Vie, 26 febrero 2021

Embarazadas, alertas en medio de la pandemia

Leslie estudia Comunicación Social en la Universidad de La Habana. Isabel imparte clases de teatro en el Instituto Superior de Arte. Claudia es una de las profesoras tras la Compañía Infantil La Colmenita. Sin embargo, en tiempos de pandemia, ellas se quedan en casa. Tienen algo en común: están embarazadas. Como muchas otras, lidian con las diversas consecuencias del virus que se extiende por el mundo.…

Leslie estudia Comunicación Social en la Universidad de La Habana. Isabel imparte clases de teatro en el Instituto Superior de Arte. Claudia es una de las profesoras tras la Compañía Infantil La Colmenita. Sin embargo, en tiempos de pandemia, ellas se quedan en casa. Tienen algo en común: están embarazadas. Como muchas otras, lidian con las diversas consecuencias del virus que se extiende por el mundo. No están enfermas, pero la COVID-19 agrega ansiedades a una etapa que exige cuidados específicos.

El nuevo coronavirus afecta a mujeres y hombres de manera distinta. Estadísticas preliminares muestran que, aunque ambos sexos se contagian por igual, ellos tienen una tasa de mortalidad algo mayor. Sin embargo, el impacto social es -y será- mucho más marcado para las mujeres. Así lo confirmaron las investigadoras británicas Rosemary Morgan, Clare Wenham y Julia Smith, en un estudio publicado en la revista científica The Lancet.

Según el Fondo de Población de la Naciones Unidas (UNFPA), “las pandemias empeoran las desigualdades de género ya existentes para las mujeres y las niñas, y pueden afectar la forma en que reciben tratamiento y cuidado”.

Las cuarentenas y medidas de aislamiento social, adoptadas en muchos países para mitigar el ritmo de contagio de la enfermedad, intensifican el riesgo de violencia doméstica. También aumentan la carga de trabajo en el hogar y los cuidados a grupos dependientes, que todavía recaen mayoritariamente sobre las mujeres.

En paralelo, advierte UNFPA, la actual crisis sanitaria afecta gravemente el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva. Si se desvían recursos de estas áreas y las líneas de abastecimiento de productos relacionados comienzan a fallar, los riesgos para ellas aumentan inevitablemente.

“Aquellas que se encuentran embarazadas, temen por su salud a la hora de asistir a controles o se quedan sin servicios. Los Gobiernos no pueden abandonar a las mujeres en medio de la emergencia”, dijo la organización en su último documento de orientación sobre el tema.

No es la primera vez que esto sucede. Entre 2014 y 2016, durante la epidemia de ébola en África Occidental, Sierra Leona derivó a la atención de aquella enfermedad los recursos que se destinaban a la salud sexual y reproductiva. Las consecuencias fueron casi inmediatas: el aumento de la mortalidad femenina durante el parto y el embarazo.

Tanto los servicios como los productos de este tipo suelen ser obviados o relegados en situaciones de crisis epidemiológica. Pero las mujeres siguen necesitando planificación familiar, acceso al aborto seguro y legal, suministros sanitarios menstruales y atención de la salud materna y el parto.

En las últimas semanas los casos confirmados de COVID-19 crecieron a ritmo vertiginoso. En varios países el sistema de salud ha colapsado, al punto de necesitar ayuda del exterior. Han estado obligados a volcar personal y recursos hacia servicios de cuidados críticos, en perjuicio de otras áreas de atención.

En este contexto, UNFPA recomendó tomar medidas de control de la infección para proteger a mujeres en unidades de salud prenatal, neonatal y materna; asegurar que las embarazadas accedan a información fiable y atención de calidad y considerar a las futuras madres un grupo prioritario y vulnerable a la hora de recibir el tratamiento. Sin embargo, en medio del caos sanitario que viven varias naciones, las mujeres en período de gestación siguen esperando respuestas y soluciones.

Cuba, la otra cara de la moneda

Isabel Cristina López Hamze escribe con orgullo evidente sobre el consultorio médico 7 del Policlínico Plaza, donde tres doctoras y dos enfermeras atienden sistemáticamente sus 30 semanas de embarazo de riesgo. En su cuenta de Facebook lo llama “el consultorio estrella”. Relata las idas y venidas de cinco mujeres que entienden las esencias de la atención primaria, las cumplen con precisión y, además, trascienden el cuidado médico para ayudar a los pacientes en los mil y un asuntos de la vida cotidiana.

“Este es mi segundo embarazo y siempre me he sentido privilegiada en las atenciones médicas, es por eso que me siento protegida, sobre todo por mi doctora de la familia que es excelente, las dos jóvenes doctoras que también trabajan en mi consultorio y las dos enfermeras”, responde cuando le pregunto sobre sus preocupaciones en tiempos de coronavirus.

En Cuba, gracias al Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) y al sistema de atención primaria sobre el que se sostiene, los cuidados a embarazadas y lactantes están garantizados. Aunque algunos consultorios y policlínicos funcionan mejor que otros, todas las futuras madres reciben seguimiento durante el embarazo y los recién nacidos, hasta el primer año de vida.

En medio de la situación generada por el nuevo coronavirus, el Ministerio de Salud Pública (Minsap) trabaja para asegurar los servicios de salud sexual y reproductiva. El ministro José Ángel Portal Miranda informó que, a pesar de las medidas tomadas para disminuir los servicios asistenciales, se mantienen todas las consultas de la atención materno infantil. “Las embarazadas tienen un respaldo en sus cuidados, y están establecidos los protocolos para ellas en caso de que alguna pueda enfermarse”, declaró.

Para Isabel, el incremento de casos confirmados con la COVID-19 en el país no ha cambiado nada en la atención médica que recibe como embarazada. De hecho, por su condición de riesgo, empezará a tener consultas de seguimiento en casa.

“Hasta ahora, las atenciones en mi consultorio y policlínico han sido igual de buenas. Los análisis de laboratorio están priorizados sólo para casos especiales y embarazadas. Los ultrasonidos y las consultas se han mantenido sistemáticamente. En la última, el sábado de la semana pasada, mi doctora me informó que, a partir de ahora, las consultas de rutina serán en mi casa”, me explicó.

Claudia Alvariño Díaz y Leslie Abello Viera, con 34 semanas de embarazo una y apenas 12 la otra, coinciden. La primera comparte sus consultas entre el consultorio y el hospital Ramón González Coro y confirma que, en la actual circunstancia, el seguimiento médico es igual o con mayor preocupación. Leslie, por su parte, solo tuvo que posponer una consulta de estomatología en el policlínico Luis Pasteur de 10 de Octubre donde se atiende.

La realidad de estas tres mujeres apunta hacia un sistema de atención materno infantil que continúa funcionando a pesar de las condiciones impuestas por la COVID-19 en la nación. Pero, esta situación puede mantenerse varias semanas o incluso, tender a empeorar. Urge, más que nunca, confirmar la efectividad de estos procesos en todas las áreas de salud y, sobre todo, en aquellos lugares donde se reporta mayor concentración de casos positivos. En días de pandemia, todos los consultorios necesitan parecerse al de Isabel.  

Más allá del sistema médico que las protege, Claudia, Leslie e Isabel se preocupan por las múltiples consecuencias y modificaciones que la amenaza del coronavirus trae a su vida diaria y a las de otras como ellas. Sus inquietudes, y las de algunos comentaristas de este sitio, dan cuenta de algunos desafíos en la atención que este grupo vulnerable debe recibir, no solo desde el Minsap, en los tiempos que corren.

Según Portales, la mejor medicina para las embarazadas es cuidarse, evitar el contacto con personas de riesgo y no salir de casa, salvo por requerimientos médicos. Sin embargo, cumplir estas medidas a plenitud no siempre es sencillo.

Para Leslie, una de las principales preocupaciones es el peligro al que se expone cada vez que asiste a las consultas de rutina, análisis y ultrasonidos, donde coincide con enfermos potenciales. En su opinión, las condiciones actuales ameritan que las mujeres en períodos de gestación sean atendidas en casa.

Realizar las consultas de rutina en el hogar, a partir de visitas del personal de salud de cada área, es una alternativa a valorar para incrementar la seguridad de este grupo de mujeres. Otras soluciones podrían apuntar hacia un sistema de transportación para embarazadas entre la casa y los centros de salud, sobre todo en casos de urgencia.

En paralelo, las dificultades para acceder a aseguramientos, comida y aseo sin hacer largas colas o trasladarse largas distancias, condicionan también la protección de este grupo poblacional. El período de gestación, además, suele exigir dietas específicas y mayor higiene.

Facilitar la compra de productos de aseos para las futuras madres y bebés por nacer y reforzar la dieta que reciben de manera normada, incluso para aquellas que no cumplen la cantidad de semanas mínimas que se exigen en estos casos, son algunas medidas para tener en cuenta.

Además, opina Isabel, se pudiera realizar una pesquisa para ubicar a embarazadas solas con niños o ancianos y establecer sistemas de apoyo para ellas. “Creo que esas son las más vulnerables, pues ellas mismas tienen que salir de casa para hacer las compras necesarias. Los trabajadores sociales de la comunidad pueden ayudarlas o crear un sistema de vecinos que las auxilien en el caso de que deban salir de casa”, explica.

La situación de la COVID-19 en el país hace necesario articular un sistema de medidas que proteja de forma específica a las trabajadoras embarazadas. Tanto a las que lo hacen para el sistema estatal y necesitan ser enviadas a casa con una definición clara de su situación e ingresos, como a las que laboran en el sector privado y en las circunstancias actuales pudieran quedar desprotegidas.

A estas tres embarazadas, al fin y al cabo, ciudadanas, les inquieta también el correcto cumplimiento de las medidas que toma el Gobierno en todos los niveles de la sociedad. “Me preocupa la poca conciencia que existe todavía sobre el virus. Y que la percepción de riesgo no está arraigada en todos los cubanos. Desearía que las medidas de control fueran más rigurosas y estrictas para que todos nos quedemos en casa”, dice Claudia.

Tras sus palabras se esconde el gran desafío. La protección efectiva a las embarazadas y otros grupos vulnerables ante la COVID-19 es un trabajo en equipo. Depende del trabajo del Gobierno, del personal médico, de las instituciones y centros de trabajo, de las organizaciones, de la gente, de todos. Y es una urgencia.


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