lunes, 17 junio 2024

Los retos de Erdogan otros cinco años al frente de Turquía

En una de las elecciones presidenciales más reñidas en la historia de Turquía (se decidió en una segunda vuelta), el islamista y nacionalista Recep Tayyip Erdogan se mantendrá al frente del gobierno durante otros cinco años, al vencer a su más cercano contendiente, el socialdemócrata Kemal Kilicdaroglu, 52.1% frente a 47.9%. Si bien Erdogan, quien acumula 20 años en el poder turco, permanecerá en…

En una de las elecciones presidenciales más reñidas en la historia de Turquía (se decidió en una segunda vuelta), el islamista y nacionalista Recep Tayyip Erdogan se mantendrá al frente del gobierno durante otros cinco años, al vencer a su más cercano contendiente, el socialdemócrata Kemal Kilicdaroglu, 52.1% frente a 47.9%.
Si bien Erdogan, quien acumula 20 años en el poder turco, permanecerá en la sede gubernamental de Ankara, lo cierto es que estos comicios han sido el claro reflejo de la división de la sociedad en dos mitades prácticamente idénticas: por un lado, los conservadores musulmanes, herederos del antiguo y poderoso Imperio Otomano, apegados a las tradiciones orientales y por el otro, el por ciento más occidentalizado de esa sociedad, marcada por su posición geográfica, que constituye el puente físico, cultural, político y religioso entre Oriente y Occidente.
Ambos políticos, con campañas presidenciales totalmente opuestas, defendieron desde los inicios dos Turquías completamente diferentes: por un lado Erdogan insistió en el llamado a la unidad, conocedor por supuesto de que la fragmentada oposición a su gobierno, por primera vez, se unió en torno a la figura de Kilicdaroglu y por el otro, el socialdemócrata defendió comunidades relegadas por el Islamismo como la LGTB.
Dentro de este contexto de tiranteces, la toma de posesión de Erdogan hace poco más de un mes, ha traído consigo muchos retos, entre ellos convertir a Turquía, heredera de los famosos otomanos, en una gran potencia islámica internacional, para mantener a su favor a esa fracción poblacional que lo llevó de nuevo a la silla presidencial.
Sin embargo, en opinión de grandes medios y analistas internacionales, la batalla más fuerte de este gobierno será caminar en esa fina línea de equilibrio entre ser miembro clave de la OTAN, lo que significa mantener contentos a EE.UU y la UE, y a la vez, defender posturas pro rusas, que incluirían la consolidación de relaciones de vital importancia con economías emergentes como China y la India y con naciones totalmente socialistas como Cuba y Venezuela.
En ese sentido, Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, declaró tras la reelección de Erdogan que “el objetivo es comprometerse con Turquía para una relación constructiva”, lo cual sería lo más sensato para un Viejo Continente que enfrenta hoy inflaciones nunca antes vistas y la inclusión en una guerra (la ruso-ucraniana), que le ha traído más dolores de cabeza que beneficios.
Igualmente y como era de esperarse, desde la Casa Blanca Joe Biden expresó que espera continuar con la alianza EE.UU-Turquía dentro de la OTAN; declaración perfectamente entendible si tenemos en cuenta que la nación turca, dividida por el Bósforo, se alza como punto geopolítico límite entre Europa y el Medio Oriente, al ocupar por un lado la península de los Balcanes y por el otro la de Anatolia, a lo cual se suman amplios kilómetros de costa al Mar Negro y al Mediterráneo.
En medio de este complejo contexto internacional y de una postura política turca que, según declaraciones del propio Erdogan, continuará prácticamente idéntica, los múltiples reclamos de los familiares de las más de 50 mil víctimas del terremoto de febrero pasado, quienes solicitan mayor agilidad del gobierno para recibir la ayuda correspondiente, y que fueron calificados como el “punto débil” de esta campaña, no pudieron sacar a Recep Tayyip Erdogan del poder, en un claro ejemplo de que las crisis lo perjudicaron, pero no lo abatieron.
A pesar de ello, muchos de los afectados por el sismo expresaron que otro gobierno en el poder tampoco lo haría mejor y un segmento de la sociedad lo que más condenó fue el dominio supremo de Erdogan de los medios de comunicación, fenómeno que, por supuesto, inclinó también la balanza a su favor, en clara referencia a las tendencias del mundo contemporáneo: quien controle las grandes transnacionales de la información llegará a donde quiera llegar y conseguirá, incluso, renacer de las cenizas.

 


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