domingo, 26 septiembre 2021

Cemento ecológico en el prisma del desarrollo cubano

En la década del 60 la alta demanda de viviendas obligó al gobierno a invertir en sistemas que garantizaran una mayor productividad en la construcción; de esta forma entró a Cuba la prefabricación.

En la década del 60 la alta demanda de viviendas obligó al gobierno a invertir en sistemas que garantizaran una mayor productividad en la construcción; de esta forma entró a Cuba la prefabricación.

En la década del 60 la alta demanda de viviendas obligó al gobierno a invertir en sistemas que garantizaran una mayor productividad en la construcción; de esta forma entró a Cuba la prefabricación.

Estos sistemas constructivos fueron concebidos principalmente para garantizar una alta productividad, que se lograba a costa de altos consumos de materiales de construcción, entre ellos el cemento Portland, y un alto consumo energético. En las condiciones en las que se desarrolló la economía cubana antes de la crisis de los 1990, esto no fue un problema.

Los cambios geopolíticos que se produjeron en Europa a finales de los 1980 trajeron consigo transformacionesen la economía cubana, en especial un significativo descenso de la disponibilidad energética. Ante esta disyuntiva, el Estado Cubano decidió mantener a todo costo el programa de la Vivienda, y para hacerlo se produjo un cambio de paradigma productivo.

Surgió el concepto de materiales de bajo consumo energético, asociado a la producción a pequeña escala, con materias primas locales, y usando tecnologías simples, de muy bajo consumo de energía convencional. Es así, como para los años posteriores al 2000, el país se inserta en un proyecto de producción de cemento ecológico o de bajo carbono.

El cemento de bajo carbono o LC3 es una formulación desarrollada por un equipo técnico del Centro de Investigaciones y Desarrollo de Estructuras y Materiales (CIDEM), adscripto a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (UCLV) y del Instituto Federal de Tecnología de Lausana, Suiza, que permite sustituir una buena parte del clinker -uno de los componentes más costosos del cemento-, por una combinación de arcilla calcinada, conocida como metakaolin, y carbonato de calcio en forma de piedra caliza.

Hay diferentes materiales que pueden sustituir al clinker, los más conocidos son las puzolanas, un ecomaterial a partir del cual se producía históricamente el cemento, desde la antigüedad romana hasta la invención del cemento Portland en el siglo XIX.

Esta fórmula de cemento permite sustituir gran parte delclinker que emplea Cuba. De esa manera se abaratarían los costos de fabricación y podría multiplicarse la producción en un país cuyo fondo habitacional necesita intervenciones masivas y urgentes.

La ventaja de este proceso es que no se precisa de arcilla de alta pureza, sino que arcillas de muy baja propiedad califican entre las materias primas excelentes. Y Cuba tiene mucho de eso, sobre todo en Moa, Holguín.

Pero hay un problema: “Esta química novedosa tiene la desventaja de no poseer mecanismos legales (normas técnicas) que permitan evaluar ese tipo de cemento. Si la industria no tiene norma, no puede montar una producción y eso implica no poder vender el cemento y tampoco hacer inversiones”, explica el doctor José Fernando Martirena Hernández, director del CIDEM, quien se ha convertido en ferviente defensor de los atributos ecológicos para la producción de materias primas construibles.

Cualquier nueva química necesita responsabilizarse por los estándares de la industria.“En estos momentos se han hecho varias pruebas, se ha creado un grupo temporal de trabajo sobre cemento de bajo carbono dentro de la industria cubana y se han incorporado varias fábricas y empresas interesadas en introducirlo”, revela Martirena.

Desde marzo de 2013 se realizan ensayos en la fábrica de Siguaney, ubicada en la provincia de Sancti Spíritus. En pruebas de resistencia aplicadas a las 24 horas alcanzó 5 MPa, el 15% de la resistencia que se espera alcance en 28 días. En su uso no incrementa la demanda de agua y, además, tiene un fraguado similar a sus pares comerciales P-35 y PP-250, de uso extendido en Cuba.

“Uno de los problemas que tiene hoy Cuba con los cambios económicos que se están produciendo, con el ingreso de los inversores extranjeros, es el desarrollo de infraestructuras. Si se lograran los dos mil 500 millones de dólares de inversión extranjera por año, si se consiguieran implementar solo una parte de los proyectos en cartera de Oportunidades para esa misma inversión; todo eso  necesitaría de construcciones. Y este país hoy está trabajando casi contra la capacidad actual de producción de cemento”, lo dice un estudioso por más de 20 años de las estructuras materiales y de ellos el cemento como componente básico. Alguien que de sitio en sitio va exponiendo su teoría, sin importar el auditorio, lo mismo en China, la India, Ecuador o la mismísima Universidad Central.

equipo trabajo

Cuba cuenta con seis plantas de producción. Todas no funcionan a plena capacidad por la obsolecencia de su tecnología y la descapitalización que han experimentado. De incrementar la obtención de cemento, como evidencian las perspectivas, la disponibilidad actual de clinkerserá insuficiente, por los complementos que generan su producción y los escasos volúmenes de quema que rinden en las fábricas.Otro punto supone que ante la creciente demanda de materiales de construcción, la única opción viable en el corto plazo sería la producción del LC3.

“Eso es una concepción estratégica, sobre todo en el corto plazo, porque en el mediano plazo se resuelve con inversiones. Aquí mismo hay una inversión en camino, en Santiago de Cuba, pero construir una planta de cemento cuesta 500 millones de dólares y se demora cinco años”, añade Martirena Hernández.

Debido a esto se buscan alternativas. “Nosotros hemos desarrollado paralelo a esto una producción a pequeña escala. En lugar del clinker utilizamos cemento P 35, cogemos desechos de ladrillos (arcilla calcinada), que se encuentran botados afuera de cualquier reconstrucción, y  piedra caliza, que es arena de la que venden, todo se mezcla convenientemente y hacemos el cemento LC3”.

De ese invento han salido resultados. Buscar alternativas se ha convertido en afán para los cubanos y asumirlas, prácticamente es un hobby. Así sucede con Pedro Enrique Pérez Rodríguez,cabeza pensante de un minitaller que tiene su sede en Santa Clara. Llegó hasta el LC3 mediante una investigación para tratar de lograr el CP 40, otro tipo de cemento conocido como “cemento romano” por ser muy similar al empleado en las construcciones de la época latina.

Un libro le dio un vuelco a sus producciones. “Un amigo me lo regaló y trata sobre el cemento CP 40 que se desarrolló en el país en los años noventa, editado por el CIDEM. Yo me lo estudié y me di cuenta que tenía potencial en mi taller para lograrlo. Me decidí a armar un molino de bola, que me costó varios años dotarlo de todo lo necesario”.

“Logré la ayuda de especialistas en la materia como el doctor Alfredo Martirena, quien me auxilió en las formulaciones y me asesoró en las disposiciones para mejorar la maquinaria.”

arriba torres cemento

“Un día voy a la universidad y él estaba dando una conferencia sobre cómo desarrollar el LC3 y cuando escucho me doy cuenta que era algo similar a lo que yo estaba tratando de lograr en mi taller con el  CP 40, lo que había que combinarlo con cemento Portland, el cemento más común.”

“Este cemento tiene todos los usos de albañilería. Todos los mismos del PP 250 y algunos del P 35. No es recomendable para condiciones de resistencia como placas o columnas de alta firmeza”, argumenta.

Los bloques, ladrillos, mosaicos cumplen las normas, y eso es lo que se comercializa, y en ese juego tiene un rol principal el sector no estatal. Al cambiar el concepto de subsidio: en lugar de subsidiar a la empresa constructora, se subsidia al individuo o familia cuyos bajos ingresos no le permiten acceder a servicios de la vivienda, estos buscan en estas alternativas solventar las necesidades constructivas. Así es como se incentiva la producción local de materiales, como una vía de disminuir los costos energéticos y de transportación. “Es espectacular la motivación que manifiestan, ellos son muy dinámicos”, explica Martirena.

“El Programa de Producciones Locales está apoyando y eso si permitiría la inserción casi inmediata de este cemento. Estamos hablando de que existen en estos momentos 49 talleres en el país que tienen capacidad de molienda a pequeña escala”, confirma.

trabajo cemento

Estudios económicos realizados demuestran que el LC3 podría resultar hasta un 15 % más barato que los cementos producidos hoy en el país, suponiendo una revolución en el modelo de producción actual, que contribuirá notablemente a paliar los efectos nocivos para el medio ambiente derivados de la actividad fabril.

Insertarse en una industria imprescindible para el desarrollo humano fundamenta la actualización del modelo económico cubano que se produce desde 2009, aunque los pasos sean con paciencia y nuestro fondo habitacional pida a gritos una recuperación.

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Carmen Milagros Martín Castillo

Periodista Licenciada en Periodismo por la UCLV 2012. Editora del sitio web de Telecubanacán, amante del universo digital.

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