sábado, 25 septiembre 2021

El «nunca jamás» de María Antonia

No descansa nunca, no la agota faena alguna, ni tampoco precisa de un pie forzado para desbordarse a hablar sobre el trabajo del campo al que tantos años ha dedicado.

Ni aun de vacaciones obligadas, ella deja la salida mañanera. Sabe del apuro, entre la guataquea de la yuca, la preparación de tierras y la recogida o deshije de las vegas de tabaco. Por eso, se encamina hacia su auténtico escenario, donde forma el trío con Pura Aguilar y Matilde Díaz, para la recogida del libre de pie luego del primer corte de las mancuernas de hojas de tabaco que reposan en los tendales.

No descansa nunca, no la agota faena alguna, ni tampoco precisa de un pie forzado para desbordarse a hablar sobre el trabajo del campo al que tantos años ha dedicado.

«La agricultura es dura, a mí lo que más me satisface de ella es la prosperidad, se pasa trabajo, la sequía nos golpea, cuando cae un chubasco vemos los cielos abiertos, además eso que sembraste, mañana lo vas a recoger», confiesa esta campesina que refiere además, haber crecido entre el surco y los bueyes junto a su padre.

Maria Antonia Manicaragua campesina sembrado
Foto: Delfis Rodríguez

María Antonia Torres Torres, mujer de 49 años, tiene nombradía en la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Julio Pino Machado en la Venturilla, Manicaragua; ahí está como una de las mejores campesinas del territorio montañoso villaclareño.

Se me otorgó la Medalla Antero Regalado hace unos años por mi trayectoria y actitud, trabajo a diario, sin desmayo, del campo no hay quien me haga un cuento, y lo que más le pido a la vida es salud y suerte para seguir guapeando.

María Antonia Torres Torres, 2021

Pareciera que María Antonia está emparentada con el curujey, pues, lejos de ser planta parásita como muchos consideran, es de esas que, para su resistencia, requiere apoyo físico de su huésped como sostén; en el caso de María Antonia, el sostén, es la tierra.

Y pregunta esta periodista: ¿Habrá un fin en el ir y venir de esta mujer que, entre «carijos» contenidos o sueltos, tornilla muy bien el cotidiano azar, le da un portazo al cansancio o desencanto y con solución siempre, mira las palmeras para alzarse?

Nunca, jamás, me responde.


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