domingo, 26 septiembre 2021

Donde crecen los Tocororos

En Santa Clara existe un lugar donde los tocororos tienen una vida plena: la finca de José Ramón Arteaga.

En Santa Clara existe un lugar donde los tocororos tienen una vida plena: la finca de José Ramón Arteaga.

José Ramón Arteaga muestra con orgullo las bandadas de aves que viven en su finca La Yaya, cerca de Santa Clara, y asegura que le costó mucho trabajo lograr que los animales se estabilizaran en el lugar.

Recuerda que todo comenzó hace unos años, en medio de una terrible sequía. En esos momentos notó cómo los pájaros se alejaban y para detener el éxodo colocó recipientes con agua y comida dentro del follaje.

Con entusiasmo relata que entre los primeros en volver estuvieron los carpinteros, zunzunes, tomeguines, sinsontes, y por último vio llegar una pareja de tocororos.

Ramoncito, como le conocen, asegura que su entusiasmo fue enorme, porque sabe que es una especie endémica, considerada el ave nacional de Cuba y que no puede vivir en cautiverio. Además, los expertos afirman que está en peligro de extinción.

Todas estas cualidades lo llevaron a redoblar sus empeños para garantizarles un hábitat, una vida estable y reproducción segura.

Entre tantas vicisitudes que tuvo para llevar a buen fin su proyecto, estuvo la carencia de orificios en los troncos de los árboles destinados a satisfacer las necesidades reproductivas de todas las especies que utilizan cavidades.

Rememora que le aconsejaron emplear recipientes de barro con un hueco en el centro para que los tocororos anidaran allí. Asegura que esos pájaros son muy observadores y desconfiados por lo cual demoraron tiempo en decidirse a entrar.

Para que se sintieran más a gusto diseñó los habitáculos con los colores de los troncos de los árboles donde los colocaba, así fue como empezó a funcionar la idea y por fin vio crecer la población del Priotetus temnurus, como se les denomina científicamente.

CANTICOS Y GORGOJEOS

Más de un quinquenio ha pasado desde que La Yaya renovó la avifauna silvestre, y ahora un sinfín de trinos y sonidos onomatopéyicos atraen a transeúntes y expertos.

Miguel Ruiz, subdirector técnico del santaclareño zoológico Camilo Cienfuegos, comenta que ellos asesoran a los trabajadores de esa finca para evitar errores en el manejo de los animales.

A modo de ejemplo cita que le recomendaron a Ramoncito la siembra de atejes dentro de los cafetales, porque figura entre los alimentos preferidos por los pájaros.

Ruiz relata que en el diseño de las cosechas se establece dejar frutas en las plantas para la alimentación natural de las aves, eso ha dado muy buenos resultados.

En la finca crecen más de 24 variedades de frutales, junto a cafetales, y árboles maderables de alto valor, entre ellos algarrobos, cedros, caobas y almácigos.

Lo más importante que se ha logrado en el lugar es la educación ambiental de los miembros de la familia, vecinos, trabajadores y visitantes, afirma Ruiz.

A pesar de residir en los alrededores muchos niños, adolescentes y jóvenes, hace ya un buen tiempo se eliminó el uso de trampas para cazar y los tiraflechas para matar los pájaros, relata.

Esta realidad es fruto de un intenso trabajo con todas las personas del área a quienes Ramoncito les explica una y otra vez la importancia de lograr que los pájaros silvestres se establezcan en todas las fincas, reconoce Ruiz.

Ahora en las afueras de la ciudad capital de Villa Clara, cerca de la Carretera Central, el sonido onomatopéyico “ to- co- ro- ro” matiza las tardes: son los machos requiriendo la atención de las hembras o simplemente llamando a las crías para regresar al nido, acciones que en el mundo animal son sinónimos de felicidad y calidad de vida.


Luis Evidio Martínez Díaz

Periodista Graduado en la UH como Licenciado en Periodismo 1991, prefiere el debate y el análisis de los acontecimientos que le circundan.

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