miércoles, 22 septiembre 2021

Inauguración de Tokio 2020: Y en lo alto…la bandera

Cuando Mijaín López y Yaimé Pérez entraron al estadio olímpico de Tokio, la bandera cubana lucía inmensa y brillante sobre ellos. Ambos desfilaron al frente de una pequeña representación de atletas, los únicos autorizados a entrar al Estadio Olímpico para evitar también aquí las aglomeraciones y los contagios. Sin embargo, con ellos caminó todo un país que otra vez alzó con una sola mano la enseña de tantas emociones.

Detrás de ambos el grupo antillano avanzó despacio, como si quisiera disfrutar un momento muchas veces único en la vida de un atleta. Para los más experimentados el camino les recuerda tantas historias de una vida dedicada al deporte, pero para otros Tokio es el inicio de una ruta que deberán labrar con esfuerzo y persistencia. Es la mezcla que caracteriza a una delegación con una edad promedio de 27 años.

Avanzaron en línea recta y atravesaron el estadio. Luego doblaron a la izquierda y siguieron la ruta señalada por decenas de voluntarios. En lo alto la estrella solitaria y las listas blancas y azules que por estos días lucirán en sus uniformes. El triángulo combina con la ropa de los cubanos, pero también con el color que tiñe casi toda la ceremonia.

Debajo, la sonrisa de Yaimé y el rostro imperturbable de Mijaín. Van mano con mano guiando la comitiva. Quizás no lo sepan, pero ya Cuba se adaptó a verlos allí. Detrás de ellos, cada uno lleva una bandera más pequeña y la agita en lo alto.

Antes y después de los cubanos desfilaron otras naciones en el esperado recorrido multicolor. Lo abrió Grecia, fiel a la tradición de honrar su historia olímpica. Luego pasó el equipo de refugiados, con un estandarte blanco al frente para recordar cuántas heridas quedan abiertas tras cada guerra. Por suerte, los juegos no han perdido ese espíritu de confraternidad que los impulsaron hace siglos.

Más de 200 banderas entraron al Estadio Olímpico de Tokio en una ceremonia que tuvo mucho del espíritu del pueblo japonés: sobria, hermosa, sorprendente. Quizás por eso cuando les tocó el turno a los anfitriones el bullicio de los pocos presentes fue mayor, como si quisieran agradecerles celebrar unos juegos contra viento y marea.

En medio de un contexto tan complejo como el de la COVID-19, la ceremonia de inauguración no olvidó la pausa impuesta por la pandemia y dedicó un emotivo minuto de silencio a todos los fallecidos por el virus. Impacta ver el Estadio Olímpico, con una capacidad para 68 mil personas, prácticamente vacío. Hasta cierto punto, ese aislamiento es el signo de estos casi dos años en los que el mundo ha cambiado para siempre.

Sin embargo, Japón no olvidó un mensaje que se empeña en repetir una y otra vez: la fuerza de la humanidad para vencer al virus. De eso se tratan también estos juegos: de la esperanza frente al caos, de la vida frente a la muerte.


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