Dom, 28 febrero 2021

“La muerte siempre nos sorprende”

Cada vez que tiene lugar un entierro en la localidad de Manicaragua los familiares del difunto acuden a Salvador Cuba Díaz, un sepulturero con casi 50 años de experiencia. Cubita, como lo llaman todos, es prácticamente la imagen del cementerio.
A sus 85 años de edad Cubita sigue vagando alrededor de las casas blancas, como las llama él, donde se encuentran grandes amigos, hermanos, padres y hasta un hijo que la muerte le arrebató.

Después de subir los primeros escalones de este santuario, siempre encontramos a Salvador para ofrecer a los visitantes un cordial saludo o el sentido pésame si se trata de un fallecimiento.

¿Hace cuánto tiempo trabaja en el cementerio como sepulturero?

«Trabajé primero en los consejos populares de Mataguá, Seibabo, Güinía, El Hoyo; y luego me ubicaron aquí donde laboré 29 años hasta retirarme. Luego he seguido brindando servicios como un trabajador más cada vez que me necesitan».

¿Recuerda alguna sepultura en particular?

«Todas han sido difíciles y muy trabajosas, pero los entierros de amigos siempre los recuerdo. He lidiado con el sufrimiento de sus viudas e hijos. Estas situaciones me hacen reflexionar sobre la vida y muchas veces pienso que son un reflejo de lo venidero para mí». 

Siempre resulta complicado enterrar a un amigo o conocido, pero aún más difícil es enterrar a un familiar cercano…

«Sí (comentó triste). En 2001 cavé la tumba de uno de mis hijos. Falleció por el impacto de un rayo un día de mucha tempestad. Cuando lo sepulté fue una experiencia nefasta porque nunca un padre se imagina observar la muerte de su hijo».

«Pero a la vez, fue consolador ser la última persona que acomodara su cuerpo antes de sellarlo a unos metros bajo tierra. También enterré a mi padre, mi madrasta, un bisabuelo y a tres de mis hermanos, y hace un mes falleció mi hermano más pequeño». 

¿Practica algún rito en especial al visitar la tumba de sus seres queridos?

«Cuando cumple aniversario mi hijo de fallecido llevo a su panteón, además de las flores, una taza de café y algunos cigarros porque ambas vicios eran de su gusto. No lo considero un rito pero lo hago como una costumbre cada año. A veces también converso con él mientras fumo uno de los cigarros».   

¿Cómo ve la muerte Salvador Cuba?

«La muerte dondequiera que uno esté te sorprende. Ser sepulturero lo comparo con cualquier persona que trabaje en un hospital. Aquí en el cementerio al igual que en un centro médico, vemos todo tipo de casos que debemos superar. Definiría la muerte con una frase: “la muerte siempre nos sorprende”. A pesar de todo la enfrento cada vez que entierro a otro ser humano y me resigno a que un día pasaré por sus manos».

A sus 85 años de edad Cubita sigue vagando alrededor de las casas blancas, como las llama él, donde se encuentran grandes amigos, hermanos, padres y hasta un hijo que la muerte le arrebató. Más que todo, este cementerio de Manicaragua ha sido su segunda casa y conoce la gran mayoría de sus habitantes, a pesar de no acordarse de todos, por el lógico paso del tiempo.

Muchas personas mencionan su nombre para referirse al sepulturero más longevo de todo el municipio. Cubita ha dejado su cariño y atención impregnado en cada cadáver para que un día sean devueltos cuando llegue la hora de su último adiós.


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