Jue, 21 enero 2021

Mariana, inextinguible, en la altura de Cuba

Madre Patria, palma erguida, orgullo de Cuba, tan virtuoso tronco cargado de leyendas, de amores y desvelos en la manigua mambisa, que vuelve floreciendo Marianas de luminosas hazañas en azarosos tiempos, a la par del hombre que la contempla y admira con el corazón a galope.

Madre Patria, palma erguida, orgullo de Cuba, tan virtuoso tronco cargado de leyendas, de amores y desvelos en la manigua mambisa, que vuelve floreciendo Marianas de luminosas hazañas en azarosos tiempos, a la par del hombre que la contempla y admira con el corazón a galope.

«¿Qué había en esa mujer –se preguntaba el Apóstol José Martí al evocar a Mariana Grajales Cuello–, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida que cuando se escribe de ella es como desde la raíz del alma?».

Porque ella era todo empeño, un torbellino en principios que lleva a los hijos (hombres, mujeres y adolescentes) a la lucha por la independencia, cura al herido de su prole y al desconocido con igual dulzura, y es la admiración de todos, el agua cristalina del río, un lucero inextinguible en lo más alto del monte.

Fue tanta su entereza que, establecida en Jamaica al concluir la contienda de los Diez Años, continuó con sus ideas y su ejemplo inspirando a la causa revolucionaria, hasta fallecer el 27 de noviembre de 1893, en Kingston.

Con razón fueron Marianas aquellas que el Comandante en Jefe Fidel Castro integró en un pelotón rebelde de insuperable valor en la guerra, y las que combatieron en Angola y otras tierras. Lo son las que transforman el surco en alimentos, las consagradas maestras y esas corajudas que en la zona roja ahora desafían a la COVID-19.

Así, ayer y hoy, el propio Fidel las enalteció en la figura de la Madre de los Maceo cuando expresó: «Aquí no solo luchan los hombres; aquí, como los hombres, luchan las mujeres. Y no es nuevo, ya la historia nos hablaba de grandes mujeres en nuestras luchas por la independencia, y una de ellas las simboliza a todas: Mariana Grajales».

Traídos a Cuba 30 años después de su deceso, los restos de la extraordinaria cubana cobran vida en el sendero de los fundadores de la nación del cementerio patrimonial Santa Ifigenia, donde conspira con Céspedes, Martí y Fidel para, con la vigencia de sus ideas y de su obra, seguir defendiendo a la patria.


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