lunes, 27 septiembre 2021

La historia de un cementerio

El sitio posee una muestra valiosa de la riqueza artística, ya que  en su interior existe una diversidad de tipologías arquitectónicas y estilos en consonancia con el propio desarrollo alcanzado por la ciudad de Santa Clara.

El sitio posee una muestra valiosa de la riqueza artística, ya que  en su interior existe una diversidad de tipologías arquitectónicas y estilos en consonancia con el propio desarrollo alcanzado por la ciudad de Santa Clara.

Pocos lo conocen por su nombre: cementerio San Juan de Dios, sin embargo, la última morada santaclareña constituye un elemento arquitectónico propio de esta ciudad, y cuyo desarrollo refleja precisamente el nivel alcanzado por la urbe con el paso de los siglos.

El primer camposanto de la ciudad, según relatan los documentos de la época, se ubicaba inmediato a la Iglesia Mayor, en las cercanías del hoy Parque Vidal, sin embargo,  la insalubridad para la población llevó al cabildo a trasladarlo, primero hacia la abandonada fábrica La Pastora, y posteriormente hacia un lugar situado entre los camino de La Habana y Quemado de Hilario.

Esta última ubicación, alejada de la creciente ciudad, no contaba, en sus primeros años con el acceso adecuado, pues no es hasta el 11 de junio de 1845 que se inaugura el puente O’Donnell, levantado sobre el río Bélico, en la actual calle Independencia, para homenajear una visita que hiciera al pueblo el capitán general de la isla, y que facilitaría el acceso hacia el lugar de descanso definitivo.

Nacía así el llamado puente de los buenos, nombre que hasta hoy se le otorga, y que viene dado por la costumbre de detener en ese justo lugar, los cansados cortejos fúnebres en su camino al cementerio; la villa le decía adiós a sus muertos, la voz del orador purificaba a los difuntos y eludía sus pecados en vida, por lo tanto, solo se exaltaban las cualidades positivas de los difuntos.

Poco a poco el cementerio villaclareño iba in crescendo a petición del Ayuntamiento  por las necesidades de enterramiento de la ciudad, a la vez que el desarrollo de la misma incidía en la imagen del camposanto.

Desde sus inicios fue dividido por la mitad en dos campos: el primero –entrando-, se dedicó exclusivamente para la venta por el municipio de parcelas para la construcción de bóvedas o panteones por los que adquieran dichos lotes, y la otra mitad se dedicó a campo común para sepultura de pobres de solemnidad o aquellos familiares que quisieran arrendar por cierto tiempo el terreno.

La imagen de la portada principal o arco de triunfo de estilo neoclásico mostrada en la actualidad data de 1925, tras una remodelación donde se transformó el acceso principal que sería a la calle donde se ubican los restos de los próceres y lápidas de las familias más antiguas e importantes de la ciudad, como la Maestra Nicolasa, el primer historiador Manuel Dionisio González y la familia de Abreu de Estévez.

Durante todo el siglo XX continuó su esplendor constructivo en panteones como el de los Veteranos de las Guerras de Independencia, los de las diferentes logias y hermandades de la ciudad, así como el de personajes relevantes de la cultura y la ciencia.

Varias son las acciones constructivas que se han realizado en el cementerio santaclareño para combatir su deterioro por el paso del tiempo y la acción muchas veces  irrespetuosa de los hombres, sin embargo, a pesar de este esfuerzo, el siglo XXI no logra dotar a este camposanto del esplendor y solemnidad de tiempos de antaño.


Carmen Milagros Martín Castillo

Periodista Licenciada en Periodismo por la UCLV 2012. Editora del sitio web de Telecubanacán, amante del universo digital.

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