Jue, 25 febrero 2021

Alta afectación por la COVID-19 en edades pediátricas en Villa Clara

El incremento de casos de COVID-19 en las edades pediátricas hace de Villa Clara una de las provincias más afectadas en niños y adolescentes por la trasmisión del Sarv-CoV-2, en al actual rebrote que sufre el país.

Padecen la enfermedad 21 niños, de ellos seis menores de un año, para ubicarse entre los territorios cubanos con mayor cantidad de lactantes infestados, declaró a CMHW Yandry Alfonso Chang, jefe del Programa Materno Infantil en la provincia.  

En la última semana se observa una tendencia al aumento de casos  positivos en pequeños por debajo de cinco años, a lo que se suman cinco gestantes, subrayó.

Convocó a la población al incremento en el cuidado de niños y adolescentes, así como también de las embarazadas con el estricto cumplimiento de las medidas sanitarias del uso del nasobuco, el frecuente lavado de manos y la permanencia en el hogar.

Significó las secuelas cardiovasculares y sicológicas, entre otras, que deja el padecimiento en las edades pediátricas, amén de complicaciones durante la enfermedad.

Informó sobre una niña de cinco años, de Manicaragua, en estado grave estable en el hospital militar Comandante Manuel Fajardo, de la provincia, que despertó el interés colectivo por su salud y está en espera del PCR  negativo para su traslado  a la instalación sanitaria pediátrica José Luis Miranda, de Santa Clara.

Gretza Sánchez Padrón, directora de Salud en Villa Clara, llamó a redoblar la vigilancia y el control, por un alto riesgo de la trasmisión del coronavirus , no obstante la disminución de casos en los últimos tres días, hoy con cuatro en la provincia.  

Subrayó que ese fortalecimiento de las medidas recibe el apoyo de los estudiantes de la Universidad Médica Serafín Ruiz de Zarate, en la realización de pesquisas en sus lugares de residencia./Luz María Martínez Zelada.

Quien vive con niños, que los cuide más

La manera menos costosa y más efectiva para enfrentar la pandemia es no exponernos ni enfermarnos. Los adultos podemos cumplir las medidas recomendadas pero los menores dependen de nosotros.

¿Cuán leve suele ser la COVID-19 en los niños? Desde que se notificó el pasado 11 de marzo el primer caso de la enfermedad en el país, la investigación realizada a partir de las vivencias en otras naciones arrojaba que en pacientes con edad pediátrica el riesgo no era tan significativo como en las personas de la tercera edad. Pero ello no quiere decir que no exista.

La jefa del Grupo Nacional de Pediatría, Lisette del Rosario López González, miembro del Grupo de Expertos de la COVID-19 del Ministerio de Salud Pública, enfatiza en que, aun cuando la evolución de la mayoría de los casos presentados en menores ha sido favorable, no se puede ignorar que el curso de la enfermedad puede complicarse en aquellos que padezcan enfermedades crónicas, por ejemplo, y que se pueden quedar secuelas imborrables.

Cuatro infantes se encuentran en estado grave y uno crítico por estos días de casi 300 casos registrados en pacientes menores de 18 años, precisa, «y eso solo pone en duda, entonces, el rol de la familia, pues en el hogar es donde comienza la cadena de prevención, única vía para vencer la pandemia».

Urge proteger a los menores

Como asegura López González los menores, al igual que sucede con los adultos, pueden infectarse y además, transmitir el virus. Por ello, no por reiterativo deja de tener valor el llamado de atención a la población sobre la necesidad de proteger a los menores de un posible contagio, acotó.

«En la primera ola pandémica, nos enfrentábamos a una enfermedad a partir de lo que podíamos leer y escuchar de las vivencias de otros países, y desde entonces, ya el Minsap, la Sociedad Cubana de Pediatría y el Grupo Nacional de esta especialidad, quiso proteger a la infancia, aunque se decía que no era la población más afectada. Nos preparamos para eso, y sé que la familia también lo hizo».

Agrega la especialista que, tras la segunda ola pandémica, aumentó el número de pacientes con edad pediátrica que aparece en la lista de los casos confirmados o de los contactos. «En menos tiempo, teníamos más pacientes de esas edades, y eso fue preocupante.

«Aunque la evolución ha sido satisfactoria y los pacientes han mostrado una adecuada adherencia a los protocolos, puestos en vigor sobre la marcha, no es menos cierto que se hizo evidente cierta despreocupación de la familia. Es lo único que pueden explicar las estadísticas…».

López González señala que en las consultas de Puericultura que se organizan en la comunidad se encuentra el escenario perfecto para la prevención, antes de necesitar el eslabón terapéutico de la gran cadena. Luego, es en la comunidad justamente donde se reinserta el convaleciente.

«Afecciones cardiovasculares, pulmonares y, sobre todo, sicológicas, se han registrado en pacientes pediátricos, incluso, en aquellos declarados como sanos con anterioridad. Continuamos con los estudios que nos permitirán arribar a más conclusiones. Pero, ya tenemos de qué preocuparnos, ¿no creen?

«La COVID-19 es una enfermedad viral y su impacto en la esfera síquica es inmenso, sin contar las afecciones silentes que en cualquiera de los órganos del paciente puede ocasionar. Lógicamente, no queremos que un niño o adolescente pase por eso», señaló.

Vivir con responsabilidad

La familia tiene que proteger a los menores. Los lactantes dependen íntegramente de sus padres, quienes deben comprender que el nuevo código de vida empieza en el hogar.

Según la Jefa del Grupo Nacional de Pediatría «asombra reportar en esta tercera ola pandémica un incremento marcado de niños menores de un año positivos a la enfermedad, cuando se supone que a esa edad están menos expuestos a los riesgos epidemiológicos.

«Esos niños requieren de una estimulación social y familiar porque están en proceso de desarrollo, pero esa interacción debe respetar los nuevos códigos de vida. Cada familia debe interiorizar que la bioseguridad doméstica es la clave importante para cortar las cadenas de transmisión, y aunque los mensajes parezcan iguales, para los pediatras los matices han variado», destaca.

Cada ola ha dejado enseñanzas, y la más importante, quizá de esta, es que se tiene la certeza de que los niños y los jóvenes se enferman, y un porciento considerable de ellos puede evolucionar tórpidamente, asevera López González.

«Debemos vivir con responsabilidad en el nuevo escenario. Nuestro país necesita que su población sea saludable, y solo será posible si respetamos las medidas sanitarias. La COVID-19 es una enfermedad biosicosocial, que depende de la integración multisectorial, pero ante todo, depende de la familia. La manera menos costosa y más efectiva para enfrentar la pandemia es no exponernos y no enfermarnos. Los adultos podemos cumplir las medidas pero los menores dependen de nosotros».

Una evaluación cardiovascular

Villa Clara es la provincia pionera en disponer de una evaluación cardiovascular a niños que fueron positivos por la COVID-19. La investigación, liderada por la especialista de primer y segundo grados en Pediatría, Lisset Ley Vega, y de 2do. en Cardiología, tomó como muestra a 36 menores, incluso uno con menos de un año de nacido.

Veinte de ellos permanecían asintomáticos. Ello demuestra un peligro potencial al tener el virus, no manifestar síntomas, y transmitir la enfermedad a otras personas.

Cinco de los más de 30 estudiados presentaron complicaciones cardiovasculares ejemplificadas en la miocarditis o alteraciones en el músculo cardíaco, y de pericarditis, consta en el estudio.

La familia debe respetar con rigor las medidas, las que incluyen el lavado de las manos, el uso del nasobuco, la necesidad de mantener el distanciamiento social, mantener la lactancia materna en el caso de los pequeños, y asistir al médico ante cualquier síntomas que se asemeje a un catarro o cuadro digestivo ante las agravantes generadas por el virus.


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