Habana y Pinar del Rio. En el Oriente debían realizarse de manera simultánea en Santiago, Puerto Padre y Guantánamo, mientras los compañeros de Bayamo y Manzanillo se incorporarían al desembarco, que sería por esa zona.

Fidel había acordado con Frank, en México, que la orden del levantamiento llegaría por medio de un telegrama con el siguiente texto: Obra pedida agotada y estaría dirigido a Arturo Duque de Estrada. Esa sería la señal para iniciar la lucha a nivel nacional.

El cable se recibió en Santiago a las 11 de la mañana del 27 de noviembre; se enviaron otros similares a las direcciones provinciales del Movimiento 26 de Julio de la Habana y Las Villas y al Directorio Revolucionario.

Sobre los sucesos de ese día, Fidel precisó en 1959 que el Movimiento tenía instrucciones de esperar el desembarco para iniciar la acción revolucionaria en la ciudad de Santiago de Cuba. Ellos desembarcarían por la zona de Niquero y el Movimiento tendría la tarea de respaldar el desembarco.

Sobre este hecho Frank relataría más tarde: “La ciudad amaneció bajo un tiroteo general. Armas de todos los calibres vomitaban fuego y metralla. Alarmas y sirenazos de los bomberos, del Cuartel Moncada, de la Marina. Ruido de aviones volando a baja altura. Incendios en toda la ciudad. El Ejército Revolucionario dominaba las calles y el ejército de Batista pretendiendo arrebatarle ese dominio. Los gritos de nuestros compañeros, secundados por el pueblo, y mil indescriptibles sucesos y emociones distintas. La población entera de Santiago, enardecida y aliada a los revolucionarios, cooperó unánimemente con nosotros. Cuidaba a los heridos, escondía a los hombres armados, guardaba las armas y los uniformes de los perseguidos; nos alentaba, nos prestaba las casas y vigilaba el lugar, avisándonos de los movimientos del ejército. Era hermoso el espectáculo de un pueblo cooperando con toda valentía en los momentos más difíciles de la lucha.”

La heroica ciudad de Santiago de Cuba tuvo uno de esos amaneceres que enriquecen y alzan la historia de Cuba.  Fue una legítima expresión de la más pura tradición combativa del pueblo cubano. Contribuyó a devolverle al pueblo la conciencia de sí mismo. Honda fue la huella que dejaron aquellas horas difíciles y decisivas y alto fue el precio que costó. La pérdida de tres valiosas vidas de los jóvenes Pepito Tey, Otto Parellada y Tony Alomá. Quienes la Historia recuerda por su arrojo y valentía.

Por inclemencias del tiempo el yate Granma no llegó a las costas cubanas ese día según lo programado, sino el 2 de diciembre. No obstante, el 30 de noviembre constituyó una victoria moral de la Revolución.

Datos tomados de Ecured, otras publicaciones de internet y de textos de la Historia de Cuba.


Eleonora María Flores Pedraza

Periodista Licenciada en Historia y Ciencias Sociales 1984, muestra interés por el periodismo y los problemas de la sociedad.

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