jueves, 16 septiembre 2021

Alto como un pino, ¿pesa menos que un comino?

Es tan habitual en nuestra cotidianeidad la existencia del ruido, que nos es difícil exigir el derecho a un ambiente libre de él.

Es tan habitual en nuestra cotidianeidad la existencia del ruido, que nos es difícil exigir el derecho a un ambiente libre de él.

Aparece en toda su magnitud, dimensión y decibeles, sin distinción de lugar u horas de la noche. En transeúntes, guaguas, bicitaxis, motonetas, y hasta en pequeños, pero potentes equipos de mano. La música alta, ruidosa, estruendosa nos asedia en cada parte del entorno.

Tal parece que ya nadie escucha música para sí e intenta “contagiar” a los demás, y en sus ansias de relajar invade nuestro espacio y obliga a compartir sus gustos. Nada que no sepamos o hayamos vivido en diferentes lugares, momentos y disímiles horarios.

El chofer, convencido de que con reguetón para todos los pasajeros pasan mejor las horas y “al que no le guste que se baje”, o el carretón con música mexicana para todos los que alcanzan su radio de acción. También están los jóvenes con sus pequeñas bocinas transitando por las calles cual bafle andante.

Es que en cuestiones de leyes y protección del ambiente auditivo los cubanos quedamos bastante desprotegidos. No hay cultura, ni exigencias, ni peso de la ley que controle esta molesta situación. O sí, las hay, pero son ambiguas y de casi nulo cumplimiento.

La Gaceta Oficial de Cuba, con fecha del 23 de diciembre de 1999, referida a decreto ley no. 200 de las contravenciones en materia de medio ambiente, legisla en su artículo 11, que “Se consideran contravenciones respecto a los ruidos, vibraciones y otros factores físicos, y se impondrán las multas que para cada caso se establecen: a) infringir las normas relativas a los niveles permisibles de sonidos y ruidos, 200 pesos y 2 250 pesos; y b) infringir las normas relativas a las vibraciones mecánicas, energía térmica, energía lumínica, radiaciones ionizantes y contaminación por campo electromagnético, 200 pesos y 2 250 pesos.”

No es menos cierto que la salud humana se resiente ante la exposición al ruido. Estudios médicos afirman que entre sus consecuencias se hallan el deterioro de la audición, la irritabilidad, el estrés, el insomnio, el aumento de la hipertensión arterial o generar problemas gástricos, fatiga o ansiedad.

La Organización Mundial de la Salud recomienda una guía a tener en cuenta según el ambiente y la cantidad de decibeles a los que se puede estar expuestos sin afectar la salud auditiva. De 100 a 130db se considera incomodidad auditiva y de 130 en adelante, riesgo de daño físico. Lo aconsejable para exteriores, de día, es entre 50 y 55 decibeles, mientras que en lugares cerrados (no centros nocturnos como discotecas) proponen 30db. Cifras que aun el menor conocedor, comprenderá se incumplen en nuestro andar diario.


Carmen Milagros Martín Castillo

Periodista Licenciada en Periodismo por la UCLV 2012. Editora del sitio web de Telecubanacán, amante del universo digital.

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