Mié, 24 febrero 2021

Cuba despide a Eusebio Leal: Mañana seguirá andando su ciudad

Silencio. Eusebio vuelve al Salón de los Pasos Perdidos. El Himno Nacional lo acompaña. Una pequeña caja guarda sus cenizas. Y una imagen lo eterniza a él, con los ojos cerrados, besando la bandera. Bajo la cúpula del Capitolio descansa el hombre más leal que ha tenido La Habana y la enseña nacional lleva un lazo negro, de luto.

Dijo Fina García Marruz que cuando los hombres lo olviden, todavía lo recordarán las piedras. ¿Quién podrá olvidarte, Eusebio, si hoy mismo –ahora– te volvimos a ver? Si la gente pasa y llora, se persigna y te dice “hasta pronto”.

Hubo una anciana que escondió una lágrima, otro niño bajó la cabeza, y un señor –vestido de camisa y pantalón oscuros– te levantó el pulgar, como se le hace a los campeones.

“Tú, aun cuando lo amado no siempre te ha correspondido, contra viento y marea has continuado amando. Y lo mejor es que has sabido hacerlo dejando fuera lo banal, maravilla cada vez más extraña”, escribió Silvio cuando Eusebio aún vivía.

Al conocer la muerte del historiador de La Habana, el 31 de julio último, comentó: “Con su partida nos quedamos más huérfanos de mujeres y hombres patriotas y revolucionarios que no sienten ni actúan por esquemas prefabricados”.

Quizás ahí es donde habita Leal, en la grandeza de amar y proscribir los odios, en construir y soñar. Por eso se ha guiado –dijo–, por tener un alto componente de sueños y tratar de poner un poco de locura en la cordura.

Muchos niños dejaron un rato las aulas para despedir y rendir tributo a Eusebio, como el pueblo llamaba a Leal. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Entre los miles de cubanos que le rindieron tributo a Eusebio Leal este jueves en el Capitolio Nacional, estuvo el cantautor Amaury Pérez.

“La muerte solo habita en el olvido y yo no lo olvido ni un solo día de mi vida. Todavía recuerdo cuando se fue a despedir. Estuvo en la casa con mi esposa y conmigo. Lloramos mucho. Sabíamos que él había hecho su última salida del hospital para ir a nuestra casa, a que yo le pusiera un par de canciones con las que se quería ir a volar”, cuenta.

Dice Amaury que Eusebio quiso escuchar Juego de amor, de José María Vitier, y uno puede imaginarlo tarareando, como le encantaba hacer: “Tan solo en ti, yo descubrí la sensación que amar es transformar la vida en juego”.

También cantaron, aquella última vez, Cuando un ángel cae, “una canción que le escribí a mi papá, y recuerdo que Eusebio me dijo: ‘Un día me la vas a cantar a mí, cuando mi ángel caiga’”. Hasta que llegó aquel triste 31 de julio y todo se puso oscuro, se ausentaron las ventanas y decayó el aliento.

Una pequeña caja guarda sus cenizas este 17 de diciembre, justo frente a la estatua de la República.

A Amaury se le quiebra la voz cuando dice: “En cuanto vi esa pequeña cajita de madera, pensé cuánta humanidad, cuánta luz, cuánto resplandor había allí adentro. Pero no es posible. Eusebio no cabe ahí. Entonces decidí ponerlo en una cajita más chiquita todavía, una que tengo en el medio del pecho”.

Eusebio queda en la memoria de los cubanos, querido y admirado, dejando un legado de ética, cultura y cubanía. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

Carlos Alberto Cremata: Eusebio, háblame, que te necesito

“Vine a abrazar a un familiar, un ser querido. Sé que no es solo nuestro, de la Colmenita solamente, sino de la Patria entera. Estuvo muy cerquita de nosotros, todo el tiempo, como hacen los padres amantísimos. En los momentos más difíciles de mi vida y de la Colmenita, estaba en un primer plano Fidel, abrazado de Leal. A ese punto lo queremos, lo vamos a extrañar y lo seguiremos buscando para que nos aliente y guíe.

“Vine a decirle: ‘Eusebio, háblame, que te necesito’. Así me va a pasar siempre, como cuando hablo de mi papá, mi mamá o de Fidel. Eusebio está demasiado adentro de mi corazón, de mi alma. Es uno de los cubanos que más tenemos que agradecer a esta tierra.

“Desde su infancia humilde, desde su autodidactismo, desde su espíritu de crecimiento, es un ejemplo tan grande y fue un hombre tan bueno, que se de todo. Son tantos momentos en que lloramos juntos, cantamos juntos, nos confesamos hasta amores. Es como un familiar, de esos que se convierten en ‘tu sangre’”.

El homenaje es sentido, porque Eusebio quedó muy adentro en el alma de la nación cubana. Foto: Gabriel Guerra Bianchini.

Antonio Guerrero: Eusebio es de los hombres que perduran

“No podemos pensar que la oportunidad que tuvimos de estrechar una relación personal con él sea diferente a lo que sienten cada uno de los cubanos que pasan por aquí y sienten a Eusebio en su corazón. Y lo sienten porque fue leal, un cubano intachable que supo cumplir con su palabra, demostrar que muchas cosas que parecían imposibles son posibles.

“Además, nos enseñó la historia de este país con una elocuencia, claridad y visión extraordinarias. Era capaz de abordar cualquier tema con la profundidad más inmensa  que un ser humano puede tener. Eso nos hizo a Eusebio muy querido y admirado”.

“Hoy no venimos a decirle adiós, ni a despedirnos de él, porque Eusebio va a estar por siglos con nosotros. La obra que hizo lo hace inmortal. Hay hombres que perduran y Eusebio en este pueblo tendrá siempre ese espacio, esa virtud, como la dijo Martí: ‘La muerte no es verdad cuando se ha cumplido la obra de la vida’”.

Eusebio solo aspiró a ser útil y, cual visceral martiano, creyó en la utilidad de la virtud. Y la predicó siempre. Cometió errores en la búsqueda de su propio camino, dijo. “Yo creo que al final lo encontré, y que esa luz que veo ahora, ahí, en medio de las tinieblas del ocaso, es finalmente el camino”.

Silencio. Eusebio duerme. Leal descansa. Mañana volverá, como lo ha hecho siempre, a andar La Habana.


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