miércoles, 17 julio 2024

Omara Durand: Paseo de oro por los 100 metros

Cuando no esté Omara Durand para correr sobre las pistas, habrá que hacer un minuto de silencio y pintar con falso oropel los carriles para buscar el brillo que lleva consigo.

Luego de ganar la prueba de 100 metros planos de la categoría T12 en los VII Juegos Parapanamericanos de Santiago 2023, dejó claro que no corre como algunos pensarán al ver sus músculos de gacela contraerse.

En realidad pasea de la mano de Yuniol Kindelán y torna la alfombra roja de la pista en un pasillo áureo.

Detrás la siguen casi siempre. Habrá que buscar en ludotecas la última vez que miró la espalda de alguna corredora, contando que ha ganado su decimotercera medalla de oro en juegos parapanamericanos y todavía promete otra.

El tiempo parece detenerse tras su paso. Se congela el reloj de la pista que ha vuelto a marcar 11.65 segundos, como en Toronto 2015, para recordar quién es la dueña del récord.

Ella ha logrado, como si fuera dotada de un poder sobrenatural, volar cuando las demás corren. Y también logró que en sus pruebas se compita por la medalla de plata, porque la de oro le pertenece desde que apuntan su nombre en la hoja de inscripción.

“Una satisfacción muy grande porque se van cumpliendo los objetivos con que vinimos: ganar tres títulos. Me siento muy contenta por el resultado de hoy, en que pude igualar una marca de hace muchos años, en los cuales me he mantenido invicta”, atina con apacible semblante.

Lo hace de la mano de su guía, el amigo inseparable y actor de reparto de cada uno de sus logros, Yuniol Kindelán, quien no se cansa de decir que es un honor acompañarla en sus éxitos.

Pero más allá del sentimiento de satisfacción recae en él la enorme responsabilidad de guiar a la leyenda a la gloria. Un día se contarán sus historias como las del imponderable Sancho para el Quijote.

“Un reto entrenarnos cada día, no es fácil estar a la altura de ella. Además entraña la responsabilidad tremenda de guiarla, de hacerla ganar”, confiesa Kindelán.

De él también es el mérito y así lo reconoce ella, como de Miriam, su entrenadora. Omara comparte también cada medalla con la familia, los médicos y otras tantas personas que la acompañan.

“Todavía quedan los 400 y luego de eso podré estar satisfecha. Esperamos cumplir con el propósito de regalarle a Cuba la tercera medalla de oro”, apunta antes de dejar claro que sobre sus éxitos aquí no se ha escrito el punto final, tan solo un punto y seguido.


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