Jue, 24 junio 2021

Frank González, más que mil voces

Frank González siempre fue un misterio para mí. De niña siempre soñé con tenerlo de frente, cara a cara, corazón a corazón. Tenerlo de cerca era algo así como imposible y, quien diría, tiempo después, que podría conocerlo y darle las gracias por sus tantas voces, por su talento, por quedarse en Cuba y darnos su arte.

Cuando el pasado 24 de octubre lo vi en el Memorial José Martí, donde recibió el Premio Nacional de Televisión 2019 junto a otros artistas, supe que había cambiado. La tercera edad es cruda y no perdona, no llega de la misma forma para todos.

Su rostro no es el mismo, su mirada tampoco. El hombre que recordaba, en parte se había esfumado, pero en él algo se mantenía intacto, una zona ignota a la que no llegan los años, por suerte. Ese es el Frank González que quiero recordar, el que me hizo reír con sus incontables interpretaciones en los animados de Elpidio Valdés y al que también le tenía cierto miedo cuando actuaba de villano y no conocía su rostro.

Frank se merece mucho más que estas palabras, merece ser recordado. La zona peligrosa del olvido y la desmemoria no se hizo para artistas como él. El justo premio de la televisión cubana es uno de los tantos reconocimientos que debemos hacerle en vida. No esperemos a que el tiempo tome el poder.

Si pensamos en su extensa carrera en la radio, el cine y la televisión, vemos que desde muy temprano comenzó como aficionado en grupos musicales y de teatro. Luego llega un período donde comienza a trabajar como diseñador de vestuario en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (Icrt), y a la par se supera en varios cursos de actuación. Fue así como se formó el artista en ciernes que llevaba dentro.

He visto cientos de veces Elpidio Valdés y en cada ocasión quedo extasiada con los tonos, las intenciones, el giro dramatúrgico y las potentes voces de un solo hombre. Lo descubro siempre nuevo, accesible, encantador.  Por azares de la vida no crecí lo suficientemente rápido como para entrevistarlo y escucharlo decir de manera personal: “¡Al macheteee!”, “Corneta, toque usted a degüello” o “¡Hasta la vista, compay!”, porque de seguro se lo hubiera pedido.

“No es solo tener habilidad para cambiar la voz —comentó Frank en una entrevista hace algún tiempo— sino para darle vida a un personaje a partir de una caricatura (…). Es comenzar a probar en un micrófono hasta encontrar la voz, el timbre que funciona, las características sonoras que debe llevar el personaje a partir de sus cualidades físicas y psicológicas; yo diría que es casi innato”. Así de espontáneo resultó su talento, su luz propia. Pocas veces lo he visto reír, y es casi una ironía porque innumerables generaciones se han divertido con su voz.

No hace falta decir las incontables frases manidas que expresan cómo Frank González se ha ganado la eternidad en el arte y un sitio en la cultura cubana. Basta con decir que mientras exista Elpidio Valdés, el actor que le dio vida al icónico personaje vivirá en cada una de sus aventuras. Este pillo manigüero llegó para quedarse entre nosotros.

(Tomado de Televisión Cubana)


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