Mar, 15 junio 2021

Polo productivo Valle del Yabú: ¿El sueño posible?

Al Valle del Yabú se llega luego de recorrer una carretera con pocas curvas y escasas elevaciones. Ubicado a pocos kilómetros del centro de la ciudad de Santa Clara, en apenas unos minutos desaparece el tránsito de la urbe y surgen grandes extensiones de un terreno llano, con una tierra marrón y un campo verde hasta donde alcanza la vista. Es el color ausente desde hace años y que ahora intenta regresar para el bien de muchos.

Surgida hace medio siglo para convertirse en el principal polo agrícola de la ciudad y en uno de los mayores del centro del país, la Empresa Agropecuaria Valle del Yabú sufrió en los últimos tiempos un deterioro considerable.

Pérdida casi absoluta de las máquinas de riego, escasez de fuerza de trabajo, junto al escaso aprovechamiento de su sistema de canales y micropresas, confluyeron para convertir el lugar en una imagen distinta a la de sus comienzos. Es una realidad que empieza a cambiar.

Programa de desarrollo: Recuperar lo perdido

Hasta el momento casi 400 ha ya están bajo riego. Foto: Yunier Sifonte/Cubadebate.

Con una primera inversión de 17 millones de pesos y una segunda proyectada en otros 15 millones, la Empresa Agropecuaria Valle del Yabú emprende un ambicioso programa de desarrollo de su polo productivo. Sus esfuerzos iniciales se concentran en poner 2107 hectáreas bajo diferentes técnicas de riego. Se trata de toda el área gestionada por la empresa.

Apenas basta un dato para comprender la importancia de esa idea. De acuerdo a Yosvany Martín Peña, subdelegado agrícola de la Delegación Provincial de la Agricultura, si se suman los cultivos del área estatal junto a lo cosechado por otras 25 formas productivas existentes en el lugar, el Yabú entrega alrededor de 34 mil toneladas de alimentos en un año. Una vez concluida la inversión, el objetivo es casi duplicar esa cifra solo en el polo productivo.

Las prioridades para la actual etapa aparecen dibujadas por las experiencias del pasado: frenar el deterioro y recuperar elementos esenciales de cara a la producción. Así, ya comienzan a funcionar mejor los canales que una vez llevaron el agua a casi a todo el valle, mientras junto a los embalses aparecen nuevas tuberías y por todo el lugar surgen estaciones de bombeo y rebombeo.

Gracias a un sistema de canales y micropresas, el Yabú tiene asegurada agua para los cultivos. Foto: Yunier Sifonte/Cubadebate.

Aunque todavía falta por solucionar los inconvenientes con la demanda de electricidad y conciliar los planes de consumo asignado con las necesidades reales para trabajar, alistar ese sistema es de por sí una gran ventaja.

De acuerdo a Norberto González Pedraza, Director General de la Empresa Agropecuaria Valle del Yabú, hasta el momento casi 400 hectáreas ya tienen siembras bajo riego. Otras 600 deben estar listas antes de finalizar el año.

La situación económica del país, el ritmo más lento impuesto por la COVID-19 y el freno a nivel mundial del comercio y las finanzas, repercuten en un avance más veloz. Sin embargo, cualquier que vaya de surco en surco comprende una realidad que va mucho más allá: no esperar por la electricidad o los regadíos para cosechar.

“Se trata de avanzar poco a poco a pesar de las demoras con los recursos o la instalación de las máquinas. Debemos ir por delante y hacer producir toda la tierra disponible. Esa idea nos permite tener ya sembradas 1425 hectáreas y otras 312 en proceso de alistamiento. El objetivo es cerrar el 2020 con el 85 por ciento de las áreas en producción”, apunta.

De acuerdo al directivo, la idea es sembrar en las zonas bajo riego cultivos de ciclo corto, como el boniato, las hortalizas y la papa. A su vez, en aquellos lugares que aun esperan por los regadíos, priorizar producciones de más largo proceso de crecimiento y con una necesidad menor de recursos, como la yuca o el plátano.

La vinculación de campesinos a las tierras de la empresa salva un poco la escasez de mano de obra. Foto: Yunier Sifonte/Cubadebate.

Frente a esa realidad surgen otros dos grandes retos: los insumos y la fuerza de trabajo. Si hace un cuarto de siglo el Yabú tenía más de 2 mil hectáreas bajo riego y con 5 mil personas diarias laborando en ellas, hoy apenas tiene la mitad de los que necesita.

Para paliar la escasez de fertilizantes la alternativa tiene una mezcla de ciencia y sabiduría popular. La producción de medios biológicos, los biopreparados y los fertilizantes, se unen a una precisa rotación de los cultivos para aprovechar tanto los nutrientes que algunos de ellos dejan en el suelo como el poco fertilizante químico conservado por el terreno.

Así, por ejemplo, en áreas donde antes hubo papa —que en su momento sí tuvo fertilizantes— ahora hay maíz, un producto caro en el mercado internacional y muy demandado por la población. Maniobras similares existen en otros cultivos, en una especie de ajedrez natural para no dejar escapar cualquier posibilidad de producir un poco más frente a la escasez y las limitaciones.

Por su parte, con la fuerza de trabajo la alternativa también tiene mucho de optimización. Adriel Heredia Rodríguez, un joven profesor de 33 años vinculado a la empresa, es un buen testigo. Su padre y él recibieron casi siete hectáreas de tierra para que la trabajaran. Como ellos, otros 79 campesinos se ocupan de 268 hectáreas pertenecientes al polo y cobran por sus resultados.

Aun con la ropa manchada por el plátano y el sudor empapándole la camisa, Adriel asegura que esa es la mejor forma para trabajar. Cuando uno analiza su salario no le queda más remedio que asentir frente a esa afirmación.

Un campesino perteneciente a la empresa recibe como promedio en un mes 634 pesos, pero Adriel cobra más de 1500. Otros vinculados como él ingresan más. No obstante, lo lamentable es que una iniciativa así no tenga más fuerza en un lugar necesitado de producir a toda costa.

Ese es apenas uno de los problemas por solucionar dentro del gran proyecto de desarrollo que crece en el Yabú a pesar de las dificultades. Rescatado ya el sistema de canales y micropresas, el propósito para los próximos meses está en continuar el crecimiento de las áreas bajo riego, pero también en vincular a centros laborales e instituciones sociales de la propia ciudad para aumentar la fuerza de trabajo.

Carbón vegetal: La puerta hacia la exportación

Cada saco de carbón vegetal para la exportación tiene 15 kg de un producto de primera calidad. Foto: Yunier Sifonte/Cubadebate.

Si llegar a los surcos del Yabú no requiere grandes esfuerzos, todo lo contrario sucede si uno pretende vivir la experiencia de hacer un horno de carbón. Un camino estrecho, marabú a la izquierda, a la derecha, y por increíble que parezca, encima también, obligan a bordear espinas hasta llegar a un claro de monte.

Allí están William Martínez y Ramón Almarales. Tienen 42 y 25 años, respectivamente, y poco imaginan que los pequeños troncos calcinados que cada semana entregan terminan en algún lugar de Turquía. Hablan poco, pero con su forma humilde y callada están entre los pioneros de una historia que tiene menos de seis meses y convierte a su carbón en el primer producto exportable de la Empresa Agropecuaria Valle del Yabú.

Según dice Yirmany Pérez Pérez de Alejo, jefe de producción de la entidad, la experiencia surgió por la necesidad de captar divisas para comprar insumos solo posibles con divisas. Entonces la Unidad Empresarial de Base del Yabú dedicada al trabajo pecuario surgió como la mejor candidata para comenzar el proyecto.

“Teníamos un doble beneficio. En primer lugar, limpiábamos una gran cantidad de tierra infestada de marabú y la dejábamos lista para la ganadería, mientras recibíamos ingresos y ganábamos una nueva e importante producción”, asegura.

La iniciativa enseguida demostró su valor y casi de inmediato llegó al menos hasta otras siete formas productivas asociadas a la empresa. Las cooperativas de créditos y servicios llevan la delantera y algunos de sus asociados cada día dedican más tiempo al carbón.

Mailín Cárdenas Machado es la presidenta de la CCS Roberto Fleites y conoce al dedillo el proyecto. Según cuenta, la producción de carbón para exportar les facilita la adquisición de productos esenciales para laborar en el campo. No obstante, evitar trámites intermedios entre el campesino y la empresa, así como trabas para comprar directamente los productos, aun deberían desaparecer en tiempos de necesidades urgentes de producción.

“A pesar de ello, ya incluso pensamos en algunas motosierras para entregárselas a los carboneros y hacerles el trabajo mucho más fácil entre tanto marabú. Queremos hacer una buena brigada de cinco o seis personas para entregar cada semana al menos dos hornos”, comenta.

Para Juan Apolonio, director de la UEB pecuaria encargada de inaugurar la exportación de carbón vegetal en la empresa, la iniciativa tuvo su prueba de fuego en febrero de 2020. Entonces salieron hacia Europa las primeras 16.8 toneladas, luego de un complejo proceso de contrataciones, control de la calidad y hasta selección de los envases. Por suerte la Empresa Cítricos Caribe, de momento encargada de la exportación, brindó su experiencia.

“De momento el objetivo es exportar dos contenedores de carbón vegetal cada mes para cerrar el año alrededor de las 20 toneladas. Para ello ya contamos con 21 trabajadores nuestros vinculados a la tarea, a los que se suman campesinos de otras formas productivas asociadas a la empresa. La COVID-19 ciertamente frenó muchas de las ventas, pero nosotros no dejamos de producir y ya pasamos de las 40 toneladas almacenadas en espera del reinicio de las operaciones”, explica.

A la par, un antiguo almacén de insumos se convirtió en centro de compra y beneficio del carbón. Apenas llega un cargamento y los encargados encienden una ruidosa máquina. El producto cae en una rejilla que nunca deja de vibrar para separar los troncos calcinados de acuerdo a su tamaño.

Los más pequeños y las virutas terminan en sacos como carbón de segunda y tercera calidad. Los mejores trozos van a un envase rojo brillante que resalta entre tanto hollín. Desde allí, directo al mercado internacional.

Onelio Ramón Torres sabe aprovechar los beneficios del marabú. Foto: Yunier Sifonte/Cubadebate.

Onelio Ramón Torres Rojas es uno de los campesinos asociado a una CCS y desde hace semanas también vinculado al carbón. A todo el que llega hasta él le dice lo mismo: “si usted se pincha con marabú, coja rápido un pedacito de la misma mata y póngaselo en la herida. Así quita el dolor”. Por las marcas que tiene en uno de sus brazos, es evidente que habla con razón.

Según dice, desde que conoció la idea dedica sus tardes a cortar la madera y preparar el horno. Si se le pregunta por sus ganancias, responde aun con esa mezcla de desconfianza y pudor de algunos campesinos, pero asegura que cobra bien y lo seguirá haciendo. Otros carboneros dejaron la misma expresión.

Hace apenas cinco años la experiencia de vender carbón vegetal en el mercado extranjero era impensable para una empresa de cultivos varios como la del Yabú. Sin embargo, la necesidad de solucionar sus problemas con iniciativas propias, el llamado constante a diversificar producciones, dieron al traste con un proyecto que sirvió también para abrirle las puertas a otros también enfrascados en crecer.

Minindustria: Siempre crecer

La minindustria del Yabú aprovecha casi todos los cultivos. Foto: Yunier Sifonte/Cubadebate.

Como parte del plan de desarrollo en el polo productivo del Yabú, el fortalecimiento de una minindustria capaz de procesar 14 cultivos diferentes y entregar al mercado 22 productos es otro punto clave. Para Norberto González, Director General de la empresa, significa darle valor agregado a los cultivos y  aumentar las ofertas a la población. A su vez, permite responder al proyectado incremento de los cosechas y garantizar que no se pierdan productos en el campo.

Ya sean jugos y mermeladas, hasta tostones, papa deshidratada y frutas troceadas, los 15 trabajadores de cada uno de los tres turnos se encargan de procesar los cultivos de estación, pero también los llegados desde otros territorios. Ahí radica un primer gran problema: los surcos del Yabú aun no responden a las potencialidades del lugar y debilitan un asunto tan esencial como acercar la industria al campo y así evitar costos extras.

No obstante, el director del pequeño establecimiento, Osmany Morales Almeida, resalta los intentos por diversificar todavía más las producciones e insertarse también en el mercado externo. Según dice, las principales opciones radican en los productos deshidratados y los condimentos. A su vez, otros productos como la pasta de ajo, las mermeladas o las frutas en trozos, están cada vez más cerca de insertarse en el sector del turismo.

Por su parte, también dan los primeros pasos para sembrar en agosto pimientos y ají picante como otra posible oferta para el mercado internacional. Luego de que algunas enfermedades frustraran un primer intento de exportar pimientos, esta nueva iniciativa apela por un lado a elevar la calidad y el control fitosanitario, y por el otro a trabajar con especies más resistentes y aprovechar mejor las 36 casas de cultivo tapado para esos y otros productos.

Esa búsqueda constante del beneficio la reconoce Yosvany Martín, el Subdelegado agrícola de la Delegación Provincial de la Agricultura en Villa Clara. Para él, uno de los grandes logros del proyecto de desarrollo del Yabú radica en avanzar de forma integral y en diferentes frente al mismo tiempo.

“Tanto en la comercialización interna como externa, en la producción de alimentos, en los logros de la exportación como en los intentos por concretar otros productos, es evidente un intento por crecer. Y eso, para una empresa donde el 60 por ciento de los productos los crea el sector estatal y que enfrenta limitaciones en un sector tan sensible como el de la agricultura, es ya un logro importante”, asegura.

Convertir todos los proyectos en realidades, conservar los ya logrados, y sobre todo traducirlos en productos disponibles en la mesa de los cubanos, implica muchos y más complejos desafíos.

Romper las trabas burocráticas que complejizan el tránsito desde el surco hasta las tarimas, ser más ágiles en las contrataciones y los pagos a los productores, sortear los obstáculos con más ciencia y mejor eficiencia, son también otros retos importantes para conseguir que el polo productivo del Valle del Yabú se consolide como un sueño realizable.


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