Lun, 21 junio 2021

En Cuba no hubo ni habrá apagón cultural

Desde el pasado 13 de marzo, la máxima dirección del país decidió posponer los eventos artísticos nacionales e internacionales, cerrar galerías de arte, casas de cultura, museos, bibliotecas, librerías, teatros, cines y centros culturales en general, para evitar así las aglomeraciones y cumplir con las medidas higiénico-sanitarias dictadas por las entidades de Salud a causa de la COVID -19, no obstante, la vida cultural no se detuvo, sino que cambió de escenario.

Cuba es una nación en la que la cultura se vive a todo tren. Las instalaciones artísticas y literarias de esta Isla antillana se mantienen siempre colmadas de público. Sin embargo, en este 2020 nuestra vida cultural ha variado sus formas de hacer y ha aunado los esfuerzos de centenares de creadores e instituciones para masificar aún más el arte y transgredir las barreras que la COVID-19 ha impuesto entre los artistas y el pueblo.

Desde el pasado 13 de marzo, la máxima dirección del país decidió posponer los eventos artísticos nacionales e internacionales, cerrar las galerías de arte, casas de cultura, museos, bibliotecas, librerías, teatros, cines y centros culturales en general, para evitar así las aglomeraciones y cumplir con las medidas higiénico-sanitarias dictadas por las entidades de Salud, y cuidar nuestras vidas.

No obstante, la vida cultural no se detuvo, sino que cambió de escenario.

A pesar del obligatorio distanciamiento físico, durante el necesario confinamiento en los hogares, en los primeros meses de la pandemia, el consumo de arte y cultura creció considerablemente.

Desde casa, nuestros artistas e instituciones de la cultura se volcaron hacia la búsqueda de soluciones ante el que pudo haber sido, aunque no lo fue, un apagón cultural. David Blanco fue el primero en convertir su casa en sala de concierto y ofrecer, a través de Instagram Live, una presentación online junto a su banda, iniciativa que comenzaban a tener otros artistas en diversas partes del mundo.

Al popular multinstrumentista y compositor lo siguieron numerosos músicos y agrupaciones intérpretes de los más diversos géneros, quienes, gracias al esfuerzo conjunto entre el Instituto de la Música, el Mincult y el Instituto Cubano de Radio y Televisión, pudieron transmitir sus conciertos por las frecuencias del Canal Clave, Radio Progreso, del canal de YouTube del Ministerio de Cultura y el enlace de más de cien páginas de Facebook, lo que favoreció que las personas sin acceso a la navegación a internet, pudiesen disfrutar de ese regalo de los músicos cubanos.

La producción de videos caseros y cápsulas con mensajes de aliento, protagonizados en muchas ocasiones por la población, rompió estándares en nuestros medios masivos de comunicación. En esos cortos se incluyen, además, presentaciones de bailarines, magos y teatristas.

Tampoco faltaron los temas musicales surgidos al calor de la pandemia. Entre los artistas que los interpretaron destacan: Germán Nogueira, Christopher Simpson, Buena Fe, Alexander Abreu, Alejandro García (Virulo)…

También a los espacios virtuales se unieron otras manifestaciones artísticas, como los museos que, de manera online, abrieron sus exposiciones al público. La Galería Habana y el Museo Nacional de Bellas Artes fueron pioneros en estas alternativas.

Numerosas acciones literarias, como foros de poesía, publicación en sitios digitales de obras clásicas de la literatura cubana y universal con acceso gratuito, presentación de libros y concursos, no faltaron en el empeño de alimentar el espíritu de los nuestros. 

Que la máxima dirección del país haya decidido posponer los eventos culturales masivos, no quiso decir que se cancelasen, sino que trasladaran sus escenarios a las redes sociales.  

Pero la buena voluntad de nuestros creadores no se limitó a buscar antídotos para calmar la ansiedad, liberar estrés y lograr la relajación, sino que pusieron su arte en función de contribuir con las instituciones médicas y la población en general en la batalla contra este enemigo invisible que, en el transcurso de 2020 ha estado tomando fuerza alrededor del mundo.

Tal es el caso de la empresa Tecnoescena, que asumió la producción masiva de nasobucos a partir del propio mes de marzo para su distribución gratuita en las escuelas nacionales del sistema de la Enseñanza Artística y los centros de teatro y danza de La Habana.

Asimismo, más de un centenar de centros culturales de artex y la Egrem brindaron servicios gastronómicos de comida para llevar, alrededor de todo el país. También, varias instalaciones artísticas funcionaron como centros de aislamiento, donde sobresalen las ubicadas en las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, Villa Clara, Sancti Spíritus y Matanzas.

Por su parte, según explicó en conferencia de prensa Alberto Valdés, director del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), durante el periodo de cuarentena los artistas artesanos donaron más de 313 000 nasobucos, más de mil caretas y numeroso mobiliario, a la par de que contribuyeron a reanimar salas de hospitales y a adaptar locales que sirvieron como centros de aislamiento.

Dentro de la vorágine que ha significado la COVID-19, la resiliencia del arte y de nuestros artistas cubanos ha salido a la luz una vez más. Nuevas formas de producir, de comunicar, capacidad de adaptación, trabajo de conjunto entre entidades y artistas, han sido parte del saldo positivo de lo que parecía un agujero negro para el arte, la cultura, sus instituciones y creadores. En Cuba no hubo apagón cultural. A pesar de los graves daños económicos, materiales y humanos, la pandemia no logró absorber la creatividad y el altruismo del arte en esta tierra antillana, que acompaña y salva, y siempre está al servicio del pueblo. 

La batalla por la cultura, por la vida y por Cuba es permanente. Por días crecen las iniciativas y el arte convoca. Quien tenga dudas, que escuche una de las más recientes, la conga de Virulo –grabada junto a valiosos músicos de extraordinaria trayectoria–, que baila y canta ya nuestro pueblo, como muestra de nuestra natural resistencia y alegría.


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